O Velho do Restelo, de Manoel de Oliveira

Encuentro en el jardín de los senderos que se bifurcan

'O Velho do Restelo', de Manoel de Oliveira

«Es necesario arrancar la industria del cine de las garras nefastas del capitalismo. Es necesario que el cine sea apenas esto: un órgano de creación artística y de acción educativa y social»
Manoel de Oliveira, “El Cine y el Capital”1

La noticia del fallecimiento de Manoel de Oliveira (1908-2015) enluteció al mundo del cine de autor. La partida del cineasta más longevo en actividad, único realizador que trabajó desde período silente hasta el presente digital del siglo XXI, tiño de tristeza al medio, pero bajo riesgo que la impactante edad alcanzada y sus destacables cualidades humanas (incluída su pasión por el baile) terminasen opacando las verdaderas razones que convirtieron a Oliveira en un autor esencial. Los 106 años del portugués sin dudas constituyen un prodigio de vitalidad y un ejemplo de perseverancia y compromiso, pero por sí solos dicen bastante poco sobre el aporte del realizador a la historia del cine (después de todo, la cineasta nazi Leni Riefenstahl vivió hasta los 101 años, pero su obra constituye un opuesto a la de Oliveira).

Alejada de la masividad —siendo precisos tendríamos que confesar que su filmografía siempre tuvo un acceso acotado—, su obra bebió de forma ineludible de la cultura popular, entendida ésta no como la impuesta por los medios masivos contemporáneos, sino como la rica herencia cultural sobre la que se sustenta la tradición occidental. Seguramente el mayor legado que nos dejó el realizador de Acto da Primavera y Amor de Perdição es su modelo de interpelación crítica del presente (Oliveira siempre fue un cineasta del presente, aunque argumentalmente varias de sus obras transcurran en otros siglos), que inscribe cada manifestación del hoy en problemáticas desarrolladas a través de la Historia.

Su amplia visión de mundo, que siempre buscó posicionarse más allá del aquí y ahora pero sin dejar de tener un pie en el presente, se sustentó en un diálogo abierto con la centenaria tradición artística y cultural, especialmente en su raíz literaria. No es azaroso que en O Velho do Restelo, última obra de Oliveira presentada en vida, este diálogo adopte ribetes explícitos: en un banco de plaza del siglo XXI, se reúnen el poeta Luís Vaz de Camões, Don Quijote (o Cervantes caracterizado como su personaje más famoso) y los novelistas Teixeira de Pascoaes y Camilo Castelo Branco, para dialogar fraternalmente sobre el deambular del alma humana a través de la Historia, gran tema de las obras de los cuatro literatos. «La obra de arte es una proyección, una externalización de la flora y fauna creada por nuestra intimidad», dirá uno de ellos, en una frase que sintetiza la perspectiva humana de Oliveira.

A partir de fragmentos de films propios —Amor de Perdição (1979), Non ou A Vã Glória de Mandar (1990), O Dia do Desespero (1992) y O Quinto Império - Ontem Como Hoje (2004)— y de versiones de otros autores sobre Don Quijote —las ilustraciones de Gustavo Doré para la edición de 1876, la epifánica versión cinematográfica rusa realizada en 1957 por Grigori Kozintsev— Oliveira rastrea el trayecto de derrotas que sumieron a la península ibérica en la contradicción y la desazón. Desde su propio título el film asume la perspectiva de El Viejo del Rastrillo (O Velho do Restelo), personaje creado por Luís de Camões en Las lusiadas (1572), usualmente considerado por el uso popular como una figura pesimista, aunque también como un visionario que anticipa los malos tiempos por venir. En una lanza dirigida hacia nuestro presente, tan atravesado por la crisis económica y social, Oliveira decide preguntarse a través de sus personajes si el destino fatal del mundo no tiene que ver exclusivamente con las derrotas, sino también con las mismas victorias.

A pesar que seguramente Oliveira era conciente que a su edad toda película podía ser la última, O Velho do Restelo no es un testamento sino un manifiesto, una obra viva que no se contenta con describir el mundo sino también a interpelarlo. Así es que esta despedida tiene un doble sabor. Por un lado la tristeza de la partida, el saber que ya no tendremos a Oliveira entre nosotros, con su eterna juventud inquieta. Pero por el otro nos queda su legado, una filmografía inmensa con muchas obras aún por descubrir, las cuales pueden ser organizadas conceptualmente dentro del humanismo crítico, del cual Oliveira fue uno de sus máximos representantes cinematográficos.

 

1) DE OLIVEIRA, MANOEL. “El Cine y el Capital”. http://www.marienbad.com.ar/documento/manoel-de-oliveira-el-cine-y-el-capital

Publicación: Abril 2015

O Velho do Restelo
Portugal/Francia. 2014. 19 minutos.
Título español: El viejo del rastrillo
Título inglés: The Old Man of Belém

Dirección y guión: Manoel de Oliveira
Fotografía: Renato Berta
Edición: Valérie Loiseleux
Sonido: Henri Maïkoff
Producción: Luís Urbano, Sandro Aguilar, Daniel Chabannes
Compañía productora: O Som e a Fúria, Epicentre Films
Intérpretes: Diogo Dória, Luís Miguel Cintra, Mário Barroso, Ricardo Trêpa

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