Twin Peaks: The Return, de David Lynch y Mark Frost

El regreso de Twin Peaks: una revolución contemporánea

El regreso de «Twin Peaks»: una revolución contemporánea, por Sebastián Santillán

La vuelta a la televisión de la ficción creada por David Lynch y Mark Frost devino en el mayor acontecimiento audiovisual de los últimos años, un verdadero hito contemporáneo. Su riesgo formal y conceptual tiene la potencialidad de cambiar el medio cinematográfico para siempre, liberando a la ficción serial de sus ataduras y convenciones. A continuación, la crónica de una revolución en curso.

El origen

Pocas series han tenido un camino tan sinuoso y accidentado como Twin Peaks. En una trayectoria que tuvo bastante de montaña rusa, la serie pasó en tiempo record de la consagración inmediata a la caída estrepitosa que significó su temprana cancelación al término de la segunda temporada. Pero como toda serie de culto, la cancelación no hizo más que acrecentar su reputación con el paso de los años.

Creada por David Lynch y Mark Frost, dos artistas con trayectorias y concepciones muy distintas, sus diferencias creativas no hicieron más que potenciar a una obra que desde el comienzo se supo atípica. David Lynch acababa de dirigir Terciopelo Azul (Blue Velvet, 1986), una película de gran impacto que lo catapultó a una fama inesperada (con nominación al Oscar incluída), mientras que Mark Frost era un joven que se abría camino en el medio televisivo principalmente a partir de sus guiones para la serie Hill Street Blues. El encuentro de ambos fue producto de las gestiones del agente artístico Tony Krantz, quien representaba a ambos y promovió un proyecto conjunto. De inmediato el dúo se puso a trabajar en Goddess, una biopic sobre los últimos días de Marilyn Monroe. A pesar que la película nunca llegó a concretarse, la buena química entre Lynch y Frost los llevó a preparar otros proyectos juntos —que tampoco superaron la etapa de preproducción, como el de One Saliva Bubble, un guión escrito por ambos en 1987 y que Lynch intentó dirigir durante bastantes años-. Hasta que una tarde, en una cafetería de Los ángeles, les surgió la imagen que daría germen a Twin Peaks: la de una chica muerta envuelta en plástico a la orilla de un lago. Su nombre sería Laura Palmer, y ella sería la clave para adentrarse en los aspectos más oscuros y ocultos de un pueblo tradicional de Estados Unidos

«El misterio de quién mató a Laura Palmer era el paisaje de fondo, algo que iría desvaneciéndose mientras conocíamos a otros personajes y sus problemas. Cada semana nos centraríamos en cosas diferentes», afirmaba Lynch. Twin Peaks estaría poblada por personajes extravagantes, repletos de secretos y misterios. Y para investigar el asesinato de Laura Palmer llegaría Dale Cooper, agente del FBI no menos excéntrico, que no dudará en utilizar atípicos métodos de investigación inspirados en la filosofía oriental. Lynchtown ya estaba en marcha.

El primer capítulo de Twin Peaks fue emitido el 8 de abril de 1990 por la cadena ABC. Dirigido por el propio David Lynch, despertó un enorme entusiasmo tanto entre la crítica como entre el público, obteniendo una audiencia que superó incluso las expectativas más optimistas. La brutal belleza de la propuesta de Lynch y Frost fue muy celebrada, destacándose que no se parecía a nada de lo presente en la TV de aquel momento. Millones de personas seguían la serie, intrigados por saber quién mató a Laura Palmer. Sin embargo, en ese momento de cumbre empezaron los problemas: Lynch no estaba muy interesado en develar prontamente quién había cometido el asesinato. Al contrario, insistió en que aquello era algo menor, focalizándose en cambio en los múltiples secretos ocultos que semana a semana iban creciendo. Lynch se salió con la suya en la primera temporada (ocho capítulos), pero prontamente los ejecutivos de la ABC, alarmados por la caída del rating, le dieron el ultimátum: cuanto antes se tenía que conocer la identidad del asesino de Laura Palmer.

Así como la primera temporada de la serie fue unánimemente aclamada, la segunda (22 capítulos) fue más polémica. Con David Lynch dedicado tiempo parcial a la serie ya que se encontraba terminando su largometraje Corazón Salvaje (Wild at Heart, 1990), la segunda temporada tuvo un desarrollo errático. Las subtramas se multiplicaron, y al típicamente lyncheano abordaje surrealista se sumaron elementos insólitos como contactos con ovnis, intereses más afines a los gustos de Mark Frost. Durante mucho tiempo se ha cuestionado esta segunda temporada, culpabilizando a Mark Frost por no haberse mantenido fiel a la concepción de Lynch. Pero la perspectiva del tiempo nos permite comprender que esa segunda temporada, con su rareza y extravagancia, lejos de haber “matado” a la serie, la mantuvo viva. Pero los ejecutivos de la ABC no pensaron lo mismo y decidieron cancelar abruptamente la serie al final de la esa temporada.

