Dialogamos con la realizadora chilena

Entrevista a Elisa Eliash

Entrevista a Elisa Eliash

La premiere mundial durante el BAFICI de Aquí estoy, aquí no, segundo largometraje de la realizadora chilena Elisa Eliash, nos dio la oportunidad de apreciar una obra singular, que evade los lugares de comodidad para adentrarse en terrenos de franca experimentación formal, cuyos riesgos y provocaciones difícilmente dejen al espectador indiferente. Pudimos encontrarnos con su directora, para mantener una apasionante charla que tuvo bastante de confesión mutua.

Sebastián Santillán: Como te comentaba por e-mail, cuando vi tu película por primera vez sinceramente no sé si me gustó. Sin embargo me dejó flotando una serie de cuestiones, de interrogantes, que no pude sacarme de la cabeza. De allí viene el deseo de este diálogo con vos y a la vez el un preguntarse si tiene sentido el simple “Me gustó/no me gustó” tan propio de los festivales, en una película que definitivamente requiere su tiempo para pensarse.

Elisa Eliash: Estoy completamente de acuerdo. Yo tampoco sé si me gusta. Pero sí me gusta lo que se puede hablar de la película. A veces me pasa eso en la vida, me gustan más las ideas de las cosas, que las cosas. Con esta película me pasa bastante así.

Sebastián Santillán: También es una posición complicada la que uno adopta como espectador de Buenos Aires. Tanto el tono como ciertas cuestiones de la idiosincrasia que intenta retratar película sospecho que son propias de Chile y más particularmente de Santiago. ¿La película tiene un tono satírico?

Elisa Eliash: A mí me gusta llamarle artificial. Hay un engaño al espectador, que tiene que ver con algo que sucede en la primera escena y luego se repite. Es un engaño, a pesar de que hay gente que la lee desde ahí, porque hay cierto coloquialismo.  Pero siento que es una película muy artificial con una estructura muy metalingüística.

Me ha asombrado que en el BAFICI, las preguntas del público han girada en torno al personaje principal, a las relaciones de amistad de los personajes, de una forma completamente empática y emocional que no me esperaba. ¡Tal vez caí en mi propio engaño! Tal vez terminó siendo más poderoso el personaje y la emocionalidad que se entabla con él, cuando lo que buscaba era una excusa para destruir ese sistema clásico, empático, narrativo.

Sebastián Santillán: El personaje principal, Ramiro, es muy fuerte, puede genera amores y odios, pero difícilmente uno pueda posicionarse indiferente ante él.

Elisa Eliash: Se come todo. La idea era jugar con esa esquizofrenia en la misma trama. Tiene como dos vías, una con la amiga, con ese coloquialismo cálido, naturalista, y por otro lado la vía de su relato, que sería completamente artificial, de pelucas. Por eso la pregunta del tono es complicada. Es una película medio bipolar.

Sebastián Santillán: Yendo al origen de la película, ¿cómo construiste la película? ¿Surgió de un guión previo? ¿O trabajaste desde cierta improvisación?

Elisa Eliash: Yo soy muy de guión. Trabajo como guionista, soy profesora de guión. Para mí es muy importante en el rodaje tener un guión sólido y ceñirme lo más estrictamente que pueda. Pero por supuesto que se producen otras cosas en el rodaje. Uno trabaja con gente que puede aportar en ese sentido, pero filmo a partir de un guión muy definido.

En el proceso de preparación del guión no vamos a decir que hubo improvisación, porque es una escritura,  pero sí un ejercicio de escritura automática. Estaba investigando un nuevo método de escritura, ya que generalmente me demoro como un año en escribir una película, en este guión me demoré solo un mes. Cambie un poco mi método, me dije a mí misma que si uno sabe lo que quiere hacer, por qué tiene que reversionarlo tres mil veces y mostrarlo a quinientos asesores. Me dije: voy a inventar un método. Le puse “Retroceder nunca, rendirse jamás” (risas). Consiste en escribir de principio a fin, sabiendo que no vas a volver atrás en esa escena, entonces te tiene que quedar perfecta de manera inmediata.

