EDITORIAL

Crónica de un verano. Esbozos sobre una cinefilia transnacional

Crónica de un verano. Esbozos sobre una cinefilia transnacional

El calendario determina que este segundo número de Marienbad sería algo así como un “número de verano”. Pero la realidad parece estar bastanta alejada de esa circunstancia. Dar los primeros pasos de una revista de cine es buscar definiciones, posicionamientos, debates y, por qué no, peleas. Por eso es que decidimos no tomarnos un descanso veraniego ni adoptar un tono pasatista de ocasión, porque las circunstancias demandan un rol activo en el pensamiento y accionar del cine, no importa la temporada y la temperatura.

Recibimos muchos comentarios respecto a nuestro primer número. Dejando de lado los comentarios de amigos, que ya sabemos que nos quieren y nos miman, nos llegaron también muchos comentarios gratificantes. Pero desearía abordar un ítem que me resultó particular: el comentario que no parecemos una revista de cine argentina. Que siento que tiene bastante de cierto. Porque si bien todo el equipo inicial provenimos de Argentina, en nuestra concepción del cine intentamos evadir lo lugares comunes propios de las revistas de cine locales: no nos manejamos por la agenda marcada por los estrenos del momento (de hecho hemos comentado muy pocos estrenos comerciales), intentamos evadir la trampa del reseñismo vacío con fines exclusivamente completistas, no callamos ni evadimos expresar opiniones críticas hacia los poderes gubernamentales que determinan las políticas de Estado. Pero sobre todo, porque sentimos al cine y a la cinefilia actual como fenómenos profundamente transnacionales.

¿A qué nos referimos con fenómenos transnacionales? A que es imposible pensarlos desde lógicas exclusivamente locales. Si bien cada país tiene circunstancias particulares (por ejemplo, Argentina no tiene una institución esencial como una cinemateca nacional, a pesar que la ley para su creación fue aprobada hace casi 20 años), muchos de los fenómenos exceden el marco de países, para plantearse como cuasi universales: los inconvenientes para encontrar canales de exhibición y comercialización del cine que se aparta de las esferas industriales, las anacrónicas políticas de subsidios estatales que priorizan un cine argumental usualmente propagandista, el desinterés del público masivo por propuestas que se aparten de las convenciones más esquemáticas, etc. Dentro de ese panorama universalmente desolador, los cinéfilos hemos encontrado algunos lugares de resistencia: los festivales de cine de mayor riesgo (que en estos tiempos vieron peligrar su subsistencia, como el Punto de Vista), algunas publicaciones especializadas recientes y no tanto (Détour, Lumiere, Contrapicado, Lafuga, El ángel exterminador), otras que se reinventan para seguir manteniéndose fieles a sí mismas (como la Caimán. Cuadernos de Cine), las escasas pero distinguidas editoras de autor (Intermedio, Criterion, Second Run, Artificial Eye) que se esmeran por brindar ediciones ejemplares. Pero sobre todo hemos contado con Internet como nuestro aliado, el lugar eminentemente transnacional del mundo contemporáneo.

Es difícil, por no decir imposible, concebir el mundo de la cinefilia actual sin contemplar Internet. No solo porque acerca a personas en pos de causas comunes (como defender al Festival de Gijón de su vaciamiento conceptual, producto de la expulsión de su histórico director, José Luis Cienfuegos), sino también porque permite a los interesados acceder a las obras que estaban marginadas por los cánones y que hoy motivan nuevas relecturas de la historia del cine. Hoy un cinéfilo puede estar al tanto de las obras de Jean Eustasche, Miko Naruse, Bell Tarr o Glauber Rocha gracias a Internet, sin depender que las programen en su ciudad (si es que su ciudad tiene cines o instituciones interesadas). Muchas de esas comunidades, que espontáneamente han generaron instancias de intercambio que permitieron acceder a obras que fueron marginadas históricamente por la distribución, se ven amenazadas hoy por el accionar de grupos que se han autoproclamado policías del mundo, así como por empresarios inescrupulosos que han desviado el espíritu de intercambio directo, adoptando el rol de falsos paladines de la libertad de expresión.

