Dialogamos con el crítico y programador

Entrevista a Roger Alan Koza

Entrevista a Roger Alan Koza

Una de las razones por las que más nos satisface participar como cinéfilos en un festival de cine, es dialogar con otros cinéfilos. Y en ocasión del 14° BAFICI, pudimos conversar con Roger Alan Koza quien, para llegar a ser crítico, no se nutrió solamente de films y textos que hablaran sobre ellos. Una inmensidad de situaciones nos constituyen como seres humanos. A través de su mirada crítica y apasionada, nos vislumbramos ante cada una de sus respuestas, ya sea sobre el BAFICI, el cineclubismo, los festivales online o bien sobre su formación filosófica, musical. 

Sebastián Santillán: Una de las razones por la que deseábamos charlar con vos, es que te desempeñás en múltiples y variadas áreas del pensamiento del cine: sos docente, programador de festivales, cineclubista, crítico de cine, escribís para un medio masivo como La Voz del Interior y también tenés tu blog Con los ojos abiertos, donde desarrollás una crítica diferente. Entre tantas facetas, ¿vos cómo te definirías?

Roger Alan Koza: No sé cómo definirme exactamente, pero definitivamente el cine atraviesa mi vida. La relación que tengo con el cine la vivo como un vínculo casi religioso, pero secular. Tengo una impresión materialista, en el sentido filosófico, de que el cine es una religión posible. Esto no significa que sea un soldado con objetivos misioneros por las películas, pero sí que tengo un sentido de responsabilidad tanto a la hora de escribir, a la hora de programar, a la hora de dar visibilidad a las películas y al momento de plantear cuestiones respecto del cine respecto del mundo.

Todos estos son distintos ámbitos de trabajo que en algún sentido para mí son compatibles. Me he formado desde el cineclubismo, desde la periferia, no desde el centro. Al menos la parte más importante de mi formación es una “formación en formación”. Una de las cosas más bellas del concepto del work in progress es pensar la formación más allá de las obras, uno como cinéfilo es siempre un sujeto en formación, no importa que hace veinte años estés en eso.

Puedo establecer un punto visible de aprendizaje, que es el cineclub. E incluso antes del cineclub, programé en una comunidad neohippie, en la cual viví en otra vida, cuando tenía 20 años. Allí empecé a programar y escribir. Escribía en una comunidad educativa, para una revista que se llamaba La Quinta. Se vivía en la naturaleza y allí empecé a escribir crítica de cine y a programar para un programa de educación permanente, en el cual los viernes había una película con discusión posterior. Esa fue la genealogía de una pasión, un oficio y una profesión.

Geraldine Salles Kobilanski: En esos momentos en que estabas en la comunidad, ¿ya entendías al cine como una especie de religión?

Roger Alan Koza: No. En ese momento yo estudiaba filosofía en la Universidad de Córdoba. Y me di cuenta que en todos los escritos que presentaba, en todo lo que hacía en la universidad, siempre ponía algún ejemplo cinematográfico. Después me fui dando cuenta de esto que dije. En algún momento me gustaron mucho las lecturas de Michel Foucault,  de su última etapa, con toda la idea de “la inquietud de sí” y la de constituir un modo de existencia que sería, en el sentido de Foucault, un acto estético. Una operación estética del sujeto respecto a sí mismo.

Empecé a realizar esas conexiones cuando en un curso que di, intenté relacionar el famoso texto de los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola con los textos de Foucault. A raíz de esto, leíamos Perseverancia de Serge Daney, que para mí literalmente es una suerte de Biblia. Cuando uno lee la biografía de Daney, siente cómo él atraviesa su vida a través del cine y los viajes. Esa modalidad de experiencia es lo que yo denomino una experiencia religiosa.

Luego lo que siento es que el cine realmente permite rediseñar la mirada, la percepción, nuestra relación con el cuerpo, con el mundo, con nosotros mismos. De ahí planteo una segunda instancia que tiene más que ver con la responsabilidad. Siento que hacer partícipe a otros de esa posibilidad es parte de la responsabilidad. Naturalmente no me voy a poner a luchar para que se vea Los Vengadores, pero sí para que se vea Tabú de Miguel Gomes y que sea una experiencia accesible.

Pero volviendo hacia atrás, me empecé a formar en la comunidad, luego comencé con los cineclubes, en el año 2000. Llegué a tener cuatro cineclubes. Tenía un auto que era una especie de cine móvil, donde llevaba el proyector, la pantalla y dos equipos de sonido. Llegué a proyectar en VHS, luego pasé al DVD y en la actualidad trato de proyectar en Blu-ray.

Nunca pasé películas bajadas, siempre pasé películas compradas, una especie de fantasía de screening fee, pagarle algo a alguien, sea quien sea. Se me ha hecho muchas veces muy difícil porque paso material que es complejo de conseguir.

