El regreso a Buenos Aires del mítico director de Invasión

Presentación El cielo del centauro

Presentación 'El cielo del centauro', por Hugo Santiago

El cielo del centauro marca el regreso a Buenos Aires de una de las máximas leyendas vivas del cine argentino, Hugo Santiago. En el marco de la premiere pública mundial del film, realizada en el BAFICI, el director dialogó con el público en una apasionada charla que reproducimos íntegra a continuación.

Les cuento mi vida en orden. Me fui de Buenos Aires a los 19 años. Estuve seis o siete años en Paris, volví a los 26 años para estar dos o tres años en Buenos Aires, en los cuales hice mis dos primeros cortos —Los contrabandistas (1967) y Los taitas (1968). Me casé y escribí con Borges y Bioy el guión de Invasión. Con esa película me fui al Festival de Cannes y me quedé en Francia, donde vivo hasta ahora. Pero siempre me consideré un porteño, un porteño apasionado. Espero que esto se vea en El cielo del centauro.

No volví a trabajar ni en castellano ni en Buenos Aires desde Invasión. Estoy preparando desde hace años la tercera parte de la trilogía de Aquilea, mi Buenos Aires mítico, que comenzó en Invasión y continuó en Las Veredas de Saturno (1986), que eran exiliados de Aquilea en Paris. Esa trilogía va a terminar con una película llamada Adiós, no porque sea una despedida, sino que el título tiene que ver con la trama. Es un proyecto muy vasto, una película muy larga y pesada. Y un poco terrible, como son todas mis películas, negras y un algo tremebundas.

Entonces decidí que antes de realizar Adiós tenía ganas de hacer una película mucho más reducida, un cuento, en Buenos Aires. Lo convoqué a Mariano Llinás, quien vino a Paris y planteamos el guión de esta película. Muy pronto estuvimos de acuerdo, algo que suele ser usual (aunque no siempre). Con él planteamos el guión de El cielo del centauro, Mariano volvió a Buenos Aires, yo seguí trabajando desde Paris, pero seguimos en contacto. Muy pronto se armó la producción con La Unión de Los Ríos y un co-productor francés. La película se filmó en Buenos Aires a finales de 2013. Tardó en terminarse porque estuve enfermo durante 2014... ¡pero ahora estoy regio! No pude trabajar todo el año como hubiese querido, pero la terminamos muy bien.

Yo veo mucho cine, sin embargo siento que El cielo del centauro no se parece formalmente al cine que se hace hoy. La traemos aquí porque tiene que ver con el BAFICI, con Buenos Aires y conmigo. Acaso les parezca que el Buenos Aires de la película no se parece en nada al que uno encuentra al salir a la calle. No se parece y a la vez se parece. Como se los dije a los colaboradores durante el trabajo, el film busca ser como un recuerdo de alguien treinta años después. El protagonista es un francés, que pasa 30 horas en Buenos Aires. La ciudad está imaginada, puesta en imágenes y sonidos, como un lejano recuerdo. No diría que es la ciudad de otro tiempo, sino que se parece a un Buenos Aires mental. Tiene mucho de mi niñez. Por ejemplo, aparece mi escuela normal, la Justo José de Urquiza de Flores. Lo puse en el guión y luego fui a buscarla, la encontré. También la Plaza Flores, que era mi plaza. Y hay pájaros de mi infancia, que juegan un papel importante en la estructura de la película. Hay un zorsal que es mi zorsal, hay un jilguero que es mi jilguero, un hornero como el que había en la esquina de la escuela, golondrinas, que son las de mi infancia, gaviotas en la costa...

Sobre el trabajo en el guión con Mariano Llinás, partimos de la idea de un francés que pasa 30 horas en Buenos Aires y sobre eso fuimos estructurando todo. Seguramente no se les escapará que es un film geométrico, planteado por el recorrido que realiza el ingeniero francés. Nuestras ideas iniciales eran narrativas: personajes, lugares, etc. Había lugares de base, yo seguí escribiendo desde Paris y Mariano me fue haciendo sugerencias. Respecto a Candido López, desde el comienzo estaba pautado que iba a estar en la mitad del film, con posterioridad Mariano escribió el texto que dice el personaje de Romina Paula.

