Los productores del film aclaran detalles sobre su realización

Sobre la producción de El Estudiante

Sobre la producción de El Estudiant

Luego de las polémicas surgidas en torno a las formas que tuvo la producción El Estudiante, los productores del mismo enviaron una nota a los medios para realizar algunas aclaraciones sobre las particularidades que tuvo la gestación de la película. Reproducimos aquí el texto, un significativo aporte al debate sobre las formas de producción del cine independiente.

La manera en la que fue producida El estudiante no es un modelo sino justamente lo contrario: es la respuesta que pudimos dar a un modelo en el que cada vez es más difícil producir y distribuir operas primas.

A principios del 2010 teníamos un guión en el que confiábamos y que en términos industriales podía calificarse como complejo. Decidimos seguir las reglas y producirlo por uno de los dos caminos que el cine nacional prevé para primeras películas: presentamos el guión al primer llamado del concurso de operas primas 2010. Y no ganamos. Quedamos segundos suplentes. Resolución 1949/2010 del INCAA.

La única alternativa que nos quedaba entonces era la preclasificación en asociación con un productor con antecedentes. El presupuesto fue el mayor inconveniente: superaba ampliamente el subsidio de medios electrónicos “asegurado” para cualquier película que cumplimentara los requisitos. Debíamos buscar financiación adicional en el ámbito local y/o internacional y, para obtener esa financiación, estábamos obligados a resultados comerciales que, salvo raras excepciones, se consiguen sólo mediante grandes inversiones en lanzamiento: en definitiva, era una película que implicaba, para quien se aventurara a producirla, un riesgo económico enorme.

Con las buenas repercusiones que generó el film, algunos se preguntarán por qué no se asumió ese riesgo, pero a mediados del 2010 El estudiante era visto como un proyecto demasiado ambicioso, de un director desconocido, sin un elenco “estelar”, con un tema de dudoso interés. Básicamente, una quimera, imposible de financiar como el guión mandaba. La alternativa era, amputar el guión, armar un elenco con figuras, reducir la cantidad de actores, las semanas de rodaje, renunciar a todo lo que hace que El estudiante sea lo que es, y esperar, con mucha suerte, año y medio para filmarse, y acaso más de dos para estrenarse.

Dicho esto, por lo menos hasta donde llega nuestro conocimiento, ninguna de las películas que resultaron ganadoras de aquel concurso de operas primas del que participamos se han filmado todavía y no es difícil imaginar las dificultades a las que se van a enfrentar cuando tengan que sostener, con un premio de principios de 2010 un presupuesto actualizado. Por otro lado, en lo que va de 2011, no se han abierto nuevos concursos para la realización de primeras películas.

En ese contexto, nuestras alternativas eran realizar el film de forma independiente, o no hacerlo. No estábamos dispuestos a lo segundo, y esa convicción de no renunciar a las películas no responde a un modelo sino una escuela. Una escuela que compartimos con El Pampero Cine que, a través de Laura Citarella y Mariano Llinás, fue clave para pensar la manera en que El estudiante podía llevarse a cabo. Es decir, no es que nos opusimos a las reglas, sino que las reglas fueron las que nos expulsaron.

El rodaje se extendió durante 6 meses, filmando cuando podíamos, con un equipo de nunca superaba las 10 personas. Esas personas ni siquiera eran siempre las mismas, ya que todos teníamos que trabajar para vivir mientras hacíamos la película. Preprodujimos por etapas, filmando con un registro documental en video y con una inversión mínima en lo económico para solventar los gastos básicos de rodaje: los materiales de trabajo, los seguros, y un viático (evidentemente alejado de las tablas de los sindicatos) para el elenco y equipo técnico. A esto se sumaron los aportes de todas las personas, productoras e instituciones que apoyaron con espacio, trabajo y equipamiento la realización de El estudiante.

En los años en que nosotros nos formamos como cineastas, donde la mayoría de los directores del Nuevo Cine Argentino hicieron sus primeros films, una película hecha por fuera del sistema podía demostrar sus méritos ante el INCAA y acceder a recursos que le permitieran regularizar sus obligaciones laborales, ampliarse a 35mm y, a partir de ahí, acceder a un circuito de exhibición más amplio. Hoy, esa posibilidad no existe, y los que arrancan fuera del sistema se quedan fuera de él.

Cuando la película estuvo terminada se presentó en el BAFICI, y agotó todas sus funciones incluso antes de que empezara el festival. Con muy buenas críticas, muchísimo consenso entre el público, y decenas de invitaciones a festivales internacionales, empezamos a entender que El estudiante tenía la potencialidad de interesar a un público tal vez más amplio que el que asiste al BAFICI; que podíamos pretender una distribución algo más grande que lo que habíamos imaginado originalmente.

Fue entonces cuando nos topamos nuevamente con las reglas. Las únicas salas acondicionadas para proyectar en video alta definición son las destinadas a proyección en 3D en los multicines, a las cuales era imposible acceder, por obvias razones. Entonces, la otra opción era hacer copias en 35mm, y para eso necesitábamos conseguir un distribuidor que se hiciese cargo de la inversión que eso representaba, sumándole todos los gastos de lanzamiento que una película que sale a definir su futuro en la primera semana tiene que hacer. Ese distribuidor hubiera tenido, entonces, no sólo que costear las copias sino ampliar la película como gasto de lanzamiento, y hubiera estado obligado a resultados que sin el apoyo de los subsidios muy pocas películas argentinas tienen, para recuperar su inversión y hacer su negocio. Ese distribuidor, por supuesto, no existe.

La opción una vez mas era el circuito alternativo. Estamos convencidos de que la vida que está teniendo la película en la Sala Lugones y en el Malba, en las ciudades del interior a través de los festivales o la muestra itinerante del BAFICI, casi a sala llena en todas sus funciones, es la salida más coherente y digna para El estudiante y para toda la gente que la hizo.

El estudiante no es un manifiesto contra el INCAA, ni contra los convenios colectivos de trabajo que rigen la actividad y que en nuestra experiencia previa en producción aceptamos y defendimos. Esta película es, en todas sus instancias (producción, distribución y exhibición), la respuesta que pudimos dar a un sistema insuficiente para hacer una opera prima de esta dimensión. Era, sencillamente, la única manera de que El estudiante pudiera existir.

Como productores, lo único que buscamos con El estudiante es poder seguir haciendo películas en condiciones cada vez mejores. Pero también es un problema que El estudiante (como tantas otras películas producidas por fuera del modelo) no genere ante el INCAA un antecedente que nos permita seguir produciendo con fondos de fomento públicos, sin la obligación de asociarnos a otros productores. Es como si el modelo no considerara que el film en sí es una prueba suficiente de nuestra capacidad de producir películas.

La experiencia de haber hecho El estudiante, a pesar de las dificultades, entre amigos, con total libertad y alegría y sin presiones que atenten contra lo que queríamos hacer, es seguramente el capital más grande que tuvo la película y que ahora, para todos, está dando resultados que jamás imaginamos. Con todo, si El estudiante pudiera reforzar un debate que quienes tienen el poder de cambiar las reglas parecen haber olvidado, y que pudiera abrir el camino a tantos nuevos realizadores y productores que tiene el cine argentino, esa sería nuestra mayor victoria.

Publicación: Septiembre 2011