De los cineclubes pasé a la crítica. Recién me mostrabas (Sebastián) un ejemplar de Con los ojos abiertos, un libro que publiqué en 2004. De alguna forma publicarlo fue una especie de exorcismo a la experiencia previa comunitaria. Lo escribí aproximadamente entre 2000 y 2002, y me significó tomar la decisión de realizar crítica cinematográfica. No fue escrito como libro, pero luego lo fui organizando como tal.

Aquel fue un momento muy difícil para mí, no tenía prácticamente trabajo, estaba quebrado económicamente, todo mal. Entonces escribir fue un acto de fe. Organizarlo, corregirlo, ordenarlo, publicarlo. Y para ese entonces conseguí mi primer trabajo relativamente concreto relacionado con la crítica, en un diario muy pequeño de Córdoba llamado Comercio y Justicia, una publicación recuperada por los obreros. Ahí se había lanzado un suplemento cultural en el cual empecé a escribir. Recuerdo que iba como un niño todos los jueves a buscar el suplemento, donde aparecía esa columna pequeñita con mi foto, ¡muy absurda, con todos los pelos despeinados!

Pero en el 2006 se cerró esa publicación cultural dentro del diario. Estaba en el BAFICI y me había quedado sin trabajo de nuevo. En realidad no me pagaban nada, pero era un lugar de visibilidad. Entonces escribí una carta a La Voz del Interior, donde les contaba que me encantaría escribir en el diario. Habían publicado una reseña de mi libro en el diario, era la forma en que me conocían. Y entonces me dijo que sí. Mi orgullo es que en todos los medios en que trabajé no tuve amigos antes de entrar, me fui ganando el lugar a partir de mi trabajo. Eso para mí es muy importante.

A la vez, en 2005 había ido de casualidad al Festival de Hamburgo en reemplazo de otra persona. Allí daban una película apócrifa de Adrián Caetano, Después del mar, que es realmente muy mala y de la que Caetano reniega, dice que simplemente lo contrataron para hacerla. Como no había presentador, me pidieron si podía hacer la presentación y el posterior Q&A con la protagonista. Lo hice, les cayó muy bien, y como dos días después tuvieron un inconveniente con Montxo Armendáriz, me tuve que encargar nuevamente del Q&A. Eso fue muy inesperado en Alemania, porque allá son muy agradables, pero se manejan teniendo todo muy pautado, les resulta muy raro tener que lidiar con situaciones no planificadas. Por esos gestos, unos seis meses después el director del festival me invitó a programar Hamburgo. Pasé, de no saber qué iba a hacer al mes siguiente, a que me invite a ir en mayo a Cannes para empezar a programar la sección de cine iberoamericano de Hamburgo.

Así es que empecé a programar, fui creciendo en eso, durante un año programé también para un festival en Israel. Y luego llegó un día que para mí fue glorioso, en el que recibí la invitación para programar FICUNAM. Tardé como ocho meses en dilucidar por qué me habían convocado, no tenía una respuesta clara. Y era porque alguien leía el blog, lo cual fue un enorme halago para mí.

Sebastián Santillán: ¿El blog cómo surgió? Son interesantes las diferencias entre los textos de La Voz del Interior y las publicadas en el blog.

Roger Alan Koza: Lo que hago en el blog es reunir todos los textos que escribo para todos lados, y algunos textos son exclusivos para el sitio. En líneas generales lo que hago es que cuando, escribo para La Voz del Interior, realizo una versión larga y luego me autocensuro en vistas a la publicación en el diario. Por ejemplo, si uso ciertas palabras que pueden generar malestar al editor, las cambio o las corto. Cuando empecé a escribir para La Voz, tenía como extensión entre 500 y 600 palabras, en la actualidad nunca me dan más de 350 palabras. Entonces dependiendo de la película escribo determinado texto y luego lo vuelvo a editar en el blog.

Lo que sí escribo especialmente para el blog, son las crónicas de festivales, en especial de Cannes, Hamburgo y Guadalajara, un festival al que ir me produce un enorme malestar, porque no tiene rumbo, se lo comió el mercado, que para mí es el mal de los festivales.  

En Cannes el escribir es como una obligación que me impongo, porque allí estoy trabajando para los alemanes, para los mexicanos y para La Voz del Interior, un triplete infernal. Tengo que cubrir no sólo películas de las secciones paralelas, sino también del mercado, lo cual implica estar viendo de seis a siete películas por día, llegar a casa a la 1AM, escribir de 2AM a 5AM, y a las 7:30AM despertarme para ver otras seis. Así estoy todo el festival y hay un momento en que me digo “¡basta! ¿para qué hago esto?”, pero eso solo es en Cannes, el resto del año puede ser más racional.

Sebastián Santillán: El FICUNAM, a pesar de su corta vida, siento que ya logró un gran prestigio. Entre los aspectos a destacar, puedo citar el catálogo. La ficha de cada película es una crítica firmada, en la que incluso se llega a cuestionar algún aspecto de la película, algo inédito para el género de escritura de catálogo de cine, que me asombró gratamente.

