El maestro portugués habló sobre su último cortometraje, O Velho do Restelo

Entrevista a Manoel de Oliveira

Entrevista a Manoel de Oliveira sobre O Velho do Restelo

En O Velho do Restelo (2014), se confrontan nuevamente las preguntas planteadas en Non ou A Vã Glória de Mandar (1990), pero esta vez no se las limita exclusivamente a Portugal, sino que se las extiende a toda la Península Ibérica.

Camões dedicó Las lusiadas a Don Sebastião, antes que éste se embarcase en la batalla de Alcazarquivir. Fue una advertencia de que la batalla podía ser el desastre que finalmente fue. El rey perdió la batalla y nunca volvió a ganar. Luego de eso, hubo otro desastre, el de la Armada Invencible. La película refiere a esos dos fracasos, uno presagiado por Camões, el otro, irónicamente, comentado por Cervantes. Portugal y España se complementan. La película es una apología de El Viejo del Rastrillo.

Pero el personaje de El Viejo del Rastrillo es tradicionalmente visto como una figura negativa, como un pesimista conservador...

No es una figura pesimista, ya que tuvo la virtud de predecir el inminente desastre. Dos derrotas ineludibles y, en ambos casos, se utilizó un artificio para hablar de ellas. La segunda derrota confirma la primera. Don Quijote ilustra a la perfección a Don Sebastião. En ambos casos hay cierto fatalismo que se cierne sobre la Historia.

Las aspas del molino giran, la Historia se repite y el film es, de algún modo, circular. La primera frase evoca las derrotas, la última nos lleva a cuestionarnos las victorias. ¿Por qué es importante hablar sobre la fatalidad de la derrota hoy, aquí y ahora? ¿Qué diferencia una cosa de la otra? ¿No es una victoria, a la vez, una derrota? ¿No son, finalmente, la misma cosa?

Lo que se puede distinguir es la veracidad del evento, ya sea predicho o comentado. La veracidad de los eventos está por encima de todo, lo cual condona los catastróficos desastres representados en el film. Porque esencialmente habla sobre la verdad, condicionada por una mentira. Somos engañados doblemente. La derrota de Don Sebastião fue real, mientras que Don Quijote es un personaje ficticio: esa es la ironía. Nos manejamos entre la verdad y la mentira. Don Quijote nos muestra la verdad de la mentira. Lo que es interesante es convertir algo que pertenece al reino de la imaginación en algo real. Don Quijote lo dice claramente, yo no puedo.

Una cosa es cierta, Manoel de Oliveira relaciona a esas figuras – Camões, Don Quijote, Pascoaes, Camilo – de una manera muy particular: es como diálogo desde un punto de vista externo a la Historia. Tan así, que esas figuras están sentados en una banca de jardín, que no es la del Jardín del Eden sino la del jardín de su casa...

La Historia es como un molino y Don Quijote lo embate, colisionando con la Historia. La verdad histórica es una y única. Mi punto de vista es el del cometa que aparece en cierto momento del film. Pero es un punto de vista real, posterior a los eventos, aunque la Historia se repita. Es el contexto de la Historia lo que está mal. Para hablar del presente es necesario revertir las cosas y hablar sobre el pasado. Sería descarado distorsionar la realidad. Entonces, se entra en un marco filosófico, el marco del deseo. Y, a veces, la realidad es opuesta al ensueño. Don Quijote es la figura del deseo. La verdad confiable no existe, todo es un sueño: vivimos en él, algo que se desarrolla por afuera de nosotros y al que no pertenecemos. Toda historia, romántica o no, es falsa. Niega la verdad. Cuando la gente cuenta una historia, la modifica, aunque intente acercarse a la verdad. Camilo y Don Quijote son afines, porque se revelan a sí mismos a través de sus debilidades. Y eso es real, es humano. Esos asuntos no deberían ser discutidos abiertamente, porque al ser humano no le gusta ser comprendido. Se explica a sí mismo en las mentiras. La comprensión precisa de las cosas sería una derrota capital.

¿Está hablando de la la muerte?

No, de la vida. La humanidad no tiene excusas, todo lo hace mal.

¿Es una advertencia que estás dando al presente, asumiendo el rol de Camões cuando dedica Las lusiadas al rey, antes de que parta a su derrota final? ¿No se ha señalado siempre a los artistas como profetas?

Si desease alertar sobre algo, hubiese buscado la base del desastre, pero esta no puede encontrársela en este tipo de explicaciones. Está dicho en el film: no sabemos dónde está la verdad. No sabemos si es lo que ganamos o lo que perdemos. El conocimiento es extraordinariamente limitado. Haces lo correcto con una mano y a la vez haces lo incorrecto con la otra. Al final del día no hay verdaderos y falsos, precisamente porque no existen verdades absolutas.

Cuando hay una victoria de un lado, siempre hay, inevitablemente, una derrota del otro lado. Dos historias, o al menos, dos versiones diferentes. La Historia suele ser escrita por los vencedores. En este caso, la Historia parece estar escrita por los derrotados.

Sí, esa es otra cosa que debería ser especialmente acreditada a aquellos que anticiparon la realidad de la derrota. Los derrotados tienen derecho a escribir su propia historia. Hay una sola cosa en juego: nadie puede destruir la verdad de los eventos. El arte y la ficción no reemplazan la Historia: utilizan un lenguaje diferente, con una mano en la verdad. El lenguaje del arte es obvio, es una mirada desnuda. Muestra, por ejemplo, que lo que intenta ser visto como una victoria en realidad es una derrota. Lo más importante de O Velho do Restelo es la ambigüedad: “¿ser o no ser?” La Historia la hacemos nosotros, con aquello que queremos y con aquello que no queremos, o incluso con aquello que no sabemos si lo queremos o no. Y esa parte es la peor, la que llamamos destino.

Pero el destino puede también engañado, siempre podemos eludirlo. Hace cincuenta años, Manoel de Oliveira parecía destinado a dejar de hacer películas y lo que realmente sucedió fue completamente diferente.

El destino siempre nos elude, pero estoy feliz que haya sido así. Entramos en el reino de los desconocido. Es como una roseta con dos mil hojas y cada una tiene su propio destino.

Entrevista realizada en Oporto el 1 de agosto de 2014. Agradecemos a la Agência - Portuguese Short Film Agency por permitirnos acceder a la misma para su traducción.

Traducción: Sebastián Santillán

Publicación: Abril 2015
Manoel de Oiveira