P3ND3JO5, de Raúl Perrone

Summa perruna

P3ND3JO5, de Raúl Perrone

Para empezar, lo que debería ser el final: P3ND3JO5 es una película extraordinaria. Uso el término en su acepción literal, como aquello que se sale de la norma, del orden natural y común (y esperable, agrego). Lo es en tres sentidos. Por un lado, en relación al resto de la producción del propio Perrone, es un salto cualitativo (pero no al vacío) en la obra del director, una especie de compendio ampliado y mejorado de sus temas y obsesiones recurrentes y quizás la puerta de entrada a nuevos e inexplorados territorios. Es también una rara avis dentro del panorama general de la producción local (¿alguien se anima todavía a llamarlo Nuevo Cine Argentino?) en su vocación omnívora, prepotente en el buen sentido, rabiosamente personal —características que en el contexto mencionado se parecen cada vez más a una inhallable flor azul (1). Y finalmente, el uso del término extraordinario no es en absoluto casual. P3ND3JO5, más allá de diferencias formales y de estilo, comparte con Historias Extraordinarias, de Mariano Llinás, su ambición desaforada, su pasión por el riesgo y su generosidad para con el espectador. Son, si se quiere, películas-bolas de nieve: fuerzas que, una vez puestas a andar, se agigantan a medida que avanzan y arrastran todo lo que se les pone delante.

Pensada, según palabras del director, como “una cumbiópera en tres actos y una coda para ver de corrido”, si en ella algo brilla son los pendejos del título, seres doblemente vulnerables, tanto por estar atravesando esa etapa particularmente inestable que es la adolescencia como por sus condiciones de vida. Tres actos unidos por alguna forma de amor devenido espanto, en los que, si bien las historias no se cruzan, pueden complementarse perfectamente. Un adolescente cruza miradas con la chica de alguien (miradas que nunca debieron existir). Otro sufre, con la edad como excusa, el rechazo de los padres de su novia. En la última hay un amor frustrado, otro incipiente, un embarazo, un dealer, una plaza que es un microcosmos, un pasillo subterráneo y uno o dos policías. Hay también skaters, vagabundeos alrededor de la estación, adultos en su mundo, y no falta Guillermo Andino. Y el recordatorio constante que en el mundo adolescente la felicidad, como el dolor y la soledad, son siempre un revolver cálido y humeante. Perrone, mientras tanto, juega el juego que mejor juega y que más le gusta: acompañarlos, cobijarlos desde la distancia justa, darles el espacio y el tiempo necesarios para que se muestren tan cual son. Esa es la dimensión ética inclaudicable del director, que es también estética y política, y que no se agota en lo visto en la pantalla, extendiéndose al trabajo que realiza en su escuela de cine. Si en cada director habita un demiurgo, el suyo mira a sus criaturas desde la vereda, y con los brazos arremangados.

Lo que sorprende en los 150 minutos de P3ND3JO5 (ese es el primer dato: hay aquí una vocación firme de hacer del cine una máquina poderosa), lo que constituye el plus feliz e inesperado, son las decisiones formales elegidas, la cantidad de recursos puestos en juego —recursos que remiten al cine de las primeras décadas, en particular a ciertos procedimientos propios del expresionismo alemán, como las sobreimpresiones y el uso del iris. Película en blanco y negro y silente, con los diálogos expresados a través de intertítulos, una música que alterna cumbia dub, música clásica instrumental y melodías de piano funciona como nexo conductor constante. El papel de la banda de sonido es fundamental: hay una cualidad hipnótica en su devenir, como un flujo subterráneo sobre el que se apoya lo que vemos. Y lo que vemos, por sobre cualquier otra cosa, son rostros. Rostros dreyerianos (Santa Juana de Arco también se pasea por el Oeste). Rostros hermosos, con acné y flequillo. Rostros verdaderos, sobre los que podemos entrever un aura de fascinación y que parecen la expresión, el vehículo de un descubrimiento casi infantil de la potencia de las imágenes. Como si el niño Perrone hubiera caído hechizado ante el poder de la cámara, como si hubiera atracado y saqueado la Isla del Tesoro de las Imágenes y hubiera descubierto, por primera vez (como solo puede ver por primera vez la mirada infantil), su poder de transfigurarlo todo.

Para terminar, algo que ocurrió en los comienzos. De todas las cintas registradas por los Lumière, quizás ninguna sea tan famosa como La llegada del tren a la estación de La Ciotat (L´Arrivée d´un train en gare a La Ciotat, 1895). Es conocida la anécdota según la cual Máximo Gorki, el escritor ruso, salió defraudado al ver por primera vez, en 1896, la proyección de algunas de las vistas de los Lumière. “No es la vida sino su sombra, no es el movimiento sino su espectro silencioso”, dijo (2). Perrone fue haciendo de Ituzaingó una especie de Yoknapatawpha bonaerense, a fuerza de retratar su gente, sus alegrías y penurias, sus batallas cotidianas y esperanzas. Pero todo universo, para ser tal, necesita también de sus mitos y leyendas, sus ángeles (caídos y de los otros), sus dioses y demonios, su purgatorio y sus espectros. Para completar su mundo, para hacerlo total, Perrone vuelve a los mismos fantasmas de Gorki, solo que aquellos que crea están vistos desde el reverso y poseen otro linaje: son los desclasados, los atropellados por andar en skate, los dealers, los que duermen en los baños públicos, los que, literalmente, se caen del tren (y cualquiera que haya viajado en el Sarmiento sabe de qué hablo). La historia se muerde la cola, y hace aparecer trenes y fantasmas nuevamente. Más de un siglo después, Perrone exhuma el cadáver del primer cine para hacer una obra absolutamente personal, apoyada firmemente en el s. XXI. Más de un siglo después P3ND3JO5 es, más que cualquier otra cosa, una declaración de amor incondicional. El tren que se detuvo en La Ciotat acaba de llegar al andén de Ituzaingó.

  1. Palabras de Walter Benjamin a propósito de otro tema (la realidad inmediata en el registro cinematográfico): como imagen me resultó tan poderosa que no resistí a la tentación de usarla en otro contexto.

  2. Los escritores frente al cine, ed. de Harry Geduld, Madrid, Ed. Fundamentos, 1981, pag. 17

Publicación: Mayo 2013

Título original: P3ND3JO5
Origen: Argentina
Director: Raúl Perrone
Guión, edición, producción y sonido: Raúl Perrone
Fotografía: Raúl Perrone, Hernán Soma, Bernardo Demonte, Fabián Blanco
Música: Nomenombres Wey
Producción ejecutiva: Pablo Ratto
Productoras: Les envies que je te désire y Trivial Media
Intérpretes: Mariano Blanco, Cabito, Yenien Teves, Eugenia Juárez, Fernando Daniel

Raúl Perrone | BAFICI