Roger Alan Koza: De eso se trata, esa es la idea del catálogo del festival. Siento que el festival arrancó muy bien. Recuerdo que cuando me llamaron ya estaba confirmada la participación de Apichatpong Weerasethakul, se había asegurado que iba a poder realizar la puesta de su instalación Primitive. Fue genial lo de Apichatpong, porque se pasó absolutamente todo, tanto los largos como los cortos, incluidos varios hechos con celular, además de la instalación.

Ese mismo año fue Jean Eustache completo. Y además se proyectó Artavazd Peleshyan completo, con el propio realizador presente, lo cual fue para mí un verdadero antes y después en mi carrera. Fue como recibirme.

Siempre tuve una relación muy problemática con la academia. Nunca terminé ninguna de las múltiples carreras que empecé, la que más cursé la dejé con la tesis colgada. Y preparar el trabajo sobre Peleshyan lo viví como eso. Esstudiar su teoría, entenderlo, luego encargarme de su masterclass me significó un esfuerzo inmenso que marcó un antes y después en mí.

Todo eso fue el primer año, en 2011. Este año tuvimos a Masao Adachi, que no puede salir de Japón, por lo que su masterclass fue por videoconferencia. Esa fue la gran retrospectiva de este año, junto con la de Peter Tscherkassky. Y, puedo adelantar, que hay un gran cineasta iraní que ha confirmado su presencia para la edición del 2013…

Sebastián Santillán: ¿Su apellido empieza con K?

Roger Alan Koza: Sí.

Sebastián Santillán: ¡Vamos sacando el pasaje entonces!

Roger Alan Koza: El festival efectivamente creció, tiene una competencia sólida y muy variada, hay películas muy diferentes entre sí.

Sebastián Santillán: Además se realiza en el marco de una universidad, una de las más importantes, como la UNAM.

Roger Alan Koza: Eso es extraordinario. Porque eso te saca de este clima del BAFICI, el del shopping. Acá hay algunos debates, pero allá se realiza en una universidad, lo que implica en primera instancia que se vincula al cine con el conocimiento y no con consumo o el entretenimiento. Eso es muy poderoso. Por ejemplo este año tuvimos un coloquio sobre cine radical, bajo el cual no se hablaba exclusivamente de cine, sino también de política, entre otras. Pero no es una cosa académica que va aplastando la cinefilia, sino hasta ahora hemos logrado, como si se lo graficase en un diagrama de Venn, que los universos de la academia y la cinefilia se encuentren en un centro, que no se destituyan entre sí.

Siento que uno de los problemas del estudio del cine en la academia, suele ser que se plantea al cine sólo como un objeto para utilizarse en otros términos y ponerle categorías de semiología, psicoanálisis, etc. Entonces el cine queda como un paciente, deja de ser protagonista. Eso en el FICUNAM no se da, hay una cosa de diálogo, de cinefilia. Eso se da porque se realiza en la universidad, porque hay espacios para eso la gente está predispuesta. Además la UNAM es muy bella, es un marco muy distinto. Lo más parecido es el Ficvaldivia, que una parte también transcurre en una universidad. Pero es diferente, porque ahí el cine pareciera ser un anexo, en el FICUNAM la relación es más orgánica entre el festival y la universidad.

Y lo otro que tiene México que no tienen otros festivales latinos, es que hay recursos económicos que permiten cosas como tener un catálogo como el que tenemos. Que son críticas literalmente, que no todas son estrictamente positivas.

Sebastián Santillán: Al leer el catálogo del FICUNAM, sentí que los textos incentivan al debate, no son sinopsis subjetivadas.

Roger Alan Koza: Claro. Me imagino que algunas personas pueden quedar afuera del catálogo. Pero la realidad es que en la mayor parte de los casos se leen muy poco los catálogos. Entonces, si no se van a leer… ¡hagámoslo bien! Quien se tome el trabajo de leerlo, va a ver que allí hay un trabajo.

Siento que el inconciente de un festival de cine se devela en determinadas cuestiones: película de apertura, película de cierre, el catálogo, si los programadores presentan las películas, si se presentan todas o no. En eso te das cuenta dónde está parado un festival, es como el inconciente. Naturalmente la programación es lo conciente: es decir estas son las películas que defendemos. Y las películas que quedan afuera también es algo conciente, aunque a veces no tengan discurso sobre eso, como fue el caso de Tierra de los Padres en el BAFICI.

Respecto al catálogo, hay aspectos centrales, como si está firmado o no, si son reseñas o críticas, si son descripciones de argumento o son posicionamientos formales, estéticos, discursivos respecto de las películas. También preguntarse si esos textos, no solo las películas, dialogan entre ellos, si están pensados en términos holísticos. Eso implica un posicionamiento y una manera de entender un festival. Lo que se dice desde un inicio de una película es central.