Dentro de este panorama (del cual estas líneas son apenas un esbozo de un tema amplio y complejo que buscaremos abordar en próximas entregas), emerge nuevamente una figura esencial y pocas veces recordada en dimensión como es Jonas Mekas. El querido Jonas ha tenido la capacidad de dilucidar este mundo transnacional y completamente globalizado desde hace ya bastante tiempo, ya sea desde sus columnas en el Village Voice, desde ese hermoso templo del cine que es el Anthology Film Archives o desde su propia práctica fílmica. Una felicidad mayor es tenerlo hoy completamente activo, habiendo participado en esa experiencia histórica que han sido las videocorrespondencias. Como sus enseñanzas no parecen acabarse nunca, en este número de Marienbad compartimos la transcripción completa del encuentro que sucedió en Barcelona, en donde tuvo un memorable diálogo con José Luis Guerin, otro de nuestro cineastas preferidos.

Otro momento histórico del 2011 fue la recuperación y proyección de la película Traité de bave et d'éternité de Isidore Isou, film que demandaría salir corriendo a corregir los libros de historia del cine. Su proyección en Mar del Plata tuvo su cuota amarga: fue casi completamente ignorada por la prensa especializada, que sin embargo llenó sala ante la visita de una figura tan intrascendente como Willem Dafoe. Fue una oportunidad única perdida: uno de los máximo intelectuales de Argentina, Eduardo Grüner, tenía a su cargo la presentación y debate, que fue interrumpido por motivos de programación. Pero como no deseamos que ese momento que debió ser histórico (y que a pesar de todo lo fue) se pierda, reproducimos en este número el debate interrumpido y una charla abierta que tuvimos luego con Grüner.

¿Les contamos que amamos Road to Nowhere de Monte Hellman? Algunos la odiamos inicialmente, porque nos desbordó y no supimos qué hacer. Pero el tiempo le dió la razón y esa fascinación unica que tiene hizo que la eligieramos como la película del año, en nuestro primer Top 10 anual. Está acompañada de otras ilustres genialidades que nos regaló el año.

¿Les contamos que amaremos eternamente a Victor Erice? Tanto que lo usamos como excusa para inaugurar la sección Sinestesias, referida a la relación del cine con otras artes. Además recuperamos, para la sección documentos, uno de sus textos como crítico, escrito hace medio siglo, pero cuya capacidad reflexiva se mantiene intacta. Un texto de un nivel de audacia increíble, que merece ser rescadado del olvido. En esa misma sección rescatamos un texto de Leopoldo Torre Nilsson y una feliz relectura de Raúl Perrone de su famoso decálogo, entre otros.

Una de las secciones de mayor repercusión de Marienbad ha sido la de Clases Magistrales. En esta tenemos dos increíbles y muy distintas entre sí: las dictadas en Argentina por los hermanos Dardenne y por Joe Dante. Completas y anotadas, fiel al estilo de Marienbad.

Otro verdadero documento es la entrevista con Adolfo Aristarain, de quien habíamos perdido rastro hace bastante tiempo. Es la primera colaboración con la gente del programa chileno El Mundo sin Brando, que se encarga de abordar con profundidad la trayectoria de distintos personalidades del cine de renombre.

También inauguramos la sección de Libros, con una reseña y entrevista con Carlos Losilla. Estamos muy contentos de esa sección, porque el cine no se nutre exclusivamente de películas, sino también de todos los pensamientos que se generan a su alrededor. Es un gusto inaugurar la sección con el abordaje de un crítico de cine de quien valoramos enormemente sus escritos.

¿Dije al principio de esto que no importaba que fuese verano? Mentí, por lo menos en parte. Allá afuera los pájaros cantan y el sol pega en mi ventana. Siento que me convoca. Así que les dejo este nuevo número, que es bastante grande (¡si habrá costado hacerlo!), para que lo disfruten.

Publicación: Febrero 2012