Sobre la proyección en digital de Die Weber

La importancia de llamarse fílmico

Sobre la proyección en digital de Die Weber

En el marco del XII Festival de Cine Alemán realizado entre el 13 y 19 de septiembre de 2012, se proyectó como función de clausura el film silente Die Weber, de Friedrich Zelnik, con música en vivo del trío Mudos por el Celuloide. Siendo destacado por ser inédito en Buenos Aires y contar asimismo con una copia restaurada a cargo de la Fundación F. W. Murnau, los espectadores resultaríamos ser privilegiados ante tal conmemorativa proyección.

Die Weber es un film en 35mm del año 1927, basado en la novela naturalista de G. Hauptmann. Remitiendo a un hecho real, hacia 1840 los tejedores de la fábrica de Dreißiger deciden manifestarse en contra de la miseria en la que viven. Organizándose alrededor de la figura dirigente de Moritz Jäger, los trabajadores se unen progresivamente contra la fuerza institucional que intenta detenerlos. Consideramos atinada la proyección —en las salas de cine Village Recoleta— de un film que manifieste abiertamente la opresión social y económica de los trabajadores, en una de las zonas más pudientes de la ciudad porteña. Lo que no resultó atinado fue el formato en el que el film concibió su proyección.

Si el soporte original del film es el fílmico —al cual fueron agregados planos desaparecidos— nos preguntamos: ¿por qué el soporte del film fue modificado? ¿Por qué la copia que proyectaron era en Blu-ray? ¿Por qué no aparecía la aclaración del cambio de soporte en la página web, en el folleto, o bien, en el momento de la presentación del film? O simplemente, ¿por qué hacernos estas preguntas?

En una de las obras de teatro más importante de Oscar Wilde, la honorable Gwendolen Fairfax argumenta que “en cuestiones de gran importancia es el estilo, y no la sinceridad, lo que cuenta de verdad”. Es cierto: la proyección fue de gran importancia y el film pudo ser visto en una sala ahogada entre ojos y oídos inquietos. Reflexionar sobre la reiterada cantidad de veces que se congelaban las imágenes, la cual iba aumentado llamativamente; la distracción del espectador (sin retorno) en el mejor momento dramático del universo diegético; la forzosa detención del film por algunas “falla técnicas”; la visión de una pantalla en fucsia hasta que pudiérase encontrar una copia sin defectos; la doble detención forzosa de los músicos ante la no visión continua de los fotogramas; la pérdida de ilusión de movimiento; la pérdida cualitativa de las imágenes; la pérdida de la integridad física del celuloide; la pérdida de ver el film dignamente, pareciera no tener sentido. Cualquier espectador podrá decir que vio a Paul Wegener interpretando al desalmado Dreißiger, o bien al niño desnutrido que alucinaba jugar con el caballito de madera. Más allá de los imprevistos en la proyección, el film pudo verse.

En la obra de Wilde, Algernon Moncrieff crea el bunburysmo definiéndolo como “un enfermo crónico (…) que me permite marcharme al campo cuando me conviene”. Siguiendo la teoría de Moncrieff, entenderíamos que la copia en Blu-ray fuera un enfermo crónico. Pero no seamos drásticos. ¿Por qué respetar el soporte de un film mientras exista el bunburysmo? ¿Por qué respetar el soporte de un film en el marco de un festival de cine, mientras exista el bunburysmo?

Algunos espacios de proyección en Buenos Aires, a saber, el Malba, la Filmoteca (SOC) o la Sala Lugones (que a veces proyecta en digital, pero informándolo previamente) se encargan de conservar el formato primitivo del film, convirtiéndolo en protagonista.

El personaje y protagonista Jack Worthing, en el último acto de la obra wildeana, sostiene que “(…) confirmar una falsedad es una acción decididamente cobarde”. Aplaudirla y no darle importancia, también lo es.

Publicación: Septiembre 2012