Sebastián Santillán: ¿Se puede hacer todo eso con una programación de 450 películas como la del BAFICI?

Roger Alan Koza: Es difícil. El BAFICI es un festival anti-Farber, que planteaba la cuestión del “arte termita contra el arte elefante”. El BAFICI es un festival cada vez más grande, mastodóntico. Ante lo cuantitativo, no es tan sencillo tener un control sobre lo cualitativo. No es imposible, pero se necesita tener control sobre un conjunto de cosas que da la impresión que se les va un poco de las manos. Y es lógico.

Geraldine Salles Kobilanski: Volviendo un poco al tema del catálogo, pero ahora yendo al tema del catálogo del BAFICI,  allí dependiendo de quien la escriba las notas, va cambiando la estructura discursiva. Me pasó que fui a ver unas películas de Peter von Bagh en el MALBA, y en el propio catálogo, es decir el propio festival, lo caracterizaban como un director completamente desconocido, sin ser respetado lo suficiente, que sabe muchísimo de cine, que conoce a todos los directores y vio todas las películas, por lo que lo rescataban dedicándole un foco. Pero fue gracioso, porque fui a la sala… y éramos dos personas. Y me entero ahí, que venía el director a dialogar con el público, un minidebate entre medio de las dos películas suyas que se iban a proyectar. Luego cayeron otras personas más, pero las conté y éramos solamente 16. Entonces me pregunto, cuál es el compromiso verdadero que asumen si lo postulan como una persona desconocida que van a rescatar, pero luego ellos mismos lo vuelven a tirar al vacío.

Roger Alan Koza: Claro. Pero en ese caso no sé si es tanto un problema del festival, pero sí hay que preguntarse por los canales de comunicación que tienen con su público y la construcción de un público, cómo darle visibilidad entre tanta oferta a las cosas que son valiosas. La presencia de Von Bagh en el BAFICI no fue tan invisible como la de João Canijo, que casi no nos enteramos que había venido, y eso que su retrospectiva era la única completa. Canijo estuvo perdido en el festival, ni siquiera hubo un diálogo público con alguna persona del BAFICI como para que el público se enterara de su obra. Es ahí donde hay que mirar los problemas. Luego si la gente no va es otro tema, que tiene que ver con la seducción del marketing. Pero ese es el problema del BAFICI, ante tanta cosa, no sabes qué hacer.

El BAFICI tiene unas características y dimensiones que hacen que en un punto se podría programar automáticamente. Podemos poner un HAL secreto y no enterarnos que lo programó una máquina.

Sebastián Santillán: Sonará despectivo, pero a veces siento que el BAFICI va camino a convertirse en un outlet de lo que se proyectó en otros festivales del mundo.

Roger Alan Koza: Esa es otra lectura que podemos hacer indirectamente de lo que deseaba expresar. Hoy por hoy se puede programar, teniendo como uno de los criterios, que hay películas que se tienen que tener sí o sí. Nadie va a decir “no hay que traer Tabú”. Es obvio que tiene que estar. La inteligencia de Sergio Wolf y su equipo fue traer a Miguel Gomes como jurado. Eso sí es una decisión conciente de programación. La constitución de un jurado es tan importante como la búsqueda de películas. Porque si se buscan buenas películas pero el jurado no las sabe interpretar en su contexto, terminan haciendo un daño al festival.

En eso el BAFICI siempre ha sido muy conciente, y si hay algo inobjetable en todas ediciones del festival son los jurados. Este año lo mejor que ha tenido el festival han sido los jurados. Son excepcionales. ¡Además de traer a Pilar Lopez de Ayala, que es una preciosura! ¡Eso es muy importante de decir! ¡Tratá que se entere! (risas)

Sebastián Santillán: ¡Estamos todos enamorados de Pilar!

Roger Alan Koza: Sí, fue una excelente elección (risas).

Pero en serio, respecto a los jurados, eso está muy bien. Donde está la parte automática del festival, es preguntarse dónde ir a buscar los lugares de suministro de películas, que todos ya conocemos. Para mí, en esta edición del BAFICI hay que decir que quien ganó fue Locarno: las tres películas que ganaron en las tres competencias son películas que arrancaron en Locarno.

Es cierto que hay una vibración en común entre Locarno y BAFICI. No es nuevo. Siento que, desde que en Locarno está Olivier Père, está Mark Peralson -que está una línea específica que previamente estaba asociada a la Quincena de los Realizadores-, el BAFICI vibra, siente cierta correspondencia con él.

Eso es un sentido una buena decisión, pero en otro es algo sencillo, porque está tomando una línea que fue desarrollada durante largo tiempo por Olivier Père y la gente de Cinema Scope. Está bien, pero la pregunta es cómo hacer un festival que plantee su propio camino, que se diga “no vamos a seguir Locarno, no vamos a seguir Cannes, no vamos a seguir Punto de Vista”. ¿Cómo encontrar una identidad al festival? ¿Dónde ir a buscar las películas que no aparecen en esos festivales?

