Tierra de los padres, de Nicolás Prividera

Narrar la Nación


Por Iván Morales

La argentina en pedazos. Una historia de la violencia argentina a través de la ficción. ¿Qué historia es ésa? La reconstrucción de una trama donde se pueden descifrar o imaginar los rastros que dejan en la literatura las relaciones de poder, las formas de la violencia. Marcas en el cuerpo y en el lenguaje, antes que nada, que permiten reconstruir la figura del país que alucinan los escritores. Esas historia debe leerse a contraluz de la historia "verdadera" y como su pesadilla.

-Ricardo Piglia, "Echeverría y el lugar de la ficción".

Piglia también sostiene que tanto El matadero como Facundo plantean una opción fundamental contra la violencia política y el poder: el exilio o la muerte. En Tierra de los padres ésta posibilidad que gira entre los que murieron (o mataron) o se exiliaron es la que construye a través de las citas la conformación de una Nación. La recuperación de los discursos que narraron (en el sentido performativo de la noción de narración) a los siglos XIX y XX donde la necesidad de la existencia de un otro sobre quien ejercer la violencia —y el odio que la sostiene—, establece el par civilización-barbarie en el que el segundo término toma la forma del indio, el gaucho, el inmigrante, el cabecita negra o el militante. Así hablan Sarmiento, Echeverría, Paz, Mansilla, Rosas, Roca. Sin embargo, en su inversión, el odio también es expresado hacia la oligarquía: contra la "masa informe" de la que habla Martínez Estrada y la "raza maldita" de la que Silvina Ocampo pide muerte; Eva Perón enuncia "no he podido vencer nuestro resentimiento contra la oligarquía que nos explotó, ni quiero vencerlo". En el devenir de la Historia, por lo tanto en el devenir de los relatos que la configuran, la película avanza desde el matadero del siglo XIX hasta el matadero que en el '76 alcanza su forma más siniestra.

No obstante, no toda la estructura se sostiene sobre el procedimiento de las lecturas y la forma de una obra observacional, sino que primero, como prólogo, están las imágenes —del siglo de las imágenes— de aquellos que murieron en el bombardeo del '55, en Ezeiza, y en la represión del 2001, y no tienen nombre ni apellido, atribución de la que se jactan aquellas familias del Cementerio de Recoleta, cuyo doble o triple apellido les da entidad histórica. Tampoco tienen nombre los trabajadores del cementerio cuando Tierra de los padres se detiene sobre ellos en las transiciones de cada documento histórico. En ese espacio cerrado (que únicamente se abre en el prólogo a través del archivo visual, porque los documentos también son visuales, y en el epílogo mediante un largo plano aéreo que se eleva hacia el Río de la Plata) son los representantes de una clase a la que se le ha negado el nombre propio, pero que paradójicamente sostienen mediante el cuidado de las bóvedas la presencia de los "próceres" en la historia.

La película no termina de cifrarse sino en su intertexto, algunos títulos con los que dialoga son explicitados —otros simplemente se imponen, como Reading Book of Blockade (Sokurov, 2009) donde diversos ciudadanos rusos leen testimonios desgarradores de víctimas del cerco nazi durante la segunda guerra mundial en la ciudad de Stalingrado— en los créditos finales como homenaje y reconocimiento a sus autores (Straub & Huillet, Gianvito, Borges, Pasolini, Viñas, etc.), que desde el cine y la literatura han sabido interpelar tanto a la historia de su propio medio como a los procesos sociales por los que están atravesados, reconfigurando y reescribiendo el relato histórico canonizado. Entre todos ellos, surgen dos nombres inesperados, George Romero y John Carpenter. Este gesto reconoce el aporte que el cine genérico ha sabido plantear, por un lado vuelve al epígrafe de Marx que la película cita en su inicio: "La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos."; por otro lado, los muertos (vivos), en su exageración y acumulación, encuentran el placer del espectador. En la monotonía de la lectura de los textos con los que trabaja Prividera hay cierta fascinación, por su repetición perversa. Pareciera que el recitado de los textos nunca llegará a su fin, que nos acercamos a nuestra contemporaneidad y siguen marcados por la misma crueldad, o peor, hay cierto terror pero también cierta morbosidad intrigante que abre una pregunta expectante: "¿y ahora qué más puede venir?". Sin olvidar, que tal como señala Piglia (y Viñas: "la literatura argentina nace con una violación"), la fundación de la literatura argentina se produce con Facundo y El matadero, y que en tanto su estatuto es literario —incluso en la explicitación como "documento de barbarie"— entra en juego el placer del texto. En última instancia, el límite entre documento histórico, historia, relato, ficción, autobiografía, poco importa en Tierra de los padres, porque antes que nada está la puesta en evidencia de la sangre que corre en la construcción de una Nación.

En este sentido, asumir la narración de la historia no debe ser confundido con una deshistorización o relativización de los textos puestos en diálogo, operación con la que la película pareciera discutir. Así surge necesariamente el caso de Todos mienten (Matías Piñeiro, 2009), aquí Sarmiento y Rosas aparecen como material puramente lúdico para configurar un relato cerrado sobre sí mismo, donde ahora sí el placer está en el puro funcionamiento del dispositivo narrativo que activa las relaciones entre los diferentes componentes del relato. Hasta aquí no hemos hecho referencia a la polémica que generó la exclusión del BAFICI, pero todavía nos preguntamos, ya que creemos que el BAFICI debe ser un espacio que ponga en discusión al cine contemporáneo, sobre su ausencia. No porque su presencia fuese ineludible, sino porque hubiese permitido de manera enriquecedora que dos miradas que se cruzan lo hagan en el espacio del festival que en su momento supo dar lugar y celebrar a Todos mienten. Desde aquí, la comparación más próxima, es posible dejar abierto el camino para indagar otras representaciones por las que ha transitado el cine nacional. A partir de la multiplicidad de nombres que elige Prividera puede pensarse la recuperación que han hecho los diferentes momentos de la historia del cine y la historia política de cada uno de ellos. ¿Qué hace Soffici con Mansilla en Viento norte (1937)? ¿Cómo revisan la historia Solanas y Getino? ¿Cómo piensa a Montoneros Di Tella? Esto no quiere decir que Tierra de los padres busque ambiciosamente referirse a cada uno de ellos, sino que la constelación de textos que conforma estimula a preguntarse cómo fueron representados. Por último, la película, más allá de sus planos estáticos y generales, y de su pretensión de objetividad, también configura una nueva versión de todos ellos. Aunque los exponga en la materialidad con la que fueron creados, la palabra; la nueva propuesta está en la relación que se genera entre éstos, y en el prólogo y epílogo que los contiene.

Publicación: Junio de 2012

ficha técnica

TítuloTierra de los padres
Año: 2011
Origen: Argentina
Duración: 100 minutos

Dirección: Nicolás Prividera
Guión: Nicolás Prividera
Edición: Amalia Herdt
Fotografía: Ada Frontini
Sonido: Horacio Almada
Producción: Pablo Ratto y Trivial Media
Sitio oficial: http://www.tierradelospadres.com.ar/
Participan: Maricel Alvarez, Emilio Garcia Wehbi, Alejandro Tantanian, Martin Kohan, Felix Bruzzone