Sinfonía para Ana, de Ernesto Ardito y Virna Molina

Miedo, amor y confusión

Sinfonía para Ana, de Ernesto Ardito y Virna Molina, por Juan Manuel Pasam

Sinfonía para Ana retrata la amistad de Ana (Isadora Ardito) e Isa (Rocío Palacín), dos estudiantes del Colegio Nacional Buenos Aires. Basada en la novela homónima de carácter testimonial de la psicóloga Gaby Meik (protagonista de los hechos, ex alumna del Colegio), la primera película de ficción de la pareja de documentalistas Ernesto Ardito y Virna Molina se inspira en sucesos reales, acontecidos en la institución desde la vuelta del ex Presidente Juan Domingo Perón hasta los primeros días del llamado Proceso de Reorganización Nacional.

La novela autobiográfica de Meik es el principal disparador para la construcción de la historia. La fuerte militancia en el Nacional Buenos Aires, gestada por la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), ocasionó la más importante movilización y el más profundo activismo registrado dentro del estudiantado secundario durante la última dictadura. El Buenos Aires es el Colegio con más estudiantes desaparecidos —108—, y los relatos fílmicos, tanto documentales como de ficción, cobraron protagonismo en la última década del cine argentino, con el objetivo de reflexionar sobre la memoria, apropiarse de ella y en muchos casos, proponer su recuperación. El cine argentino con referencias al último gobierno de facto reavivó la luz de la memoria, visibilizó el silencio.

La multiplicidad de recursos de Ernesto y Virna para orientar la narración no se salen del perfil que caracteriza a la pareja realizadora: conviven la brillante utilización del material de archivo original, con la voz en off, grabación de audio testimonial de Isa y la reconstrucción de momentos cotidianos y de militancia de los amigos en modo Super 8. Los desniveles temporales son manejados con sutileza utilizando los recursos mencionados, logrando un equilibrio ágil en la película, para contrarrestar el clima denso en el que sucede la historia.

La caracterización de los años previos al 24 de marzo (que van desde la vuelta de Perón, hasta su muerte y los comienzos de la Triple A), así como el curso de la historia en sí, ahondan en la sensibilidad, el miedo y la confusión adolescente: a la relación de amistad entre Ana e Isa atravesada por sus primeros pasos en la militancia estudiantil, se le agrega la historia de amor que florece entre Ana y Lito (militante del PCR) y los problemas que esto trae en la interna de ambos partidos, al mismo tiempo que se acrecientan las razzias de la Triple A y las fuerzas de seguridad —vemos la entradera al Colegio y la detención de estudiantes—, situación que abre el camino hacia la clandestinidad. Camilo, compañero de Ana en la UES, es el tercero en discordia y la protagonista no sabe qué hacer con sus dos novios, mientras el clima político y social se oscurece día a día en la calle y en el Colegio.

La actuación reveladora de Isadora Ardito (hija de los realizadores), combina de manera reluciente la sensibilidad con la confusión adolescentes, muchas veces con pocas palabras y con más gestos y condimentos corporales, dotando al personaje de una intensidad pocas veces vista. El amor y el terror emergen simultáneamente en Ana y el tratamiento de ambos sentimientos convive de manera armónica en el film, dotándolo de una sensibilidad inusual, sobre todo para ficciones que testimonian sobre sucesos durante el último gobierno de facto (basta sólo pensar en la aguda y oscura frialdad de La mirada invisible —película de Diego Lerman basada en la novela Ciencias morales de Martín Kohan, inspirada en el Nacional Buenos Aires durante 1982— o en el crudo realismo de películas al día de hoy emblemáticas como Garage Olimpo o Crónica de una fuga).

La premisa documental en Sinfonía para Ana es ineludible: la recreación de época se acerca más al testimonio que a la reconstrucción ficcional clásica y el lema “basado en hechos reales” adquiere un realismo propio. El casting realizado con alumnos militantes del Buenos Aires y de otros colegios potencia el carácter de documento que envuelve a la película: la ya mencionada referencia al relato autobiográfico original, junto a la inclusión de muchos jóvenes no provenientes de la actuación, acerca las vivencias personales con el relato sugerido dentro del marco de la ficción, fraccionando sus límites.

Ardito y Molina no pueden dejar de lado su intromisión y afección con la historia original: el sentido de pertenencia y la piel del documentalista siguen intactos. Los orígenes de Sinfonía para Ana se remiten al largometraje El futuro es nuestro, estrenado como serie en el Canal Encuentro en 2014, profunda investigación testimonial y documental que narra la historia de los alumnos desaparecidos del Nacional Buenos Aires.

El film  actualmente está disponible en la plataforma online de cine argentino CINE.AR.  Estrenada en octubre de 2017, la película se mantuvo varios meses en cartel hasta bien entrado el corriente año y al día de hoy todavía se exhibe en varias salas independientes del país. La difusión de Sinfonía para Ana se consolidó, sobre todo, por la recomendación de espectadores en redes sociales y su exhibición en salas e instituciones periféricas a la industria, lo cual le da un valor aún más significativo.

A contracorriente de la coyuntura política y social actual, y en paralelo a la degradación progresiva del sistema de producción del cine argentino, el film adquiere una relevancia aún mayor: la permanencia y la vigencia de la historia contada por sus participantes no puede perecer ante mensajes gubernamentales que procuran borrar y tergiversar lo pasado, sometiendo a la población nuevamente al “pacto de silencio” y al desinterés social sobre la historia argentina reciente. La memoria está viva.

Publicación: Septiembre 2018