Tenía en mi cabeza el arco dramático de Vértigo, fue una guía bastante importante, no partía sin ninguna dirección. Sabía a donde deseaba llegar, pero fue realmente una experiencia de flujo de conciencia, escribía sobre cosas que veía directamente. Por ejemplo, estaba escribiendo en un café y empezaron a limpiar los vidrios con agua y dije: “tomo eso”. Trabajé con notas, gráficos, esquemas que solamente yo podía entender. Realmente fue una escritura muy libre, creo que eso es lo que uno podría llegar a pensar que fue improvisación en la película, pero fue producto de esta escritura automática demente y concientemente antojadiza.

Sebastián Santillán: Es como el Cadáver Exquisito de los surrealistas.

Elisa Eliash: Absolutamente, de repente yo estaba en cierta parte del guión y decía: “entonces, por Vértigo, yo debería ir a la parte donde…”, pero no quería eso. Cuesta tanto llegar a lo que quiero contar, así que decidí ir directamente a eso. Luego veo como lo cuento, si voy para atrás, etc. Entonces empezó a surgir esta estructura no lineal que tiene la película. 

Sebastián Santillán: Son muchos elementos que remiten a Vértigo: Ana/Patricia, esa obsesión del personaje por ellas, la necrofilia…

Elisa Eliash: Completamente. Creo que lo que me motivó a trabajar con Vértigo fue eso, la fantasía de querer reconstruir en otro el fantasma de un ex. Esa idea completamente necrofílica es lo que me hizo decir “tengo que trabajar con esa película”, más allá de todo el fanatismo cinéfilo.

Sebastián Santillán: ¿Sos cinéfila?

Elisa Eliash: Te puedo decir que fui muy cinéfila, luego me fui tranquilizando. Ahora me cuesta digerir las películas, porque eso trato de salpicarlas un poco más. Cuando chica, era compulsiva. ¡Me veía cuatro películas por día, todos los días! Me iba de ciclo de cine en ciclo de cine, grababa películas en la casa y las veía a la noche, arrentaba, ¡era una locura! Estaba obsesionada, pero fue bueno, fue un aprendizaje interesante. Pero ahora no, ya no estoy a esa altura. Me encantaría, pero estoy más tranqui.

Sebastián Santillán: ¿Cómo te formaste, estudiaste cine?

Elisa Eliash: Me formé así, viendo películas sobre todo en un principio. Supe desde muy chica que quería estudiar cine, siempre lo tuve muy claro. Me metí en varios cursos de cine, era vecina de Carlos Flores, el director de la Escuela de Cine de Chile. Él hacía otros cursos en el Museo de Arte Contemporáneo y me hacía descuento. Entonces desde la secundaria me metí en esos cursos, completamente aburrida del colegio. Me iba del colegio a la mañana, hacía lo que nosotros llamamos “la cigarra”, es decir irnos del colegio, para ir al cine.

Sebastián Santillán: ¡Como Antoine Doinel!

Elisa Eliash: Ja, claro. Luego entré inmediatamente a la escuela de cine, ¡y sabía todo! Claro, si me había pasado cuatro años viendo cine. Después empecé a trabajar con un dramaturgo teatral, que también ha hecho cosas de cine, llamado Benjamín Galemiri. Fue un maestro para mí, fui su asistente durante unos cuatro años y en términos de guión aprendí mucho de él.

Sebastián Santillán: En la película siento que hay cierta sátira, ironía hacia un sector de la intelectualidad chilena.

Elisa Eliash: Sí, absolutamente. Pero no es necesariamente una crítica, es una confesión al mismo tiempo. Hay algo satírico, sin duda. Pero los personajes también habitan ahí, es la parte de la contradicción que me interesaba que tuviera.

Sebastián Santillán: Hace unos días hablaba con una chica chilena que es programadora, y me contaba que muchos lugares que aparecen en la película son paradigmáticos de Santiago. Uno desde afuera tal vez no sentía la dimensión de algunos espacios.

Juan Pablo Correa en Aquí estoy, aquí no

Elisa Eliash: Sí, hay una lectura que tiene que ver con Santiago, que a mí me interesaba mucho que estuviera. En mi película anterior lo hice, pero desde otro lado. Ahora me interesaba hablar del espacio de lugares más burgueses.

