Rescate: carta pública de intelectuales franceses sobre la inmigración

Indocumentados: antes de que sea demasiado tarde1

Indocumentados: antes de que sea demasiado tarde, por Patrice Chéreau, Jean-Luc Godard, Anne-Marie Miéville y Stanislas Nordey

Rescatamos a modo de documento una carta abierta, dotada de plena actualidad, publicada en 1998 por Patrice Chéreau, Jean-Luc Godard, Anne-Marie Miéville y Stanislas Nordey en la que denuncian la necesidad urgente de un abordaje humanitario de la cuestión inmigratoria.

No es demasiado tarde. Nunca es demasiado tarde. El 30 de mayo de 1998 vence el plazo para la regularización de los indocumentados que hayan presentado una solicitud en tal sentido. Ochenta mil personas están a punto de ser expulsadas del suelo francés. Sin ningún tipo de miramiento, la actualidad nos lo ha demostrado muchas veces. Estas pocas líneas son un llamado a ochenta mil de nosotros. Existen, todavía pueden revertir el curso de los acontecimientos. Pero es necesario que se manifiesten ahora. Sin demoras.

Hace dos años, algunas decenas de hombres y mujeres, al ocupar ciertos lugares, al iniciar una huelga de hambre, se comprometieron físicamente para defender una idea, un derecho heredado de la Declaración de Derechos del Hombre de 1789: “Todos los hombres nacen libres e iguales en esta tierra”.

Hace hoy veinte meses, centenares de hombres y mujeres de nacionalidad francesa se sumaron, acompañaron a estos ocupantes, a estos huelguistas, durmiendo a su lado, velando, poniendo incluso el cuerpo en la batalla.

Hace un año y algunos meses, decenas de miles de personas salieron a protestar contra la violencia y la incoherencia de leyes inicuas, inhumanas.

Hace casi exactamente un año, millones de personas salieron de sus hogares y votaron el programa de la izquierda “plural”2, que está claramente comprometida a derogar las leyes Pasqua-Debré3.

En pocos días, de las 150.000 personas que solicitaron la regularización de su situación, sólo 70.000 obtendrán el derecho a permanecer en Francia.

Hace cuatro siglos, Europa abatía su mano de hierro, de fuego y de sangre sobre el áfrica negra, masacraba allí a centenares de miles de hombres, mujeres y niños y organizaba la más gigantesca deportación jamás llevada a cabo para construir la gloriosa América. Hombres, mujeres y niños, engrillados, violentados, humillados fueron arrojados en barcos y separados para siempre de su tierra natal.

Hoy, cuando celebramos con fasto y conciencia culpable apenas velada la abolición de la esclavitud, Francia se apresta a expulsar por la fuerza a casi 80.000 hombres, mujeres y niños con su lote de grilletes, violencias y humillaciones, fuera de su tierra de adopción.

La mayor parte de estos excluidos, de estos exiliados, será llevada a un continente que las grandes potencias han dejado exangüe y económicamente agónico por los efectos sucesivos de una colonización sangrienta y una descolonización vergonzosa, efectuada en despecho del buen sentido.

¿Qué crimen han cometido estas personas que viven en suelo francés y piden seguir allí?

El crimen de querer sobrevivir. El crimen de querer darles a sus hijos, a sus familiares condiciones de vida decentes, aceptables. El crimen de querer tener acceso a las escuelas, los hospitales: ¿es necesario recordar aquí que si, felizmente, los occidentales están conjurando la fatalidad del SIDA, este azote se propaga a una velocidad escalofriante en estos países mal equipados y que, por falta de medios, casi el 20% o 30% de su población parece condenada a muerte sin que se ponga en práctica ningún plan de emergencia internacional?

Lo sabemos. Cuántos de nosotros hemos hecho ya esta reflexión: qué suerte haber nacido aquí y no allá, en latitudes privilegiadas que no son diezmadas por las guerra, el hambre, las catástrofes naturales, las dictaduras. Pues bien, algunos no han tenido esta suerte y solo pudieron a elegir el exilio, la partida, el dejar atrás una tierra que es suya por derecho. No podemos rechazarlos.

Según las elecciones que practica la administración pública francesa, ser soltero da menos derechos que ser casado. Actualmente, sin ninguna duda posible, se puede afirmar que el grueso de las personas que no obtendrán respuesta positiva a su solicitud de regularización son solteras. Es escandaloso. ¿Por qué un soltero debe sufrir una discriminación en razón de su estado civil? En casi todos los países citados más arriba, los abusos de los diferentes poderes o contra-poderes no se limitan únicamente a los militantes que combaten contra un régimen o una idea, sino que afectan a ciudadanos que, en su vida privada, pueden padecer persecuciones sistemáticas.

Para tomar un ejemplo muy concreto de discriminación de hecho, ser indocumentado y homosexual (y, por lo tanto, soltero) condena a una persona a ser pasible en su país de origen de las penas más pesadas y degradantes, incluso la pena de muerte. ¿Es necesario recordar aquí que la homosexualidad, en Francia, no es un delito? ¿Que todos son libres de elegir y de amar a quien quieran?

Unas palabras a propósito del derecho de asilo. ¿Quién puede hoy, entre nosotros, pretender ignorar la violencia de las masacres que tienen lugar en Argelia ante una indiferencia casi general? Debemos saber que los argelinos llegados a suelo francés para escapar del horror son regularmente expulsados. Debemos volver a decir aquí a viva voz que hoy Francia casi no otorga derecho de asilo.