Eso para mí es la clave, y es muy difícil. Porque tomás de Berlin, tomás de Cannes, tomás de Locarno y así terminás formando la estructura internacional de tu festival. Finalmente te queda el trabajo de selección sobre las películas argentinas.

El tema Prividera ha servido, más allá del escándalo, más allá de la importancia de la película, para poner en cuestión no solo el criterio de programación, sino también el propio cine que ha estado validando el BAFICI a lo largo de los años.

Sebastián Santillán: El otro día hablábamos con vos del tema Prividera, hasta cierto punto es incomprensible el rechazo del BAFICI al film. Porque realmente es una película muy importante, más aun en el contexto sociopolítico actual del país, porque ideológicamente no se posiciona desde ningún oficialismo.

Geraldine Salles Kobilanski: Y que es reconocida fuera del país.

Roger Alan Koza: Se le reconoce en el exterior, pero tampoco le ha sido fácil a Tierra de los Padres en el exterior. No es una película que para los programadores extranjeros sea accesible desde el inicio. Es una película inquietante conceptual y formalmente. Para el extranjero que no habla castellano puede llegar a tener un problema con el texto, y junto con ellos el contexto de los mismos.

No obstante, más allá de la validación extranjera, siento que, lo que permite Tierra de los Padres, es problematizar el lugar donde el BAFICI depende de sí mismo. Es el lugar donde no puede ir a buscar a otro lado. Tiene que encontrar, tiene que encontrarse. Y tiene el festival una facilidad enorme, porque hoy quien no quiere pasar su película en el BAFICI. El único caso que conozco de alguien que pueda pensar primero Mar del Plata y luego BAFICI es José Campusano.

Entonces hay que ver qué es lo que llegó, qué es lo que quedó afuera, qué es lo que nunca llegó, porque entienden que nunca los van a seleccionar.

Siento que lo de Prividera, más allá de todas las hipótesis que podremos tener de índole política, estética, personales, mezquindades o lo que fuera, lo que es concreto y material, es que la película tuvo la función de problematizar los modos de selección y el criterio de selección de las películas argentinas.

El precedente que deja Tierra de los Padres es que problematizó, hizo público un debate más allá de los pasillos. Si no se ofenden los que programan, es una posibilidad para repensar una serie de cosas. Si no se lo piensa como una carga y un tema de camarillas y antagonismos, me parece momento ideal para repensar algunos aspectos.

Volviendo a lo que decías respecto al outlet, no siento que el BAFICI tenga la decisión de hacer un festival de retazos, de traer acá lo que salió mal, sino al revés. Este festival se ha caracterizado por recoger, al estar en abril, lo mejor de mayo a abril, trayendo lo mejor de Cannes, lo mejor de Venecia y dos o tres festivales más. Uno identifica de dónde provienen las películas. Y luego viene la novedad argentina y las novedades de las retrospectivas. Así veo cómo está diseñado este festival, siempre se ha caracterizado por ser así.

Siento que estas últimas ediciones, sin conocer las cuestiones de fondo, tuvieron problemas de fondos. Hoy los screening fee, es decir lo que se paga por exhibir una película, ya no tienen los valores de unos años atrás, donde uno podía arreglar una película por unos 300 euros. Hoy ciertas películas importantes rondan entre 800 y 1200 euros. Ante esos montos, empezás a sumar y es una enormidad.  Pero si manejás todo por arreglo o intercambio, empezás a negociar no solo en términos económicos, sino también en términos estéticos. Si no hay dinero, esto puede repercutir en la calidad de programación.

Yo no creo que, en términos estéticos, no hayan querido traer The Deep Blue Sea, la película de Terence Davies. Si no la quisieron traer por cuestiones estéticas… ¡ahí  me encadeno al centro del Abasto y hago un ayuno de hambre de 40 años! Tengo la impresión que no se la trajo por cuestiones económicas. Tampoco están otras importantes, sospecho por similares motivos.

Estas son cosas que siento que tendrían que repensarse. Si en vez de 400, tengo 300 películas, nadie se va a sentir ofendido, nadie va a dejar de creer en el festival.

Sebastián Santillán: Es completamente lógico. Es la queja de todo el mundo, 450 películas durante dos semanas y luego una sequía el resto del año…

Roger Alan Koza: No tiene sentido. Perderse una película como la de Davis tampoco tiene sentido. Uno la puede bajar, está online desde fines de febrero, pero esa película en particular cuando la ves en su textura, en los claroscuros, solo tiene una importancia frente a la pantalla grande.

Sebastián Santillán: ¿Cómo te relacionás con Internet, con la bajada de películas, los festivales virtuales?