 

Sebastián Santillán: Por ejemplo, está el Museo de la Memoria.

Elisa Eliash: Sí, está el Museo de la Memoria,  que le da una dimensión más política, que me interesaba que tuviera. Es un tema que todavía está en Latinoamérica como un fantasma muy grande.

Sebastián Santillán: En esas escenas, me contó posicionarme. Porque por un lado se planteaba al personaje como un intelectual comprometido, pero luego se lo mostraba con cierto arrojo de patetismo intelectual. Una de las escenas donde más dificultoso me resultó el posicionamiento, fue en aquella en que, estando ya el personaje planteado como una persona patética, se lo muestra dentro de una protesta estudiantil callejera. Desde mi lectura, hay una crítica hacia determinados lugares intelectuales, pero parecen caer en la misma bolsa las protestas estudiantiles.

Elisa Eliash: Yo no hago esa lectura. Pero ojo, que no eran protestas estudiantiles. ¡Es una celebración de fútbol! No te voy a negar que originalmente la idea era que fuese una protesta, no necesariamente estudiantil, pero sí una protesta. En el sentido que ellos iban muy felices en su nuevo amor necrofilico, y venía todo el mundo protestando en contra. Pero finalmente lo que nos encontramos fue una celebración de fútbol, por el mundial, donde un poco se apoyaba esta idea de la felicidad, pero sucedió lo que sucede siempre en este tipo de manifestaciones en Chile: luego de cada protesta o celebración, se produce la represión. Y eso era un vaticinio de lo que iba a venir más adelante. No busqué hacer una crítica hacia las protestas.

Sebastián Santillán: Eso me cambia el panorama, nuevamente volvemos al tema de las lecturas que se hacen desde el afuera. No sabía que era un tema de fútbol, lo asocié con las protestas estudiantiles.

Elisa Eliash: Claro, es un tema de fútbol, pero también tenía que ver con fenómenos plásticos y visuales que me interesaban, como el tema de la velocidad, más que una crítica social. En general busqué espacios que tuvieran alta cinética, que es lo que a mí me interesaba. Y tanto los estudiantes como el fútbol me proporcionaban eso.

Para mí los espacios que están más asociados a una crítica social son el lugar de comidas rápidas y el médico, la clínica privada. Un poco también el Café Tavelli, que es un café muy tradicional del a burguesía chilena, que además tiene la misma música en la película. Entonces deseaba asociar esos lugares más polite de la burguesía chilena, donde el personaje se siente completamente inadecuado, más allá que lo visita. ¡Un poco como todos nosotros! Nos pasa que criticamos al médico privado, pero terminamos yendo ahí, el médico nos dice exactamente lo que tenemos que comprar de marcas y terminamos yendo ahí. Estamos a la deriva de lo que es el sistema.  Por eso te digo, es una crítica y es una confesión.

Sebastián Santillán: Algo que no se le puede discutir a la película es la sinceridad desde su posicionamiento. Es algo complejo, suele haber muchas películas maniqueas donde existe una crítica social, pero quien denuncia se coloca afuera del problema.

Elisa Eliash: ¡Ramiro soy yo también! No sé si lo viste también como una crítica, o como un personaje externo a mí. Pero yo estoy en ese personaje. A veces me siento como un gordo triste, a la deriva. Es un paroxismo, pero es así.

Sebastián Santillán: ¿Y Ana/Patricia?

Elisa Eliash: Ana/Patricia tal vez no tanto, pero tal vez sí es una fantasía de uno, el mandar todo a la mierda.

Sebastián Santillán: ¡Típico de rocker!

Elisa Eliash: ¡Claro! ¿Quién no quiere ser un rocker? Pero la verdad, siguiendo con las confesiones, no soy tan Ana/Patricia que a mí me gustaría. Soy más como la amiga, Lorena. Tengo relaciones con amigos tal cual, con los que me convierto en una madre, ¡no sé por qué! Me sale esa cosa protectora. Por supuesto que está exagerado en la película, pero tiene que ver con esa experiencia.

Sebastián Santillán: Ya que estamos de confesiones, tengo que decirte que en una primera lectura, sentí hasta cierto tono misógino en la película.

