A 100 años del nacimiento de la crítica de cine argentina

Jorge Walsh

Horacio Quiroga: el primer crítico de cine de Argentina

Hace 100 años, en septiembre de 1918, el escritor uruguayo Horacio Quiroga comenzaba a publicar sus artículos sobre cine en la revista El Hogar. Su primer artículo, una crónica sobre la trayectoria del actor estadounidense George Walsh, fue la punta de lanza de la aventura que terminó convirtiéndolo el primer crítico de cine profesional de Argentina, en tiempos en que el medio cinematográfico vivía un auge global producto de las innovaciones narrativas introducidas por D. W. Griffith. A modo de documento rescatamos "Jorge Walsh", el primer artículo de Horacio Quiroga.

Este es el nombre de un actor del film cuya actuación caracteriza, como ningún otro, el alza y baja del cinematógrafo, como arte. Su historia, estando así íntimamente ligada a la de aquel, se presta a algunas reflexiones.

Hoy en día, el nombre de Jorge Walsh1 es harto conocido. Las muchachas solteras sueñan con él, y las casadas sueñan con un hombre así para novio de sus hermanas. “Exclusivamente”, porque Walsh es buen mozo. No hay otro motivo, ni siquiera el de la sugestión dramática, porque el muchacho es un pésimo actor, en el sentido común de la palabra.

Pues bien: Walsh ha sido —ya no lo es más— el más notable actor que nos haya dado el cinematógrafo, consistiendo todo su arte en no dar la menor impresión de poseer arte alguno. Cuando entraba o salía, cuando se quedaba mirando con una vaga sonrisa, se podía jurar que delante de él había un paisaje, una casa, cualquier cosa; jamás un objetivo delante del cual estaba posando. Y como todos los actores honrados, nunca, en aquella época, fijó los ojos en la máquina, como una Theda Bara2 u otro payaso cualquiera. Cumplía así, en su arte, el más alto, elogio que se pueda hacer de un actor o de un autor. Parece que no se diera cuenta de que está trabajando para el actor; parecen gentes que uno ha conocido, en cuanto a los personajes de la novela.

Esto era antes, cuando nuestro hombre interpretó A puño limpio3, La fiera4, El mediador5. Toda su obra está aquí, en estas tres primeras cintas que pasaron poco menos que inadvertidas. ¿Qué resortes de interpretación, de adaptación, de muecas, visajes y demás trucs del arte mentido, aportaba este muchacho surgido de repente? Ninguno, por dicha, a no ser una inesperada caída del pelo sobre la cara, que nadie hubiera sospechado tan largo. Como resorte de emoción, no poseía sino una naturalidad y sobriedad pasmosas (las mismas que hemos visto adaptar después, y como escuela, por la Blue-Bird, por ejemplo). Pero el endiablado muchacho tenía un lindo tipo de hombre, era muy fuerte, y sobre todo era muy buen mozo, sin tener ni un pelo de afeminado, y sin darse cuenta él mismo de su buena presencia. Esto último, muy particularmente, hizo el encanto del hombre. Y cuando después hemos visto desfilar una interminable serie de actorcillos bonitos, mucho más blanqueados de lo que requiere la máquina, no hemos podido menos de pensar con melancolía en aquel cowboy que hizo La fiera con el sólo recurso de lo que valía en sí su persona, sin dramatismo alguno aprendido.

Porque si hay una cinta escrita de punta a cabo para un hombre, ella es La fiera para Jorge Walsh. Ahí está todo lo que él valió como actor, de ella arranca su nombradía, y es por medio de ella que las muchachas aprendieron a soñar con su Jorge. Pero esto es ya viejo. Walsh tuvo la desgracia, como actor, de tropezar en la vida con Fox, cuya mala fe artística de hoy contrasta rudamente con la primera gran época de esa casa. Fox vio lo que tenía en las manos con Walsh, y como la tontería de las chicas es tan grande como la falta de escrúpulos artísticos de un empresario, la casa Fox decidió atrapar al público femenino sirviéndole a Walsh de cebo. En efecto, comenzó por exhibir a aquél casi desnudo, haciendo gimnasia con gran derrumbe de músculos, para particular placer de las niñas (La isla deseada6). Le cortó el pelo —aquel largo cabello sin pretensión, un si es no es arrabalero, y que Walsh atusaba hasta la nuca,—y lo peinó de un modo elegante e irresistible. Lo embadurnó de tal modo, que hoy Walsh no tiene en la cara de visible sino la sombra de las cejas, los ojos y los labios pintados. Le enseñó a hacer muecas cómicas, a fingir asombro abriendo desmesuradamente los ojos ante el objetivo, y a expresar la gula estirando como trompa los labios. Y cuando hubo así transmutado literalmente al sobrio y serio muchacho de La fiera en un payasete sin gracia y con aire de conquistador, lo lanzó entonces a impresionar Altas finanzas7, El vendedor de libros8, Todo un barbián9, Así es la vida10, y el resto.