Roger Alan Koza: La primera vez que bajé una película, te digo la fecha justa: fue el 17 de febrero de 2012 (risas). Tenía que escribir una crítica de una película, no la podía encontrar en México, no la podía encontrar online, entonces le pedí a un asistente de programación, que sabe bajar todo, y entonces me la bajó. ¡Y al día siguiente bajé la de Davis! Pero no la vi hasta la proyección en Guadalajara. Yo soy absolutamente fan de Terence Davis. ¡Es lo más! (risas)

Respecto a los festivales online, no creo mucho en ellos. Me parece que un festival justamente tiene sentido en su carácter social, en su experiencia y fenómeno social. Es ese estar, junto a otros, solo en una sala viendo una película. Ya de por sí pasa en un cine, pero en un festival, donde entrar de una película a otra, vez a los tipos, es como una especie de procesión religiosa. Lo de los festivales online, es como tener encuentros con Dios en la web. Es como haber tenido sexo toda tu vida con profiláctico: nunca hubo contacto. Me parece que es perderse una experiencia.

Pero no significa esto que esté en contra de que existan esos medios. Por ejemplo, Festival Scope es una herramienta muy útil. Yo llegué a programar una película que sólo vi ahí, es la primera vez que me pasa eso. Como herramienta es fantástica, a mí me ha servido principalmente para cosas que elegí llevar, que tenía que escribir para el catálogo, pero no me mandaron a tiempo el screener. A veces es difícil recordar algo que viste hace tiempo, si escribiste en el momento está todo bien, pero si pasó el tiempo a veces es dificultoso recordar entre tanto lo que uno ha visto en el año.

Geraldine Salles Kobilanski: Yo intenté ver, de hecho vi, una película en un festival online de cine español. Era una película muy bonita, pero no podía saber si se trataba de una propuesta estética que se trabase todo el tiempo o si era algo propio de la descarga. No iba tan mal, pero reconocí, cuando vi otra, que tenía el mismo problema. Me dije, o son una nueva estética, una “nueva ola del corte” que tiene otro planteamiento temporal, pero no: evidentemente era un problema de descarga.

Además está esa diferencia que se hace entre el teatro y el cine. El teatro es una experiencia vivencial y tangencial: si no hay espectadores y actores, no hay teatro. Ver una obra de teatro filmada es lo más espantoso que te puede pasar. Pero al mismo tiempo, ese acto que se genera único, efímero e irrepetible, también pasa en los festivales. Hoy estoy un poco nostálgica ante el final del BAFICI porque, por más defectos que tenga, el hecho de estar en un contexto en el cual se reúnen distintas personas con distintas jerarquías y posicionamientos en el cine, más allá de eso, es en general gente que se interesa por el cine, que se apasiona. Y estar sentado junto a personas que se apasionan, es irrepetible. 

Roger Alan Koza: Es tal cual vos decís. Sin ir más lejos, João Canijo, Miguel Gomes, Peter von Bagh y otros que están acá, son personas. Y las personas son accesibles. Un estudiante de cine ve a Gomes tomando algo en la esquina y puede ir a hablarle. Eso no puede hacerse en los festivales online. Podés chatear, podes hablar por Skype, pero es otra cosa.

Esta dimensión ontológica de la experiencia comunitaria que hace al cine es insustituible. Son dimensiones diferentes de las relaciones con las imágenes. Las dos son legítimas, pero no son reemplazables.

Pero es cierto lo que decís sobre el streaming, en muy pocos lugares funciona a una velocidad adecuada. No obstante, hay algo más, que yo aprendí subtitulando y haciendo traducciones para los cineclubes. En una ocasión, estaba haciendo los subtítulos para una película que había visto años atrás, los hacía mirándola en la computadora. ¡Uno de los mayores placeres como cineclubista es la primera vez que lo proyecto y veo los subtítulos! Pero cuando vez la película proyectada, ya con los subtítulos, empezás a ver cosas que en la pantalla de la PC no había visto. La superficie de la pantalla, esa cosa monumental de la pantalla, genera algo que no lo vivís ni siquiera proyectándola en tu casa. Tiene que ser en una pantalla de cine, pasa algo distinto.

Serge Daney decía algo muy bello, que ante la pantalla uno siempre está más abajo. Es decir, está debajo del cine. En otras experiencias con otras pantallas, uno domina esas pantallas. Ante la pantalla de cine, en cambio no puedo hacer nada: estoy ante ella y la película. Ese momento es un festival de cine. Y el conjunto. Vivir una sala llena es una experiencia que ya no existe.

Ayer fui a ver la película de Gomes por sexta vez. En un momento, empecé a hacer algo que me gusta mucho, observar cómo miraba el resto del público la película. Mirar las caras. Eso no lo puedo hacer en Internet y es parte del fenómeno de las películas. No es sólo lo que está en la pantalla, es también lo que está en el otro lado.