Y Argelia es un ejemplo entre decenas de otros. Como consecuencia de la política desastrosa que aplicaron los países occidentales en el momento de la descolonización, la mayoría de las antiguas colonias se convirtió en regímenes dictatoriales donde se despreciaron los derechos humanos más elementales y se violaron las libertades más fundamentales. Es de esos países que huyen estos hombres, mujeres y niños. Uno no deja la tierra natal con alegría de corazón. Lo hace desgarrado, herido para siempre. Lo hace porque no puede hacer otra cosa. El camino del exilio, del éxodo es un camino doloroso. La cifra de 150.000 “intrusos” que se agita ante nuestras narices como un trapo rojo es, además, irrisoria. Cualquier experto en la materia, cualquier organismo serio que analice los flujos migratorios lo ha dicho y repetido: no hay “riesgo de invasión”. Hacernos creer que la inmigración tiene consecuencias nefastas es una contra-verdad fácilmente refutable. Estos flujos siempre han sido estables.

Por el contrario, la inmigración es una suerte, una riqueza, para una sociedad como la nuestra, que está envejeciendo. El mestizaje es un magnífico himno a la vida. Todo repliegue sobre sí implica una cierta forma de degeneración.

Elevar la voz para luchar contra la política de los señores Jospin y Chevènement4 en materia de inmigración no significa debilitar al gobierno; por el contrario, significa escuchar una voz, una razón que no podría más que justificar, embellecer, las apuestas de nuestra democracia. Un gobierno llamado de izquierda no es infalible, comete errores, hace cálculos equivocados a veces; no hay impunidad, tenemos la posibilidad y el deber de ejercer el derecho de inventario desde ahora. Antes de que sea demasiado tarde.

Tomar la palabra para intentar salvaguardar algunos de los valores más vitales de nuestra república —libertad, igualdad, fraternidad— es ser garantes del mañana, es preservar la libertad de nuestros hijos. Es preocupante constatar que la defensa de los derechos humanos se está convirtiendo en un delito, una manifestación de “extremismo de izquierda”.

Hoy es necesario estar cerca de estas personas, ayudarlas. Este es un llamado.

Recuérdenlo: “¡Primera, segunda, tercera generación, somos todos hijos de inmigrantes!”5 Este no puede ser el lema de una sola ocasión. Hoy, algo menos de 100.000 personas que solicitaron la regularización tienen necesidad de apoyo. Si 80.000 de nosotros hiciéramos un gesto, nos comprometiéramos públicamente por estas 80.000 personas en tránsito, sería un signo sumamente fuerte, un magnífico signo de salud y de vigor para una democracia que vemos, día tras día, amenazada por los demonios de la intolerancia.

No es un signo de agresión hacia el gobierno, es, por el contrario, una mano tendida para salir de un callejón sin salida. Abramos una ventana, ventilemos todos estos debates nauseabundos.

Al celebrarse el 150° aniversario de la abolición de la esclavitud, no cerremos el caso expulsando y cargando contra las miles de personas que, después de haber visto a sus ancestros echados de su tierra por nuestras propias manos, creen haberse ganado el derecho a encontrar un asilo, un refugio de paz y mejor vida.

Este es un llamado. A elegir celebrar durante varios meses apadrinamientos republicanos: varios cientos ya han ocurrido. El 17 y 18 de mayo, durante todo el día y toda la noche, se llevarán a cabo apadrinamientos de este tipo en el teatro Gérard Philipe de Saint-Denis. Ahora puede comenzar un formidable impulso de solidaridad. Una cadena ininterrumpida de 80.000 individuos comprometiéndose con otros 80.000.

[El presente artículo parte de la excelente traducción de Elisa Carnelli publicada en el diario Clarin («Defendamos a los exiliados», en Clarin del 25 de mayo de 1998, pág. 17), con el agregado de la traducción de algunas líneas extras presentes en Le Monde pero no en la versión publicada por el diario argentino. Estas líneas adicionales, así como las notas al pie, fueron realizadas por Sebastián Santillán]
NOTAS:

1CHÉREAU, Patrice, Jean-Luc GODARD, Anne-Marie MIÉVILLE y Stanislas NORDEY.«Sans-papiers : avant qu'il ne soit trop tard» en Le Monde, 13 de mayo de 1998, pp. 1 y 16.

2Refiere a las elecciones legislativas francesas de 1997, en las cuales el Partido Socialista venció a la Agrupación por la República, el partido del por entonces presidente Jacques Chirac.

3Las leyes Pasqua-Debré son el conjunto de leyes francesas de inmigración implementadas desde 1986 por los ministros de Interior Charles Pasqua y Jean-Louis Debré. La última modificación se había producido en abril de 1997, permitiendo la confiscación de los pasaportes de los extranjeros ilegales, así como el almacenamiento de las huellas dactilares de los extranjeros que solicitasen permiso de residencia.

4Refiere a Lionel Jospin, Primer Ministro de Francia entre 1997 y 2002, y Jean-Pierre Chevènement, Ministro de Interior entre 1997 y 2000.

5Canto popular, desde hace décadas cantado en manifestaciones callejeras contra leyes antiinmigratorias.

Publicación: Septiembre 2017