Manifiesto cinematográfico de Satyajit Ray

¿Cuál es el problema del cine hindú?

¿Cuál es el problema del cine hindú?, por Satyajit Ray

Rescatamos, a modo de documento, un artículo publicado en 1948 por el maestro Satyajit Ray, en el que un año después de la declaración de independencia de la India se pregunta sobre los problemas del cine de su país. Esta es una interrogación abierta que invita a pensar al cine como un medio de expresión personal y autoral. Con resonancias de «El nacimiento de una vanguardia: La Caméra stylo» de Alexander Astruc, texto clave en la construcción crítica del cine moderno publicado el mismo año, este artículo de Ray permanecía inédito en español hasta el momento.

Uno de los fenómenos más significativos de nuestro tiempo ha sido la evolucion del cine, el cual ha pasado de ser un juguete mecánico de fines de siglo XIX a convertirse en la más potente y versátil forma de arte de nuestro siglo. En su camaleónica primera etapa, el cine fue utilizado como extensión de la fotografía, sustituto del teatro y el music-hall, y como parte de la parafernaria de los magos. Ya en los veinte los cínicos y los sabelotodo dejaron de mirarlo con desconfianza y cedieron ante el mismo.

Hoy el cine genera un respeto similar a cualquier otra forma de expresión creativa. En la vasta complejidad de sus procesos creativos, combina en diferentes medidas las funciones de la poesía, la música, la pintura, el drama, la arquitectura y muchísimas otras artes, mayores y menores. Combina también la fría lógica de la ciencia con el abstracto ingenio de la imaginación humana. No importa qué se pretenta hacer con él, no importa quién lo use y para qué —el productor para obtener una rédito económico, un grupo político para propaganda o un intelectual vanguardista para satisfacer una necesidad estética— el cine es básicamente la expresión de uno o más conceptos en términos estéticos, los cuales se han cristalizado en increíblemente escasos años.

Tal vez fue inevitable que el cine encontrase su mayor impetu en Estados Unidos. Un país sin ninguna tradición artística y cultural profunda fue tal vez el más capaz para valorar objetivamente al nuevo medio. Gracias a pioneros como Griffith, y a un vasto y sensacionamente dispuesto público que clamaba constantemente por algo nuevo, el estilo básico de realización fue evolucionando y los modelos de producción se perfeccionaron más rápido que lo habitual. Hoy el cine ha llegado a una etapa en la que puede abordar a Shakespeare y a la psiquiatría con igual facilidad. Técnicamente, en el campo del blanco y negro, el cine es supremamente fluído. Nuevos desarrollos en el campo del color y la fotografía tridimensional son inminentes, y es posible que antes que la década termine las estéticas de la realización cinematográfica cambien radicalmente.

Mientras tanto, “brotaban los estudios”, como decía un escritor estadounidense en Screenwriter, “incluso en territorios impensados como India y China”. No puedo dejar de acotar que ese brote se dio en India hace alrededor de cuarenta años. Para un país muy alejado del centro de las cosas, India se inició en la producción cinematográfica sorprendentemente pronto.

El primer cortometraje fue producido en 1907 y el primer largometraje en 1913. Ya en los veinte el cine había alcanzado el status de gran negocio. Es fácil contarle al mundo que la producción cinematográfica en India es, cuantitativamente, solo superada por Hollywood, es un hecho estadísticamente comprobable. ¿Pero podemos decir lo mismo de la calidad? ¿Por qué nuestro films no son exhibidos más allá en el extranjero? ¿Es únicamente porque India ofrece un mercado potencial sólo para sus propio productos? ¿Tal vez el simbolismo empleado es demasiado oscuro para los extranjeros? ¿O simplemente estamos avergonzados de nuestros films?

Para alguien familiarizado con el nivel promedio de los mejores films extranjeros y los hindúes la respuesta es simple. Afrontemos la realidad. Aún no ha habido film hindú que pueda ser considerado entre lo mejor del mundo. Mientras que otros países lo han logrado, nosotros apenas lo hemos intentado y no siempre de la forma más honesta, de manera que incluso nuestros mejores filmes tienen que aceptar la gentil condición de “después de todo es un film hindú”.

Sin dudas esta falta de maduración puede ser atribuída a varios factores. Los productores te hablarán de esta misteriosa entidad llamada “la masa” que “busca este tipo de cosas”, los técnicos le echarán la culpa a las herramientas y el director podrá hablar bastante sobre las maravillas que tiene en su cabeza pero no puede plasmar. En todo caso, mejores cosas se han logrado bajo peores condiciones. El mundialmente aclamado cine italiano de postguerra es un caso ejemplar. La razones están en otro lado. Pienso que se encuentran en los fundamentos de la realización cinematográfica.

En la etapa primitiva, las películas eran muy parecidas, sin importar el lugar donde habían sido producidas. A medida que los pioneros empezaron a percibir la singularidad del medio, el lenguaje del cine gradualmente evolucionó. Y cuando todas las funciones importante del cine —ej: el movimiento— habían sido percibidas, la sofisticación de estilo y contenido y el refinamiento técnico serían tan solo cuestión de tiempo. En India pareciera que el fundamental concepto de un patrón de coherencia dramática y temporal fue habitualmente incomprendido.