Elisa Eliash: Soy un poco misógina… Me gusta mucho la energía masculina, la sensibilidad masculina… como si eso existiera. Porque tengo la impresión que lo que uno asocia con eso son puros lugares comunes, al igual que la sensibilidad femenina, de la cual a mí tanto me hablan. Y la verdad es que me batea un poco la panza.

Quería un poco contradecir eso, yo me siento también una persona muy masculina. Me agrada ese costado mío. Tenía ganas de hacer una película muy masculina, sacar a flote ese lado mío. No me agrada para nada la categoría de “cine de mujeres”.

Sebastián Santillán: ¿No encontrás en algunas realizadoras, como Sofia Coppola o Mia Hansen-Løve, cierta sensibilidad que uno podría asociar con lo femenino?

Elisa Eliash: Pero también luego ve directores que uno dice: “esto lo podría haber hecho una mujer”. No sé, me parece que es un reduccionismo, me gustaría pensar que las mujeres son capaces de hacer de todo, y pueden ser fieles a sí mismo más que como mujeres. ¡Las mujeres son más de la mitad del mundo! Me parece muy difícil que tengamos tantas cosas en común. Me parecería poco interesante de nuestra parte si fuese así. Me gusta el individualismo en el cine, más que cierto lenguaje unificador.

Sebastián Santillán: Sin embargo tu primera película, Mami te quiero, tenía una mirada que uno asociaría con lo femenino.

Elisa Eliash: Y sí, se dice eso. ¡Soy mujer! Pero me gusta pensar que uno es todo, que uno es hombre, es mujer, todo. Siento que solo leerlo desde ahí puede ser un poco limitante para uno como creador, decir “tengo que hacer algo que responda a esa expectativa”. Al contrario, me dan ganas de expandir el territorio de lo que se que cree que es el lenguaje de mujer. ¡Y me caen muy bien los hombres! Tengo muy buenos amigos hombres. Me intriga, me parece fascinante el mundo masculino.

Sebastián Santillán: El personaje principal de tu película, Ramiro, es una especie de, no sé si llamarlo antihéroe porque sería relacionarlo con una estructura más clásica, pero sí es un personaje que se aparta del estereotipo del héroe. ¿Se puede hacer esta película con otro actor?

Elisa Eliash: Es una buena pregunta… Yo creo que no se puede hacer con otro actor. Porque además Juan Pablo [Correa] no es actor. Él es bien inclasificable. Estudió filosofía durante dos años, pero sufrió unos problemas de salud que le impidieron desarrollar todo su potencial. Es un tipo muy genial, que escribe, que improvisa, pero que está hoy atascado en un trabajo que no tiene que ver con lo suyo. A mí me interesaba mucho su humanidad, él se identificó mucho con el guión, a pesar de que no lo escribí para él.

Sebastián Santillán: Me resulta muy difícil pensar en otra persona para el papel que no sea él .

Elisa Eliash: Sin embargo te prometo que tiene que ver más conmigo. Además me inspiré en otro personaje que existió, que no conocí directamente, que fue un periodista chileno, llamado Guillermo Hidalgo, que fue un tipo muy genial, que escribía en un medio llamado The Clinic, que es una especie de Barcelona de acá, ahí escribía con pseudónimos. Estaba escribiendo el guión cuando leí su obituario donde los amigos hablaban de él, porque se murió de gordo en un departamento cerca de mi casa. Me empecé a fascinar con el personaje, porque era de una enorme contradicción. Yo tengo ciertos problemas con el periodista como personaje, pero para la película quería un periodista, porque un detective como en Vértigo ya está medio pasado de moda. Y encontré contradicciones exquisitas en esos comentarios sobre Hidalgo, que me movilizaron a escribir, me inspiré mucho en varias anécdotas que se cuentan de su vida.

Pero el resto soy yo, luego me encontré con Juan Pablo, le mostré el guión. Le gustó mucho, le dio una razón para seguir encontrándose en otros niveles, y ahí cambió mucho el personaje con todo lo que él aportó.

