EDITORIAL

Automatismos e inmensidades. Sobre la necesidad de reinvención e institucionalización del BAFICI

Editorial: Automatismos e inmensidades. Sobre la necesidad de reinvención e institucionalización del BAFICI

Uno de los mayores males que puede aquejar a las instituciones culturales es el automatismo, dañino para todas las organizaciones, pero en especial para aquellas que supuestamente apuestan por expresiones artísticas que se apartan de las convenciones masivas. Otro mal igual de dañino es el ahogo presupuestario, viejo conocido de las instituciones artísticas de gestión pública, no importa distrito, tiempo histórico o color partidario de los gobernantes de turno (aunque no hay que dejar de decir que el amarillo no es un color particularmente afín a colocar al arte dentro de las prioridades presupuestarias).

Resulta evidente que, a pesar de todas las campañas publicitarias orquestadas para intentar desmentirlo, el BAFICI sufre esos dos males. Por un lado, su automatismo queda en evidencia en sucesivas ediciones que, más allá del habitual y sano inconformismo del público cinéfilo local, vienen dejando sabor a poco. ¿Dónde han quedado los tiempos en que el BAFICI oficiaba de plataforma de descubrimiento de agitadores de las imágenes? ¿Cuándo se perdió la búsqueda que las retrospectivas y focos se planteen como caminos alternativos para releer la historia oficial del cine? ¿Por qué se siguen manteniendo categorías tan añejas como las que separan las películas según su duración (que solo incentivan la proliferación de películas estiradas exclusivamente para cumplir con los requisitos reglamentarios para ser consideradas largometrajes)?

Las misiones de los festivales en el siglo XXI no son las mismas que en el pretérito. Nuestro presente es el de un mundo desbordado por las imágenes en movimiento, las cuales se encuentran en absolutamente todos los lugares de nuestra vida, llevando a la necesidad de replantear el carácter ontológico propio del cine. ¿Qué es el cine en el siglo XXI? ¿Qué es el cine independiente hoy, cuando las cámaras están diseminadas en cada lugar del planeta?

La historia del siglo XXI es la del exceso. ¿Cómo no sentirse asfixiado ante lo inabarcable? Atrapado en la falsa idea de amplitud, el BAFICI ha optado por desentenderse del problema. Si el presente demanda miradas incisivas, arriesgadas y coherentes, organizar un mastodóntico festival con más de 450 obras en tan solo 12 días parece propio de una mirada acrítica y llevada por el exceso, que funciona solo por lógica estadística (ofrecer 4 ó 5 films notables sería simplemente cuestión de que el 1% de la programación cumpla esos requisitos).

Es paradójico, y a la vez lo más sintomático de su crisis, que el hecho más saludable que vivió el BAFICI 2012 surgió por fuera de su programación. La exclusión de Tierra de los Padres de Nicolás Prividera, film notable e indudablemente radical tanto en su apuesta formal como política, originó ricos debates públicos que (¡por fin!) excedieron el marco de los pasillos y la voz baja, poniendo en el tapete los mecanismos y criterios de selección manejados por los programadores del festival. Lo más rico que ofreció el debate fue la posibilidad de pensar al BAFICI como una institución que excede a las personas encargadas de la programación, el evento anual y los lugares físicos donde se realiza: el BAFICI debería ser pensado como una institución que nuclea debates respecto al presente, pasado y futuro del cine, de la cual formamos parte todos aquellos que decidimos formar parte de dichos debates, no solo los funcionarios públicos que eventualmente tienen a su cargo la gestión del evento anual. Lamentablemente, los programadores del festival no estuvieron a la altura, decidiendo autoexcluirse de los debates bajo excusas banales, como la de reducirlos puntualmente a una película.

El otro punto fundamental de la crisis del BAFICI es el inocultable ahogo presupuestario que viene sufriendo desde que Hernán Lombardi se hizo cargo del Ministerio de Cultura. Negando la inflación que su propio partido denuncia públicamente, el BAFICI lleva años con su presupuesto congelado, situación que se agrava teniendo en cuenta el gran aumento sufrido en los valores de los screening fee (el monto que se le paga a productores y distribuidores para permitir proyectar películas en el festival) en los últimos años. Negándose a reducir la cantidad de películas exhibidas, el ahogo presupuestario repercutió en muchos aspectos del festival: relleno de la programación con múltiples obras de escaso interés, ausencia de films fundamentales (The Deep Blue Sea de Terrence Davies fue el más evidente de este año), aumento desmesurado del precio de las entradas y reducción a niveles porcentuales irrisorios de los descuentos a jubilados y estudiantes, pauperización de las condiciones laborales de las personas que trabajan en el festival, etc.

El camino para cambiar esta situación de crisis remite nuevamente a la gran deuda de la democracia argentina toda: la verdadera institucionalización de las instituciones. No basta con elegir a nuestros representantes en cada contienda electoral, tenemos que sentirnos parte del problema de la falta de institucionalización. El BAFICI hoy por hoy goza de una precariedad institucional absoluta: su continuidad solo depende de la voluntad del gobernante de turno, no tiene marco legal que lo resguarde. Tampoco tiene protección legal contra el vaciamiento presupuestario, ni estatuto que establezca claramente su misión y objetivos. Y algo fundamental: el BAFICI no tiene proyecto a largo plazo, todo se planifica exclusivamente para la próxima edición. Una reinvención forjada en la institucionalización tan demorada se hace latente como una urgencia impostergable. Porque un festival que no arriesga a pensarse a sí mismo, que funciona en piloto automático, lisa y llanamente apuesta por el conformismo.

Este nuevo número de Marienbad, repleto de diálogos y apuntes en torno al BAFICI, busca ser un aporte al debate abierto. Como sentimos que un festival no es un hecho efímero que acontece una vez al año, sino que sus resonancias se expanden de forma dilatada, esta primera entrega de notas tendrá su continuidad en dossiers y artículos que desarrollaremos en próximos números.

Los invitamos a además a enviarnos sus apreciaciones, tanto respecto a este tema como a los circundantes respecto al pensamiento del cine. En nuestro próximo número estaremos inaugurando la sección de Correo de Lectores, en la cual pueden participar enviándonos sus comentarios a info@marienbad.com.ar.

Publicación: Julio 2012
BAFICI