La principal diferencia de El cielo del centauro respecto al resto de mis películas, exceptuando a mi segundo cortometraje, es que este film cuenta con elementos de humor, de ironía. Siento que la narración se inscribe dentro de las disciplinas de la narración fantástica porteña, seguramente en la línea de los cuentos de Bustos Domecq, el escritor inventado por Borges y Bioy, que tiene elementos de humor que pasan por el estilo. Esto es muy delicado hacer en cine, porque en la prosa el humor pasa por cierto estilo, cierto decir del narrador, que delata su carácter humorístico a la segunda línea. En cambio aquí era muy delicado que plantear esa mirada irónica que atraviesa de manera insidiosa la película. Tenía que confiar plenamente la historia que deseaba contar, que a su vez poseía ese elemento de humor porteño en el que me reconozco.

La tradición fantástica porteña es vasta, incluye tanto a Borges, Bioy, Marechal e incluso a Cortázar con alguno de sus cuentos. En todos esos escritores lo importante es el estilo. Entonces lo que también me tiene que importar es el estilo, porque es una manera de hacer cine. El estilo en el cine es lo que más me importa. El estilo es una relación entre las imágenes y los sonidos para crear cierto tipo de materia, que para mí es eminentemente cinematográfica. Los momentos que más me importan son aquellos en los que hay hendiduras en los espacios que solo pueden ser hechas con imágenes y sonidos.

Como dije antes, el cine que hago no tiene mucho que ver con el cine que se hace ahora. Pero debo decir que eso me pasó toda la vida. A veces se piensa que mis películas estuvieron de moda cuando se lanzaron, pero eso es mentira. Cuando se estrenó Invasión los críticos de Buenos Aires dijeron que eran unos negros en los túneles y que no se veía nada. ¡Y no se animaban a decir mucho porque estaban Borges y Bioy! Decían simplemente que era “una cosa fantástica” porque estaban ellos dos, pero no entendían nada. No vieron las connotaciones políticas, que fueron vistas recién bastante tiempo después, y que no fueron buscadas especialmente.

Mis películas nunca estuvieron de moda en el momento de su lanzamiento, sino que se pusieron de moda con los años. Invasión se puso de moda recién con el tiempo, empezaron a aparecer distintas lecturas a interpretaciones... ¡y cambiando con los años! Hace muy poco se hizo un reestreno de Invasión en Paris y jóvenes apasionados empezaron a decir que estaban mal las lecturas políticas que se habían hecho en los setentas, porque en realidad era un film sobre... ¡ecología! O sobre el comercio: uno de los personajes decía «por qué no resiste Herrera, si la gente está esperando lo que le vamos a vender», y el otro dice «la gente no se da cuenta, y los que se dan cuenta tienen miedo como yo». Eso era una cuestión de estilo, pensado junto con Borges y redactado finalmente por él. ¡No había un mensaje hacia una línea u otra!

El cielo del centauro es una película romántica, una película líbida para mí, que me emociona. Es exactamente lo que deseaba hacer. No es una película estilizada. Es una película estilada. Está puesta en un estilo de manera apasionada. Mi maestro Bresson, en una de las maravillosas cosas que escribió, decía que se persigue el estilo hasta la locura. Yo fui muy formado por él, por eso también busco el estilo hasta la locura. En esta película trabajamos día y noche en cada cosa., en cada una de las imágenes y cada uno de los tonos.

En esta película hay una búsqueda de un recordar apasionadamente, por ejemplo de un momento de la infancia. También hay una búsqueda de interrogación hacia mi ciudad, Buenos Aires, aunque soy parisino. Y también hay un intentar entender de dónde salimos.

Cada uno de los personajes, cada uno de los intérpretes, de orígenes muy distintos, fue buscado con la misma pasión. ¡Y finalmente fue encontrado! Por momentos con una gran angustia por no encontrarlos. Cada uno de los decorados fue buscado hasta la locura. Por ejemplo el barco, que es como Homero, aparece al principio y al final, fue buscado con desesperación porque no encontrábamos un gran barco que llegara a Buenos Aires, pero Ezequiel Pierri lo encontró tres días antes del final de la filmación.

Así hicimos todo. Desde el comienzo en mi casa en Paris con Mariano, mano a mano. De a poco fueron apareciendo las cosas. Cada cosa es el resultado de una búsqueda apasionada y un poco enloquecida para que cada uno de esos elementos imaginados pudiera cumplir su cometido en esa estructura geométrica.

Diálogo público realizado en el marco de la premiere mundial de El centauro del desierto realizada el 16 de abril de 2015 en Buenos Aires.

Registro y edición: Sebastián Santillán

Publicación: Abril 2015