Entonces ahí hay una distinción, lo cual no significa ser un conservador, que se opone a las películas en Internet. Pero sí siento que hay que ser conciente que las películas que se estrenan, cuando me imagino lo que habrá invertido quien haya comprado los derechos para estrenar la última de los Dardenne, y que los cineclubes la estuviesen proyectando a fin del año pasado, eso francamente me parece una canallada. El resto todo vale, pero esas cosas no.

Sebastián Santillán: ¿Qué criterios adoptás para programar en los cineclubes?

Roger Alan Koza: Lo que no se estrena. Lo que se ha dejado de ver y no se conoce, por ejemplo este verano pasé Joris Ivens. Siempre me fijo que no haya compras de las películas que estoy por pasar, que no estén anunciadas o que las distribuidoras las hayan comprado. Eso es lo que me molesta del cineclubismo, cuando no se piensa en términos de respeto hacia quienes compraron los derechos de las películas. También es falta de conocimiento, por parte de entusiastas del cine. Nadie está pensando en cuestiones de dinero, no creo que haya ningún cineclubista pensando en esos términos.

Sebastián Santillán: Antes comentabas que en la primera edición del FICUNAM se realizó la puesta de la instalación de Primitive, de Apichatpong Weerasethakul. Es una de las tendencias actuales de lo audiovisual, cuestionar la pantalla habitual de cine y proponer otras posibilidades de las pantallas.

Roger Alan Koza: FICUNAM tiene esa impronta. Yo no soy muy fan de eso, para ser sincero. Pero está bien que haya dos que son fan, los otros dos que trabajan conmigo, y de esa forma jugar a esa cosa medio dialéctica de tensión, donde yo suelo tener más predisposición a lo cinéfilo, y ellos más al diálogo del cine contemporáneo con las artes contemporáneas y combinadas. Yo desde el inicio comprendí que así era. De hecho la propuesta del director iraní, tuvo que ver con que trabaja en el diálogo del cine con otras artes, de allí la idea de proponerlo como invitado. Es algo que está implícito en el festival, hay una sección que se llama Territorios, que articula estos entrecruces entre artes visuales y otras manifestaciones artísticas. Hoy hubo un foco de artistas conceptuales que hacen cine. Esa es una de las líneas que está en el festival.

Sebastián Santillán: Completamente al margen. ¿Sos músico, no?

Roger Alan Koza: Sí, toco la guitarra. Bah, no sé si soy músico… pero toco la guitarra en la banda Los Otros. En una época pretendí ser músico, estaba vinculado con gente que ahora toca en varios lados. Con Adi Azicri, que fue el guitarrista de La Portuaria, formé a los once años mi primera banda, que se llamaba Almeja, porque nos gustaba Almendra, ¡lo cual es un absurdo absoluto! Luego tuvimos otras bandas.

Y en otra época, si buscás en la página de Los Pericos, solía tocar con Juanchi y el Topo. Pero no tocábamos reggae —¡género que destesto! —, sino que tocábamos heavy metal, éramos fanáticos de Van Halen, que recién llegaba, no era tan conocida. Decidimos formar una banda —Denim— para tocar temas de Van Halen en vivo. Éramos Juanchi Baleiron, Ariel “El topo” Raiman y Marcelo Fink, que luego fue el bajista de Metrópolis y Las Pelotas. ¡Pero la música que hacemos ahora no tiene nada que ver con todo lo que acabo de nombrar! (risas)

Geraldine Salles Kobilanski: ¿Te gustaría musicalizar alguna película?

Sebastián Santillán: ¡Una de Miguel Gomes! 

Roger Alan Koza: Sucedió algo. Actualmente estamos en la masterización de una suerte de disco que estamos preparando. Quien está masterizando esos siete temas es uno de los miembros del Sexteto Irreal, Manuel Schaller. Lo contactamos por amigos comunes, yo fui al colegio con Axel Krygier y nos hicimos bastante amigos con Christian Basso. Así que llegó este material a Manuel Schaller, lo escucha y nos manda un e-mail con sus pareceres, donde nos dice “esta es música para películas”. Dijo “tienen que tocar en un festival de cine”. ¡Ojalá se haga realidad!

Sebastián Santillán: Alguna vez, uno de los críticos más importantes de Estados Unidos, por no decir el más importante, Manny Farber, dejó completamente la crítica de cine para dedicarse a otra cosa, a la pintura. ¿Vos podrías hacer eso?

Roger Alan Koza: ¡Compararme a mí con Manny Farber es como comparar un Citroën C3 con el Apollo 13! Yo creo que Manny Farber es el crítico más extraordinario de la historia del cine. Lo que él hace con sus críticas no lo hace nadie. Soy admirador de Jonathan Rosenbaum, de Adrian Martin, pero lo que hizo Farber es único. Si me decís que elija entre Bazin, Daney o Farber, me costaría.

Respecto a si algún día podría dejar de dedicarme a la crítica para dedicarme a otra cosa… no creo. Pero en algún otro momento pensé así respecto a la filosofía. Y en algún otro momento pensé así respecto a la música. Pero lo que me doy cuenta al realizar crítica, es que la experiencia musical, la experiencia de la filosofía, más otras experiencias —que no valen la pena revelar acá— (risas). En algún momento estudié yoga en la India, un año.