Sebastián Santillán: Encontré en la película cierta musicalidad que se sale del lugar. No solo la música, sino cierto ritmo cinético que parece casi de free jazz, donde puede pasar cualquier cosa. Eso es lo que hace a la película en un punto ser tan insólita: uno nunca sabe a dónde va a derivar.

Elisa Eliash: Sí, totalmente, para mí fue desde la escritura un ejercicio guionístico sobre cómo uno puede contar algo de manera diferente. ¡Como un ejercicio mío, pajas de guionista! Cómo relatar historias de distintas maneras: que él la relate en off, que uno le relate el off al otro, contar una historia dentro de una historia, que la cuenten entre tres, etc. Son puros ejercicios formales sobre cómo contar algo.

Me interesa, al igual que con Mami te amo, generar una película que tenga una narración que sea mental, que no tenga en ese sentido un realismo objetivizado de la realidad, sino que esté dentro de las asociaciones de los personajes y que nos entregue un camino interesante.

Sebastián Santillán: Un parte que no me terminó de gustar, y que siento que es cierto vicio de guión, es la parte de la flecha de final. Sentí que intentaba cerrar un trayecto mediante una metáfora, nuclear una idea, que siento que ya estaba explicitada…

Elisa Eliash: ¿Ya estaba? ¿Cuál crees que es el tema de la flecha para ti? Me hubiese gustado hablar más de eso en los debates, pero no se dio mucho la oportunidad. 

Sebastián Santillán: La flecha siento que es algo que surgió de algún lugar, y uno no sabe hacia donde va. Uno no sabe si va a caer o no. Incluso uno no sabe si realmente existe la flecha. Siento que es una metáfora sobre la estructura de la película. Evidenciar esto al final, no sé, sentí que tal vez no era necesario, que intentaba cerrar, evidenciar algo, que ya estaba evidenciado. Pero por supuesto, es una interpretación subjetiva, de las múltiples que pueden surgir.

Elisa Eliash: Sí, pero esa fue la mía también, cuando la escribí. Absolutamente es una metáfora del tercer acto que no cae. Me interesaba fortalecer la idea de la flecha horizontal que no cae, que en la película queda en incertidumbre.

Sebastián Santillán: Ahora dialogándolo con vos, me doy cuenta que… ¡me gustó mucho más de lo que recordaba!

Elisa Eliash: Es una salida intelectual ese final, pero también tiene que ver con una estructura muy esquizofrénica. Tiene elementos clásicos de empatía con el personaje principal, con su desarrollo, pero por el otro lado no, es una excusa para hablar de la estructura en el cine, que es lo que me interesa.

Sebastián Santillán: Sentí, y esto a nivel bien completamente personal, que tu película no fue muy protegida en el BAFICI.

Elisa Eliash: ¿En qué sentido?

Sebastián Santillán: Me parece que cuando se selecciona una película para su premiere mundial, tendría que haber una protección, un cuidado en la forma que se ve la película. Antes del estreno salieron publicadas críticas a partir del visionado de un DVD, que tengo entendido que era una versión aún en progreso. Siento que si se desea que los críticos puedan ver las películas antes del festival, mínimo se tiene que preparar una proyección en una sala de cine, donde se exhiba la versión final del film, no un work-in-progress en DVD.

Elisa Eliash: Ese fue un problema que tuvimos, pero la gente del BAFICI se portó muy bien conmigo. Sergio Wolf me llamó a Santiago y se disculpó por lo sucedido. El problema fue que ese DVD no era la película terminada, era un corte de mierda, sin sonido, nada. Fue una cagada. Pero luego de eso, Wolf la vino a presentar e hizo algo que a mí no me pasó en ningún festival, que es que habló de la película. Alguien me dijo “¿por qué se pone a hablar de la película?”. A mí me gustó, me encanta que en un festival de cine se hable de cine todo el tiempo.  

Sebastián Santillán: ¿Creés que te película es una película de festivales?

Elisa Eliash: Lo estoy descubriendo todavía. He escuchado que sí, más que de salas, lamentablemente. Los distribuidores no se atreven aun a cambiar lo que creen que la gente piensa que es el cine. Les dan lo que ellos creen que el público quiere. Empieza ahora el proceso de buscar nuevos espacios de difusión para contradecir un poco esa idea. Encontrar ese público que sé que está esperando ver películas diferentes y que no se les da.