Tal es la obra de Fox como empresario de Jorge Walsh, y la que éste ha cumplido, por vanidad o afán de lucro. Hay actores que ni aun en la más forzada de las exigencias escénicas pueden perder el carácter que como hombre tienen. ¿Se figura alguien a Hart11 haciendo payasadas? Nadie; pero todos hemos visto a Walsh en un papel cómico, recibiendo puntapiés por detrás, con gruesas muecas para su público. Y si hay un actor un papel cómico, so pena de derrumbe al que no se le debió encomendar jamás total de lo que el hombro vale, ese es Jorge Walsh.

El caso no compromete la estabilidad de ninguna nación; pero es doloroso ver tronchadas las esperanzas que se puso en un actor, y enfangadas con muecas de mono las impresiones de arte muy vivo que nos dió Walsh en La fiera.

Final: lo que ha pasado con este hombre, está pasando actualmente con todo el arte cinematográfico. La sola presencia de un rasgo fuertemente personal en un actor novel, es aprovechada enseguida por el empresario en diez cintas sucesivas. ¡Cuántas veces hemos respirado al ver algo propio! —por fin—en una nueva estrella, hemos perdido también el ánimo ante la feroz y miope manía de las empresas de utilizar a su gente, lo cual es motivo para que sea punto menos que imposible no conocer de antemano el juego a la Barriscale12, Carey13, Hart14, por no citar sino algunos ases. Las actrices, sobre todo, han sufrido el efecto. Las estrellas de bellos ojos muy dueñas de sí, son un simple encanto cuando miran con naturalidad. Tales la Cooper15, la Vernon16, la Malone. Desde el momento en que el director de escena descubrió esto, no hay modo de ver actuar a la estrella sino embobada ante el objetivo. Con el resultado de ver una cosa tan soberanamente poco teatral como la naturalidad, convertida en “efecto”. Nos referimos, quiérase creer, a la naturalidad sin conciencia de sí misma y que es la adorable.

De todos modos, algo nos queda siempre en una mujer de lindos ojos. El destino y la empresa Fox más duros con Walsh, matando bajo pinturas, afeites e imbecilidades, al actor que vió más claramente lo que era el arte cinematográfico. El hombre era buen mozo, es cierto; pero no lo sabía, y de aquí su seducción. Ahora lo sabe demasiado, y no es al público a quien le interesa.

Publicado originalmente en El Hogar N°467, 13 de septiembre de 1918. Se transcribió el texto original corrigiendo erratas de impresión y aplicando pequeños ajustes de actualización ortográfica. Todas las notas al pie, no presentes en el texto original, fueron agregadas por Sebastián Santillán con el objetivo facilitar la identificación de referencias.
Notas

1. George Walsh (1889-1981), actor estadounidense.

2. Theodosia Burr Goodman (1885 - 1955), actriz conocida artísticamente bajo el seudónimo de Theda Bara.

3. A puño limpio (Brave and Bold, 1918). Dirigida por Carl Harbaugh, protagonizada por George Walsh, Frank Conlan y Dan Mason.

4. La fiera (The Beast, 1916). Dirigida por Richard Stanton,  protagonizada por George Walsh, Anna Luther y Herschel Mayall

5. El mediador (The Mediator, 1916). Dirigida por Otis Turner, protagonizada por George Walsh, Juanita Hansen y James A. Marcus.

6. La isla deseada (The Island of Desire, 1917). Dirigida por Otis Turner, protagonizada por George Walsh, Patricia Palmer y Anna Luther

7. Altas finanzas (High Finance, 1917). Dirigida por Otis Turner, protagonizada por George Walsh, Doris Pawn y Willard Louis

8. El vendedor de libros (The Book Agent, 1917). Dirigida por Otis Turner, protagonizada por George Walsh, Doris Pawn y William Burress

9. Todo un barbián (The Yankee Way, 1917). Dirigida por Richard Stanton, protagonizada por George Walsh, Enid Markey y Joseph J. Dowling

10. Así es la vida (This Is the Life, 1917). Dirigida por Raoul Walsh, protagonizada por George Walsh, Wanda Hawley y James A. Marcus

11. Neal Hart (1879-1949), actor estadounidense.

12. Bessie Barriscale (1884 – 1965), actriz estadounidense.

13. Harry Carey (1878–1947), actor estadounidense, una de las primeras estrellas del cine silente.

14. Neal Hart

15. Miriam Cooper (1891 – 1976), actriz estadounidense.

16. Hedda Vernon (1886 – 1925), actriz alemana.

Publicación: Septiembre 2018