Violeta se fue a los cielos, de Andrés Wood

Explosión del lenguaje y silencio infinito

Violeta se fue a los cielos, de Andrés Wood

Violeta Parra es dibujada en Violeta se fue a los cielos a través de un relato estructurado episódicamente alrededor de la vida de la artista chilena. Con un recorte temporal que abarca desde la niñez hasta su muerte a los 49 años, Andrés Wood elige centrarse en la densidad del personaje sin respetar totalmente la cronología o la completitud de información. Justamente, no se hace hincapié en la necesidad de generar una biografía pormenorizada y lineal, por el contrario, el acercamiento alterna entre la formación casi autodidacta de Violeta, algunas anécdotas de su trayectoria y, por sobre todo, su psicología y forma de sentir, de estar en el mundo, que se traducen o intentan expresar en sus composiciones y lamentos.

La actuación de Francisca Gavilán —quien encarna a Violeta— da cuenta del deseo de Wood y de todo su equipo de profundizar en la historia de este personaje y, de algún modo, acercarse a su esencia y a sus formas. La obra está basada en el libro homónimo escrito por Ángel Parra, primogénito de Violeta, quien colaboró durante el rodaje en función del antedicho objetivo. Lejos de componer un personaje plano y recurrir a todos los lugares comunes de su biografía, observamos a una Violeta Parra que conforme pasa el tiempo va incrementando su densidad. Las motivaciones que guían su vida y su muerte son simples y complejas al unísono, necesariamente. Allí se encuentra lo más vívido del personaje: un grito vital que puede producir alegría, espíritu combativo o una herida profunda que no cesa de abrirse, imposible de apaciguar con las palabras que, aunque potentísimas y bellas, nunca dicen del todo el vacío, el amor o esa rasgadura interna y particular.

La decisión de no seguir una cronología ni una coherencia total de tiempos y situaciones no deviene en un relato sin narración; el punto destacable es que está puesta en función de generar una espesura que concuerda muy bien con la materialidad de las obras de Parra así como con los espacios, situaciones y personalidades que se observan en esta obra de Wood. La utilización de los recursos se equilibra, ciertos elementos dan cuenta del personaje de manera bastante convencional mediante la inclusión de anécdotas o rasgos biográficos muy conocidos, como la exposición de sus tapices en el Museo Louvre o su situación social, cuyo andamiaje en el relato se encuentra en algunas escenas episódicas y en el reportaje, también ficcionalizado, que dialoga —a modo de documento, metalenguaje o comentario— con éstas. Por otra parte (y esto es sólo una forma de decir, ya que no es la intención desbrozar la obra por bloques de análisis), hay varios momentos que de un modo más poético focalizan en el interior de un personaje lleno de fantasmas y de flores. En unos inserts, que en principio parecen abstractos e indiscernibles, observamos planos detalle de dos ojos distintos; esas imágenes siguen apareciendo y se vinculan con la referencia de gallina sufrida que hace Violeta de sí misma, gallina que ama profundamente a un gavilán que acaba desgarrándola hasta la muerte. Cerca del final atribuimos esos ojos a los de Violeta y a los de la gallina.

Consabido es el suicidio de Parra, se pegó un tiro en su carpa cultural de La Reina, aquí su muerte se representa mediante el sonido del disparo, elidiendo la imagen innecesaria, pero es resignificada visualmente a través del insert de la gallina y el gavilán revoloteando en un bosque absolutamente cargado de irrealidad, ligado al Hades o al sueño; el gavilán con sus garras da muerte a la gallina que, para esta instancia y tras el lamento amoroso expresado en El gavilán —una de las tantas canciones que son recuperadas en la película—, aglutina y duplica metafóricamente algunos rasgos de la protagonista.

La posible díada muerte y creatividad vincula a Violeta Parra con otras personalidades históricas femeninas que atravesaron bordes y desbordes similares. Mujeres como Alfonsina Storni, Virginia Woolf o Alejandra Pizarnik eligieron el suicidio como bálsamo o liberación para sus miedos y fantasmas. Eruditas y rupturistas en su coyuntura creativa, abrazaron dentro de sí el inexorable vínculo entre la vida y la muerte, entre la explosión del lenguaje y el silencio infinito.

Violeta se fue a los cielos no pretende enaltecer a la artista chilena, de la estructura espesa de su personaje se desprenden las contradicciones imbricadas en su vida; sin juzgarla o generar un discurso moral sobre ella, manifiesta la convivencia de la generosidad y las obsesiones egoístas, de la seguridad extrema como mujer y artista y los complejos por saberse fea o envejecida, de la autonomía o independencia de género y la profunda necesidad de retener a un hombre al lado que ya no la quiere.

Finalmente, las anécdotas puntuales sólo tienen relevancia en función de relacionar la dimensión humana con la producción artística que ha dejado. En este sentido, la película no cobra interés por retomar datos del orden de lo privado sino por intentar poner en escena, en tiempo y espacio, la textura y el ritmo volátil y a la vez denso de Violeta Parra, que yace en los sentimientos íntimos y en los gestos de la naturaleza violenta y bella.

Publicación: Enero 2012

Título original: Violeta se fue a los cielos
Año: 2011
Origen: Chile, Argentina, Francia
Duración: 110 minutos
Dirección: Andrés Wood
Guión: Andrés Wood, Eliseo Altunaga, Guillermo Calderón y Rodrigo Bazaes, sobre novela homónima de Ángel Parra
Fotografía: Miguel Loan Littin
Montaje: Andrea Chignoli
Sonido: Miguel Hormazábal
Música: Ángel Parra, Chango Spasiuk, José Miguel Tobar, Miguel Miranda, sobre canciones de Violeta Parra
Intérpretes: Francisca Gavilán, Thomas Durand, Luis Machín, Stephania Barbagelata, Cristián Quevedo, Patrício Ossa, Gabriela Aguilera, Roberto Farias, Marcial Tagle.
Producción: Wood Producciones, Maiz Producciones, Bossa Nova Films Production