Sebastián Santillán: ¿¡Cómo hiciste para hacer yoga y heavy metal!?

Roger Alan Koza: ¡Son cosas que pasan! (risas). Pero en ese aprendizaje corporal, también puedo pensar las películas. Hay algo muy interesante en las simetrías de los planos que a mí me permitió comprender en relación con el sistema de yoga. Es absolutamente simética. Por eso me enganché, desde siempre tuve una tendencia relativamente anticlerical y antirreligiosa, por eso no me enganché con el yoga como una cuestión espiritual. El yoga de BKS Iyengar es más médico y estético, más allá que cuando vas a la India, nada puede dejar de ser religioso. Igual, si a la India fui con ciertas inquietudes religiosas, volví ateo.

Todas esas experiencias —la filosofía, la música, el yoga—, siento que están explícitas en la experiencia de escribir sobre cine. Uno a veces no se da cuenta cuánto eso influye en la percepción del mundo. Lo que uno hace con el cine es un trabajo sobre la percepción, no refiriéndome exclusivamente a lo visual. Con el cine, uno tiene una experiencia de espacio y de tiempo.

A veces me pasa que cuando escribo, estoy tratando que algo me encaje no solo en lo que pienso, sino también en cómo suena. Eso viene de la música.

Geraldine Salles Kobilanski: Creo igualmente que, esas situaciones a priori disonantes en tu vida —como el heavy metal, el yoga y la filosofía—, en realidad hacen al conjunto de la vida de una persona. Y a la vez no es tan paradojal porque, tu situación de cómo vos te parás frente al cine, es también una postura de vida.

Roger Alan Koza: Sí, yo tomé una decisión al respecto, hay otros que no.

Una vez, en un seminario que hicimos con Quintín, mi mujer preguntó sobre la responsabilidad del crítico y la bardearon. Fue muy gracioso, porque preguntó y no vieron que era mi mujer (risas). Entonces Lerer y Quintín la empezaron a bardear. ¡Y luego ven quién era! Rosenbaum era quien apoyaba la idea de la responsabilidad del crítico. Fue muy graciosa la situación.

Incluso un tipo como Quintín, que no tiene mucho que ver en muchas cosas conmigo, y a quien respeto muchísimo como crítico cinematográfico, es notable la construcción matemática de cómo mira las películas. La forma en que él accede al film, cómo lo reconstruye, es enteramente matemática. Generalmente saca las conclusiones, las contradicciones y los puntos secretos del film, como si estuviera trabajando con una cierta recurrencia vinculada a un sistema matemático. Es clarísimo eso. ¡Además fue árbitro de fútbol!

Geraldine Salles Kobilanski: John Sayles decía que su fuente de inspiración al hacer cine era un beisbolista puertorriqueño. Decía que su método de trabajo excedía la actividad deportiva, por lo que eso lo inspiró a hacer su obra.

Roger Alan Koza: Matías Meyer, el director de Los Últimos Cristeros, me contó en una entrevista que tuvimos, que se dio que su relación con el cine empezó cuando iba al jardín de infantes y en el momento en que le daban las tareas para hacer, no le salían cosas, como jugar con plastilina. Entonces se dio cuenta que le gustaban hacer cosas con imágenes.

Es muy interesante ver la autobiografía perceptiva en la escritura y en lo que se filma.

Geraldine Salles Kobilanski: ¿Alguna vez tuviste la intención de dirigir cine?

Roger Alan Koza: ¡Jamás! No tengo el menor interés en hacer cine. Excepto por una inquietud que siempre tuve… que será la única película. Es sobre todas las películas que me impactaron a lo largo de mi vida, es poder ver qué sucedió con esos personajes o esas personas veinte años después. Por ejemplo, tengo la idea de ir a ver qué es de la vida hoy del señor Sabzian de Close-up, de Kiarostami. Así tomar varios personajes, Ventura de Pedro Costa, por ejemplo. Es la única idea que tuve en mi vida que me interesó hacerla película.

Pero la verdad es que no tengo el menor interés en filmar, aparte ni sé hacerlo. Yo reconozco el lenguaje cinematográfico con facilidad, pero sobre cómo se hace ese lenguaje, sé bastante poco. Y por otro lado, no siento que los críticos tengan que saberlo.

Sebastián Santillán: Para cerrar, ¿qué te parece colocar como título de la nota: “Roger Alan Koza: ¡Pilar López de Ayala es una preciosura”?

Roger Alan Koza: Sí, eso es muy importante. ¡Es lo más importante que dije en toda la charla! (risas)

 

El presente diálogo se desarrolló el 22 de abril de 2012 en la ciudad de Buenos Aires.

Publicación: Junio 2012
Roger Alan Koza | FICUNAM