Sebastián Santillán: ¿Cómo ves el estado del cine chileno actual? ¿Sentís que hay una nueva camada de autores?

Elisa Eliash: Sí, siento que lo hay. Pero quiero ser prudente, quiero empezar a ver las terceras películas de los otros para confirmarlo. Porque siento que ahí es donde se ve que hay un trabajo sostenido, hay un camino, hay autores, justamente la palabra que usaste. Pero estamos todos encaminados, algunos estamos en la segunda, otros en la tercera. Creo que va bien eso, a pesar de que aún es muy difícil hacerla, se está imponiendo la autoreferencia, la individualidad, la testarudez. Creo que son cosas positivas que se están dando. Pero hay de todo también. Hay un cine super comercial también.

Sebastián Santillán: ¿Crees que hay una industria del cine en Chile?

Elisa Eliash: No, ni estamos cerca de tenerla.

Sebastián Santillán: Tampoco siento que varios de los realizadores más interesantes de Chile, como Sebastián Lelio o José Luis Torres Leiva, puedan aspirar a formar parte de un cine industrial.

Elisa Eliash: Claro, muchos de nosotros tampoco nos vemos en ese espacio. Por lo menos no de manera convencional. Pero sí se está haciendo cine de una manera más o menos sostenida. Creo que eso es interesante.

Sebastián Santillán: En tu formación tanto cinéfila como de vida en general, ¿tuviste algún referente en particular?

Elisa Eliash: Tuve muchos. Es que yo era tan cinéfila, que en el momento en que supe que iba a realizar una película… ¡era el sueño de mi vida, imagínate! Yo fui de la primera generación de la escuela que le dijimos que queríamos hacer un largo individual, nada de esas películas dirigidas por seis personas como se hacía antes. Cuando me dijeron que sí, me dije a mí mismo “¡qué hago ahora! ¡en lo que me metí!”. Justamente por el tema de las referencias, el problema de la búsqueda del estilo.

Entonces lo que aprendí en el proceso es que hay que bloquear esas referencias tan fuertes. Siento que me interesa hacer un cine de verdad, honesto conmigo misma. Un cine de confesión que jamás caiga en fórmulas. Para mí se trata de eso, de ser lo que hay que ser en el momento, y tiene que ver con conocer lo que tú solo puedes aportar. Eso es lo que podría llegar a constituir un autor en el futuro. También en ese momento dejé de ver mucho cine, porque me comparaba mucho, empezaba a filtrarse. Esas cosas suceden, pero prefiero ignorarlas. Como los caballos, tengo unas anteojeras para seguir mi camino, porque para mí fue muy fuerte la influencia de los otros.

 Sebastián Santillán: Sabés que me preguntaban sobre tu película, si la había visto, y me pedían que la describa, que cuente a qué se parece. Siempre es difícil hacer eso, pero me surgió decir que cierto gesto rupturista y de crítica a un sector de la intelectualidad me hizo recordar a Pierrot Le Fou de Godard.

Elisa Eliash: Para mí Godard es Dios. En este momento Godard debe estar levitando como 3 centímetros. Pero Godard es peligroso y ustedes en Argentina lo saben. Hay como una crítica solapada, pero también hay una profunda admiración al cine que hacen en ciertas escuelas acá. Y también es cierto que hay personas que han constituido en lenguaje personal a partir de Godard. Como Matías Piñeyro, que me encanta lo que hace, que lo ha llevado a otro nivel. Pero siento que es muy peligroso meterse en ese territorio. Pero para mí, si existe un único cineasta, sin dudas es Godard.

Elisa junto a Anna Karina

Sebastián Santillán: ¡Vi que tenés fotos junto a Anna Karina! ¡El sueño de todos los godardianos!

