EDITORIAL

Repensar la historia del cine

Editorial | Repensar la historia del cine

“Como todo hombre de buen gusto, Menard abominaba de esos carnavales inútiles, sólo aptos –decía-- para ocasionar el plebeyo placer del anacronismo o (lo que es peor) para embelesarnos con la idea primaria de que todas las épocas son iguales o de que son distintas.”

Jorge Luis Borges. Pierre Menard, autor del Quijote

Me resulta necesaria una declaración pública de sentimientos. Cada lanzamiento de número es una tarea por demás ardua, que demanda meses de preparación, ensayos, pruebas y errores. Más de una vez ha rondado la pregunta sobre el por qué seguir realizando una revista de cine, un concepto tan del siglo XX, cuando el siglo XXI parece requerir formas más breves, directas y al paso. Las respuestas que he esbozado han sido variadas y dependen de los ánimos del momento, pero esencialmente se reducen a que el cine es un fenómeno complejo, que se encuentra en un momento clave de redefinición, que requiere de debates amplios que exceden los límites impuestos por la industria de la comunicación. Hasta donde he querido enterarme, no he encontrado ningúna línea de 140 caracteres ni ningún videominuto que haya aportado algo más que ruido al debate crítico. Urge debatir en serio.

Un problema esencial para pensar el cine contemporáneo, que ya hemos planteado antes en esta columna, es la imposibilidad de delimitación clara sobre lo que es el cine hoy. A la vez, es una situación por demás afortunada: el cine es mucho más que lo que siempre se creyó que era. La coexistencia en este número de reflexiones sobre propuestas completamente heterodoxas –desde los legendarios planos fijos de James Benning para interpelar a historia estadounidense hasta una heroína chilena de metralletas tomar– nos hablan a las claras de la imposibilidad de establecer una poética del momento, como muchas veces se intentó con otras décadas, con resultados mayormente desalentadores (libros y dossiers del estilo “el cine de los setentas” suelen caer en generalizaciones que impiden tener una verdadera dimensión de lo que aconteció en un momento determinado).

Pero existe además además un problema esencial para abordar los aspectos estéticos del cine. La pedagogía cinematográfica ha instaurado demasiados dogmas, creencias de fe y cuentos cerrados. Es momento de cuestionar los dogmas, porque terminan inmovilizando al arte. Es momento que en el cine también se empiecen a cuestionar los grandes relatos sobre la historia.

Ante un tiempo imprevisible, de aguas movedizas, la efervescencia es fundamental. Tal vez por eso es que indigna tanto una película tan rancia como El Crítico, porque su propuesta estética no solo es retrógrada, sino que además la construcción ideológica que hace del héroe exalta los vicios más notorios del empobrecimiento del pensamiento crítico.

Por ello es necesario repensar las raíces sobre las cuales se ha construido cierta idea de la historia del cine. En su búsqueda de autonomía y legitimación, muchos trayectos de la historia del cine han buscado interpretarse exclusivamente desde el cine mismo. Es necesario acabar de una vez por todas con esa metodología de abordaje. Es imposible pensar el cine sin un diálogo con otras artes, por más que les cueste aceptar a los cinéfilos más ortodoxos. Hay que pensar el cine en relación a la plástica, la música, la danza, el teatro, la arquitectura, etc. Su historia no puede ir separada de los debates que se dan en el centro de la sociedad. Todo pensamiento crítico debe ser conscientemente político. En ese sentido, resulta desestimulante observar cómo programas de recien nacientes carreras de crítica de cine delegan más del 90% de sus materias a especificidades de cine, dejando tan solo dos o tres restantes dedicadas a “cultura general”. Es necesario cuestionar esa forma de abordar el cine, porque lo termina hiriendo. Es necesario cruzar al cine y no separarlo. Es la única manera de exaltarlo.

Repensar la historia del cine desde vertientes múltiples, indagando sobre sus resonancias en el presente, es uno de los ejes que viene guiando a Marienbad y del que nos sentimos contentos. El camino es infinito, y no sabemos sinceramente a donde iremos a parar, por lo que agradecemos por demás su compañía fiel.

Publicación: Junio 2013