Ya liberado de los compromisos cinematográficos asumidos, Lynch decidió volver a Twin Peaks con el largometraje Twin Peaks: El Fuego Camina Conmigo (Twin Peaks: Fire Walk With Me, 1992). Se trató de una precuela que abordó los días previos al asesinato de Laura Palmer. La película fue presentada en 1992 en el Festival de Cannes, siendo recibida con abucheos masivos. Los críticos de cine, que esperaban una película que de explicaciones a los cabos sueltos que había dejado la serie, se encontraron con una película perturbadora que abría nuevos interrogantes. Airados, interpelaron a Lynch de forma muy violenta en la conferencia de prensa, y no faltaron quienes etiquetaron al cineasta como un artista acabado. El tiempo, que ordena las perspectivas, demostró lo errados que estaban. Uno de las pocas personas que pusieron el film en su dimensión en el preciso momento de su lanzamiento fue Jacques Rivette, quien lo llamó «la película más extraña de la historia del cine». A pesar que su fracaso comercial, Twin Peaks: El Fuego Camina Conmigo inauguró una nueva etapa en la carrera del realizador, que lo llevó a realizar obras mayúsculas como Lost Highway y Mulholland Drive.

Cancelada en televisión y habiendo fracasado en salas de cine, la suerte de Twin Peaks parecía completamente clausurada. Pero las repeticiones en cable, su edición en DVD y Blu-ray, y las descargas por Internet acrecentaron el estatus de culto de la serie. En tiempos en que se empezó a señalar que las series de TV estaban viviendo su nueva Era de Oro, se reconoció a Twin Peaks como una obra fundacional, que padeció el karma de haberse adelantado a su tiempo.

El regreso

El regreso de «Twin Peaks»: una revolución contemporánea, por Sebastián Santillán

Luego de una gestación de por lo menos cuatro años, el 21 de mayo de 2017 se dio algo que parecía un imposible: Twin Peaks volvía a la televisión con una tercera temporada. Emitida por la cadena de cable Showtime, su producción fue accidentada e incluyó un portazo de Lynch, quien amenazó con abandonar el proyecto si la cadena no cumplía con las exigencia de producción requeridas. Finalmente las diferencias se saldaron y la producción pudo concretarse con un contrato excepcional que le dio libertad creativa (y presupuesto) a Lynch. Esta tercera temporada, denominada por Showtime como Twin Peaks: The Return, será considerada por David Lynch no como una temporada sino como una película unitaria de 18 horas de extensión, emitida en 18 partes tan solo por cuestiones de programación televisiva.

Y entonces David Lynch logró lo imposible: que la tercera temporada de Twin Peaks supere incluso las expectativas más irracionales y desbordadas. Desentendiéndose por completo de las convenciones televisivas, dejó en claro que la transgresión no pasa por matar a personajes centrales (Game of Thrones, The Walking Dead e incluso las dos primeras temporadas de Twin Peaks), sino en matar las formas narrativas clásicas, que parecían ser el centro incuestionable de la televisión actual.

El epicentro de este cuestionamiento formal fue la muy comentada parte ocho, un festín sensorial en el que el cine experimental, en un acto de justicia poética, se apoderó de la televisión sin previo aviso. Seguramente ese capítulo será recordado por décadas, por ser algo completamente distinto a lo que había mostrado la televisión hasta el momento. Pero aquel episodio no fue un gesto aislado, sino tan solo un momento crucial de una obra que de punta a punta abrazó una amalgama inédita de experimentación, terror y telenovela sin pudor alguno.
 

La puesta en escena como acto autoral

Un aspecto central a considerar de Twin Peaks: The Return es su impronta autoral. A contramano del modelo de producción televisivo imperante, donde el director es considerado apenas un operador profesional que se limita a transcribir impersonalmente las férreas directivas de puesta en escena establecidas en los guiones, Lynch se hizo cargo personalmente de cada aspecto de la obra. Co-guionista y director de todos los capítulos, también asumió el rol de actor (interpretando nuevamente al querido agente Gordon Cole) y tuvo a su cargo los efectos sonoros y el montaje integral de la temporada, además de múltiples contribuciones a la banda sonora musical. Sin dudas se trata de una experiencia inédita, que contrasta con la habitual rutina de los showrunner, que pueden comandar una serie sin pisar el set de rodaje.

No hay que dejar de señalar que, siendo indudablemente una obra autoral, a la vez Twin Peaks: The Return es una obra colectiva, no gestada exclusivamente del genio de Lynch, sino de la contribución inestimable de Mark Frost y cada uno de los miembros del equipo técnico, por ejemplo el músico Angelo Badalamenti.

