Acerca del largometraje de José Celestino Campusano

Sobre Fango

Acerca del largometraje de José Celestino Campusano

Primero, agradecer al Cineclub Marienbad por la posibilidad de conocer a la obra de un director con nombre de jugador de fútbol de la década del setenta: José Celestino Campusano. Luego, aclarar que si escribo esta reseña es porque la película que la motiva me sedujo, me gustó y me dejó pensando. Por eso si no la viste, te la recomiendo. Y recién después la seguimos. Ahora, a los bifes.

Lo que más me gustó de FANGO es que cada personaje tiene un código moral propio. Algunos, como el Brujo, parecen conscientes del mismo y tal vez lo encontraron mediante diálogos e introspecciones. Otros parecen haber aprendido de límites a la fuerza, aunque no hayan pronunciado en su vida la palabra moral. Pero no hay dos personajes iguales. No hay buenos ni malos.

¿Y acaso hay dos personas iguales? ¿Hay buenos o malos fuera de la abstracción de los cerebros ansiosos y perezosos para encontrar palabras más precisas?

Me llamó la atención que casi ningún plano de la película carece de acción. Poco de paisajes sin gente, nada de tomas de mera contextualización. El tipo va a lo que le importa y aún así, se toma su tiempo. Primero nos hace preguntarnos ‘¿quién es esté?’ Luego nos invita a acompañarlo y conocerlo. Luego, otro personaje. Y otro. Y cuando se encuentran, imaginamos lo que puede llegar a pasar entre los ellos. Y a veces querrías que no pase eso que pensás que va a pasar.

Y pasa.

Cuando acompañamos al Brujo y el Indio a reclutar otros instrumentistas, a intentar tentarlos con algo más que con plata y ganarse su respeto, me hacen acordar a personajes de Jarmusch y Aki Kaurismäki, directores que también pueden ver gracia donde muchos solo ven peligro.

Natalia me hace acordar un poco a Rosetta y aún así, todos ellos siguen únicos e irrepetibles, ya que están inspirados en la experiencia y observación de alguien que vivió mucho tiempo en algún barrio sin dios del conurbano bonaerense. Y allí, como en cualquier lugar, viven personas únicas e irrepetibles. El tema es detenerse a mirarlas. Porque si hace mucho que no pensás en tango ni en duelos y creés que solo existen en memorias románticas, te equivocaste como yo. No tenés necesidad de hacer una película de época. Buscalos a la vuelta de la esquina o en el patio de alguna casa de ladrillo y revoque a la vista, que son casas más transparentes.

El director le da a cada personaje la oportunidad de expresar sus valores en acciones y en diálogos (que son un tipo de acciones), dejando en claro que cualquier acto tiene una causa y puede ser rastrada. siempre y cuando nos hagamos las preguntas necesarias. Decir locura, decir maldad, decir amoralidad es de perezosos o sabelotodos, al menos en esta película. Si se llega a las piñas o a las armas, puede ser por odio, por resentimiento, por cálculo, por obsecuencia e incluso por amor, por lealtad, por inocencia y también por cobardía. Y nunca por una sola causa. Para pelear se necesitan por lo menos dos.

Me encantaría leer una historieta en la que me cuente las andanzas previas y posteriores de estos y otros personajes bonaerenses. En FANGO., aunque el director sea quien los observa, los entiende y los presenta — e incluso aunque los juzgue—, le deja el veredicto a los espectadores. Y cada cual se identificará más con uno o con otro. Yo, un poquito con cada uno, pero sobre todo con Natalia.

¿Vos con cual? ¿Por qué?

Publicación: Mayo 2015
José Celestino Campusano Cineclub Marienbad