A menudo, por un extraño razonamiento, el movimiento fue equiparado con la acción y la acción con el melodrama. La analogía con la música no es adecuada en nuestro caso, porque la música hindú es en gran parte improvisada.

Esta elemental confusión, sumada a la influencia del cine estadounidense, son los dos principales factores responsable del estado presente del cine hindú. Los aspectos superficiales del estilo estadounidense, no importa cuán extravagante el contenido, fueron imitados con reverencia.

Casi todas las etapas pasadas del cine de Estados Unidos tuvo su repercusión en las películas hindúes. Las historias fueron escritan basadas en los éxitos de Hollywood y preservando con cuidado cada uno de sus clichés. Incluso cuando la historia era genuinamente hindú, el fondo se revelaba con una irreprimible inclinación por el idioma del jazz.

En la adaptación de novelas, se seguían dos rumbos: se distorsionaba la historia para amoldarla a la fórmula de Hollywood, o se la realizaba con tal devota fidelidad al original que el propósito de la interpretación cinematográfica fracasaba.

Debemos darnos cuenta que las películas estadounidenses son un mal modelo, en principio porque representan una forma de vida totalmente distinta a la nuestra. Luego porque el gran brillo técnico, sello del estándar de los productos de Hollywood, es imposible de alcanzar bajo las actuales condiciones de India. Lo que el cine hindú hoy necesita no es más lustre, sino más imaginación, más integridad, más apreciación inteligente de las limitaciones del medio.

Después de todo, poseemos las herramientas esenciales de la realización cinematográfica. A pesar de la queja de los técnicos, dispositivos mecánicos como las grúas y las pantallas de fondo son útiles, pero de ninguna manera indispensables. De hecho, las herramientas que tenemos han sido utilizadas en algunas ocasiones con real inteligencia. Lo que nuestro cine necesita sobre todo es un estilo, un idioma, un tipo de iconografía del cine que sea única y reconociblemente hindú.

Hay algunos obstáculos para hacer eso, particularmente en la representación del escenario contemporáneo. La influencia de la civilización occidental ha creado anomalías que aparecen en casi todos los aspectos de nuestra vida. Aceptamos el auto, la radio, el teléfono, la arquitectura moderna, la vestimenta europea, como elementos funcionales de nuestra existencia. Pero dentro de los límites del marco cinematográfico, su incongruencia a veces es exagerada hasta el punto del burlesco. Recuerdo una escena en una popular película hindú en la que se muestra a la heroína llorando perturbada mientras abrazaba una radio portátil —un objeto que ella asociaba mentalmente a su amante ausente, quien alguna vez fue cantante de radio.

Otro ejemplo, típico de final de Hollywood, muestra a la heroína avanzando rápidamente en un elegante convertible para tratar de alcanzar a su amor frustrado, que abandonó la ciudad a pie; cuando lo ve, baja del automóvil, y una especie de gesto simbólico corre el resto del camino hasta encontrarlo.

La mayor parte de nuestros films están repletos de disonancias visuales. En Kalpana, Uday Shankar utiliza dichas disonancias de manera consciente y consistente, de modo que se convierten en parte de su estilo cinematográfico. Pero el verdadero film hindú debe tener claras esas inconsistencias y buscar su material en las aspectos más básicos de la vida en India, donde hábito y habla, vestimenta y modas, contexto y trasfondo, se unen en un armonioso todo.

Solo mediante una drástica simplificación de estilo y contenido habrá esperanza para el cine hindú. De momento, pareciera que prevalecen casi todas las prácticas contra esa simplificación.

Comenzar una producción sin una adecuada planificación, a veces incluso sin un guión de rodaje, la tendencia al rodeo y los argumentos sin rumbo en vez de la fuerte y simple narración unidireccional; la práctica del número musical sandwich en la situación menos musical; el alcance, al mismo tiempo cuando otros países se está virando a la inspiración documental —todo eso se interpone en la evolución de un estilo distintivo.

Ha habido unos raros destellos de iluminadas aproximaciones en un puñado de films recientes. Dharti ke Lal de IPTA es un ejemplo de un poderoso simple tema abordado con estilo, honestidad y competencia técnica. Kalpana de Shaker, un inimitable y muy personal experimento, muestra un camino hacia el pico de los logros cinematográficos. La satisfactoria fotografía que denota el documental de las Naciones Unidas que realizó Paul Zils muestra que puede hacer una perspicaz cámara con el paisaje de India.

El material crudo del cine es la vida misma. Es increíble que un país que ha inspirado tanta pintura, música y poesía fallece en movilizar al cineasta. Tan solo tiene que mantener los ojos abiertos y los oidos atentos. Dejemos que lo haga.

Traducción: Sebastián Santillán

Publicado originalmente en Calcutta Statesman en 1948 bajo el título "What is wrong with indian films?"
Publicación: Septiembre 2017
Satyajit Ray | Uday Shankar