 

Elisa Eliash: ¡Sí! Fue en el festival de Cracovia. No lo podía creer. Era parte del festival, la vi en un restaurant y casi me atraganté de verla, como en las películas. Estaba presentando una película que dirigió ella… ¡malísima! ¡no te puedes imaginar lo que era! Pero daba lo mismo. ¡Fui a todas las funciones! Y en todas las funciones le decía “¡Tomémonos unas fotos!”. Todas salían pésimas, muy oscuras. Pero bueno, me tenía que ir, me pasa a buscar la van por irme al aeropuerto ¡y estaba Anna Karina ahí adentro! Me empezó a hablar que había hecho una película con Raúl Ruiz, de Chile, de Francia, de su película. Luego nos tomamos juntas el vuelo a Frankfurt. Y me regaló una rosa… ¡Anna Karina me regaló una rosa! Estuve con mi rosa por todas las combinaciones de vuelos, como si fuese El Principito con su rosa. ¡Pero al llegar a Chile la gente del Ministerio de Salud me la sacaron!

Qué manera de idolatrar a alguien. Godard es demasiado grande, lo ha hecho TODO.

Sebastián Santillán: Relacionado un poco con esto, siento que tu película es muy política. Porque rompe con cierta tradición realista, tan prototípica del cine latinoamericano, al plantear esa artificialidad de la que hablabas. En todo eso hay gestos políticos latentes. La película provoca desde la forma, no desde el argumento.

Elisa Eliash: De eso se trata. Estoy medio sola con eso en Chile, ja. No, hay gente joven que está en esa lucha. Pero es muy políticamente incorrecto decir eso en Chile, es quedarte sin apoyo de ningún fondo, quedarse muy solo. Porque el cine en Chile se sigue concibiendo desde ahí.

Argentina es bastante especial en ese sentido, por eso me gusta tanto el BAFICI. Siento que hay una mirada formalista que no existe en otros lugares de Latinoamérica. Por ejemplo, fui a un lugar a presentar Mami te amo y me preguntaban cuál era el problema social. No se podía distinguir lo político en el cine.

Sebastián Santillán: Un debate que tuve hace unos días, fue respecto a eso, que todo cine es político.

Elisa Eliash: ¡Absolutamente! Todo cine es político, pero a través de otras estrategias. Todo está darte cuenta cuáles son las estrategias. La finalidad no siempre es social. Pero mi próxima película va a ser aún más política.

Sebastián Santillán: ¿Sobre qué va a ser?

Elisa Eliash: Aún es muy incipiente, pero me tiene tan entusiasmada que no puedo controlarme de conversarlo. Es sobre una familia que pone bombas en la noche. Tengo La Chinoise en la cabeza.

Sebastián Santillán: ¡Va a ser difícil encontrar financiación del Estado chileno!

Elisa Eliash: Ja, sí, muy difícil. Ya no lo hago más, no me doy contra ese muro. Pelearme con los colegas por diez cupos, no vale la pena.

Sebastián Santillán: Recién citabas La Chinoise, una película que surgió en un contexto muy particular de mundo, que por otro lado no siento que sea muy diferente al actual…

Elisa Eliash: Sí, a pesar de que hay diferencias. En Chile siento que hay nuevos sistemas de control de esos movimientos, que son bien perversos, mucho más silenciosos. Acá en Argentina hay una batalla declarada entre el gobierno y Clarín, en cambio en Chile hay una campaña a través de la televisión para el “aguevonamiento”, si me permites la palabra, de la gente, de las masas. Entonces que parece interesante poner a dialogar a estos focos de violencia intelectual.

Sebastián Santillán: Te hago una última pregunta, que me encanta hacer. ¿Qué es el cine para vos?

Elisa Eliash: Te puedo decir, para mí, en este momento. Porque una respuesta definitoria sobre la disciplina, siento que no la voy a apuntar nunca. Por suerte es algo muy dinámico como para poder capturarlo en una frase.

A mí lo que me interesa del cine es el quehacer cinematográfico. Estar en contacto con la materialidad, con la forma, ese contacto con el lente, la luz, el montaje, etc. Me gusta verlo más desde esa perspectiva plástica, más que lo que pasa después con la película. Te soy muy sincera, me interesa mucho estar haciendo cine, pero no me sentiría satisfecha si siento que encontré una fórmula segura. Me interesa hacer películas, contradecir la siguiente,  descubrir algo nuevo en cada nueva obra.

Diálogo realizado el 15 de abril de 2012 en Buenos Aires, Argentina

Publicación: Junio 2012
Elisa Eliash | cine chileno