Al igual que H. Bustos Domecq, el escritor ficticio nacido de la colaboración entre Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, Twin Peaks: The Return es una obra que está atravesada por la intempestiva personalidad estética de Lynch, pero sin embargo es irreductible exclusivamente a ella. A contramano de la Política de los Autores tan defendida por los críticos franceses, esta obra nace autoralmente de una concepción colectiva.

 

Fuego amigo

Tal vez el principal obstáculo de Twin Peaks: The Return no fueron las condiciones de la televisión actual, sino las posturas claramente conservadoras de bastantes seguidores de la serie. Parapetados en el culto a lo banal del merchandising, múltiples fans abrazaron la concepción camp de la serie original, desinteresándose totalmente del riesgo formal y estético propuesto por Lynch/Frost. Los cherry pie, tazas de café y placas del FBI devinieron en objetos onanistas. Afortunadamente Lynch se desinteresó en estos seguidores, a quienes tomó el pelo cuando pudo.

Otra faceta de esta estupidización de los seguidores fue el habitual culto contra los spoilers, que devino en un régimen cuasi-militar que no dudó en condenar al destierro a todo aquel que osase exponer públicamente elementos argumentales que arruinasen la virginal experiencia de la primera visualización. Por supuesto que detrás de la histeria contra los spoilers se esconde una concepción conservadora férreamente arraigada: la que pone en primacía al argumento sobre los otros elementos estéticos. Tal estupidez nuevamente fue desbaratada por el propio Lynch, que concibió a Twin Peaks: The Return como una experiencia estética irreductible e inaprensible desde lo argumental.

Y finalmente, otra faceta —tal vez la más comprensible—del desafortunado accionar de los seguidores fueron las fan theories. Por supuesto que como obra abierta Twin Peaks: The Return posibilita infinitas lecturas, pero lo más cuestionables de estas fan theories es que el 99% consiste en tratar de organizar la película/serie como una obra de factura clásica, donde cada elemento tendría una unívoca razón argumental de ser. Insensibles a las formas poéticas de vanguardia, múltiples seguidores se zambulleron en la insólita misión de reorganizar de forma clásica procedimientos claramente relacionados con el surrealismo. El final de la serie, que desbarató nuevamente las especulaciones más minuciosas, generó sentimientos que fueron desde la incredulidad hasta el enojo.

Pero hay que ser justos y decir que no todos los fans hicieron papelones, muchos se mostraron abiertos y sensibles a la peculiar experiencia propuesta por Twin Peaks: The Return, la cual seguramente marcará su vida como espectadores.

Nuevas audiencias

Pero los fans conservadores no fueron los únicos cuyas brújulas giraron en falso ante Twin Peaks: The Return, también la prensa cometió sus despropósitos. Al momento de su lanzamiento, no pocos periodistas argentinos afirmaron que el regreso de Twin Peaks fue un fracaso de audiencia. El error que cometieron fue metodológico: es ridículo en pleno siglo XXI medir la audiencia con los métodos del siglo pasado, porque las formas de consumo cambiaron radicalmente. En 1990, la única forma de ver una serie era esperando el día y horario exacto de emisión. Hoy la televisión no se consume así, las series se ven mayormente en cualquier momento (generalmente a la noche), mediante plataformas digitales. Los periodistas argentinos focalizaron la idea del fracaso de Twin Peaks en base al dato que solo 600 mil personas vieron la emisión en vivo por sistemas de cable, cuando ese dato hoy es apenas una anécdota (¿quién ve televisión en vivo hoy?). El gran dato que omitieron, a pesar de ser el verdaderamente relevante, es que la serie tuvo la demencialidad de UN MILLóN de visualizaciones en las aplicaciones que Showtime creó casi exclusivamente para Twin Peaks. Eso es un éxito masivo y una gran promesa hacia adelante.

El futuro

David Lynch y Mark Frost lo lograron: envejecieron a toda la televisión previa (incluídas las dos temporadas originales de la propia serie) a fuerza de una libertad creativa sin igual que entregó una cantidad inaudita de momentos memorables. Hay que retroceder hasta 1941, cuando Orson Welles hizo Citizen Kane, para encontrar un caso similar: en el mismísimo centro de la industria, un artista consigue un contrato excepcional que le otorga libertad creativa para hacer lo que se le canta, y lejos de despilfarrar esa posibilidad, el artista decide romper las reglas e inventar algo nuevo y rupturista. Con Citizen Kane nació el cine moderno. Tal vez la televisión moderna hasta ahora no existía pero David Lynch finalmente la inventó.

Publicación: Septiembre 2017
David Lynch | Mark Frost