Silencio, de Martin Scorsese

El poder de la palabra

«Silencio» de Martin Scorsese, por Eddy Baez

En su última película Martin Scorsese lleva a la pantalla grande la obra del escritor japonés Shūsaku Endō. Silencio es una ficción sobre las persecuciones a los curas jesuitas en Japón a mediados del siglo XVII; su móvil inicial surge de la necesidad de descubrir la verdad sobre el paradero del padre Ferreira, último representante del cristianismo en Japón, a quien se acusa de haber apostatado a su religión. Para descifrar este misterio, dos de sus antiguos alumnos, Sebastião Rodrigues y Francisco Garupe, inician una larga travesía entregados a la idea de descubrir la verdad y defender con ella la dignidad de la institución cristiana a todo costo.

Tras la llegada a Japón, rápidamente nos percatamos que el personaje principal de esta travesía es Rodrigues. Él se nos muestra como un hombre firme al que las dudas y miedos le irán invadiendo a medida que conoce la penosa realidad atravesada por los pobladores del Japón feudal: hambre, miseria, explotación y, ahora por su presencia, la persecución religiosa. Sin embargo, tanto en el libro como en el film, la mirada sobre esa realidad histórica está totalmente solapada por la discusión teológica que moviliza a ambos bandos, demostrando que tanto para Endō como para Scorsese las obras son el espacio de reflexión sobre una religión que le es propia, pero a la cual no cuestionan en profundidad.

Las dudas que atacan a Rodrigues se presentan poco a poco, a lo largo de todo su recorrido, como una especie de gota que penetra cada vez más la superficie con la que choca. Sus observaciones sobre el país que le es ajeno, van dando lugar a sus reflexiones sobre la fe y la justicia; todas ellas van llegando a nosotros mediante un recurso privilegiado por este director: la voz del narrador. Así, desde el inicio del film, la presencia del narrador en esas cartas que llegan a Portugal, nos informa del estado de las cosas en Japón. Primero, bajo la voz de Ferreira, cuando nos enteramos de la persecución y sus detalles en Unzen. Luego, cuando queda en el poder de Rodrigues, pasa de relatar sus vivencias a manifestar sus pesares más profundos.

El relato está inundado de voces, diálogos sobre la religión, rezos y oraciones, también de confesiones. Las narraciones de Rodrigues nos acechan de una manera casi obstinante y solamente encontramos paz cuando se apropian de la escena los hermosos ruidos ambientales. Este deambular sonoro se contrasta con las deslumbrantes imágenes de ese ambiente soporífero, donde la niebla y la lluvia convierten al Japón en un lugar misterioso y lejano para él. Desde este apacible montaje nos alejamos en gran medida de los “films religiosos” que ha dirigido Scorsese antes, pues Silencio, en ningún momento cobra la espectacularidad que se puede apreciar en La última tentación de Cristo (1988) o en Kundun (1997).

Silencio, de Martin Scorsese

La diferencia fundamental con esas producciones, radica más bien, en que este drama religioso es el de un hombre sólo y, aunque Scorsese va transfigurando al personaje en una especie de joven Jesucristo, Rodrigues es un simple mortal que se esfuerza por entender el aparente silencio de Dios. Él no tiene la lucidez encubierta de los hombres divinos de las películas anteriores; por ello, ante tanta desgracia, insistentemente se pregunta por qué sufren esos pobres hombres y por qué Dios no los escucha.

Silencio, de Martin Scorsese

La interpelación constante por la ausencia de Dios remarca la demora en la materialización de ese silencio que denomina al film. Nos ilusionamos con su aparición en los créditos de inicio, cuando el chirrido de animales e insectos es abruptamente interrumpido por el mutismo y su doble tipográfico. Sin embargo, su aparición dentro de la película tarda bastante en llegar y cuando lo hace sirve de marco para el verdadero credo de Scorsese: la aparición de la voz divina.

La presencia de esta voz tiene un peso primordial, ya que al igual que en la religión cristiana, la palabra es el camino a la liberación. De esa manera, la palabra expresada por el padre (incluso cuando es un apóstata) es suficiente para redimir a Kichijiro de la pesada carga de haber negado la religión en más de una ocasión; el pseudo Judas japonés lo sabe y por eso le sigue hasta el final. Y así mismo, son esas palabras que escucha de Jesús las que permiten al padre calmar su dolor y sobre todo continuar siendo, secretamente, un hombre de fe.

Escuchar la voz de Dios Hijo, es el premio a su accionar, la respuesta a ese acto de amor puro, donde por medio de la renuncia a sus creencias salva la vida de sus prójimos. La novedad del film es que se da mediante un acto vigorosamente sonoro, en tanto que se manifiesta desde el silencio y la voz, mientras que la imagen de Cristo (esa que vemos aparecer varias veces en el film) se funde en la pantalla negra donde desaparece. Esta maravillosa secuencia concentra lo esencial de este largometraje. La presencia de la palabra dicha, en medio de ese mutismo perturbador, termina por delinear las ideas de este director sobre lo sagrado y las posibilidades de su presentificación. Una fórmula que ya ensayaba en La última tentación de Cristo cuando Jesús y Juan Bautista se reconocen en aquel río como los seres enviados por Dios.

 

No obstante, lo que se representa en Silencio es la presencia plena de lo divino. Mediante la sustracción de los sonidos cotidianos y de todo ruido circundante se silencia al mundo para remarcar la manifestación de lo constante. Dios estuvo siempre presente y es el silencio lo que permite escuchar su voz, y por ella acceder a la verdad sagrada.

Sin duda, este es un film osadamente espiritual y personal, en el cual Scorsese se toma la libertad de ir más allá que Endō al considerar la manifestación de lo divino y la supervivencia de la fe de los cristianos abatidos. Su gesto redentor se concentra en esa pequeña imagen de cristo tallada en madera que Mokichi le obsequia a Rodrigues antes de ser crucificado en el mar; ese crucifijo le acompaña durante todo su recorrido y simboliza no solo la perpetuidad de su fe sino también la condición de igualdad entre Rodrigues y el resto de los japoneses que se aferraron a creer secretamente. A ellos el director dedica esta obra, atesorando quizás, en esa pequeña figura, la idea de una fe intacta y una entrega eterna. Sobre la condición de posibilidad de ese final, únicamente el Dios de Scorsese podrá contestar.

Publicación: Abril 2017

Título original: Silence
Director: Martin Scorsese
Productora: Cappa Defina Productions / Cecchi Gori Pictures / Fábrica de Cine / Sharp Sword Films / Sikelia Productions / Verdi Productions / Waypoint Entertainment
Guión: Jay Cocks, Martin Scorsese (Novela: Shusaku Endo)
Música: Kim Allen Kluge, Kathryn Kluge
Fotografía: Rodrigo Prieto
Edición: Thelma Schoonmaker
Protagonistas: Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson, Yôsuke Kubozuka, Ciarán Hinds, Issei Ogata, Tadanobu Asano, Shin'ya Tsukamoto, Sabu (AKA Hiroyuki Tanaka),Yoshi Oida.
País: Estados Unidos
Año: 2016
Género: Drama
Duración: 2h 41min.