NOSILATIAJ. LA BELLEZA, de Daniela Seggiaro

Respetando los unos y los otros

Nosilatiaj. La Belleza, de Daniela Seggiaro

La relación con el Otro. La distancia y el otro. Las disimilitudes entre personas que comparten un mismo territorio geográfico. La heterogeneidad de culturas. La pluralidad de creencias religiosas. La (in)tolerancia en un país que, en breve, celebrará la recuperación de la democracia hace más de treinta años.

Nosilatiaj. La Belleza carga un peso transhistórico sobre su espalda. Carga una realidad silenciada. Un peso que se tornó más hostil en este último tiempo1. Un peso que hiere al ser vapuleado por la ignorancia. Se trata de la intolerancia frente al Otro. Y ese Otro, en este caso, es el individuo originario del suelo argentino, perteneciente a los denominados Pueblos Originarios.

El Otro es el indígena.

Si bien la película es ficcional, su base no respira otro oxígeno que el del documental. Nosilatiaj se construye a partir de una historia micro —de una historia real que la madre de la cineasta le había contado—, cuya potencia centrífuga dispara hacia y contra un espacio macro de hibernación social. Construye entre cuatro paredes una problemática que nos afecta a todos, trascendiendo las butacas de un cine de Berlin2, Buenos Aires o Salta.

El Otro se establece a partir, no de las huellas de su mismidad, de su marca subjetiva, sino de fronteras externas que lo organizan, como si fuera un rompecabezas, a través de ideas que rechazan la aceptación y el respeto por ese otro.

Yolanda—otro es una joven mujer wichí que trabaja como criada en la casa de una familia criolla norteña, de clase media baja, respetando las condiciones impuestas por Sara, la patrona. Sara vive con sus cuatro hijos, cuya pareja es un chango que se destaca por su calma holgazanería. Antonella, la hija mayor de Sara, festejará pronto sus quince años. Sin embargo, su inmadura rebeldía adolescente la conduce a cortarse el flequillo de una manera casi irreparable. Situaciones que, a priori banales, dibujan y encierran el contorno de Yolanda, resultan ser fundamentales para vertebrar la historia de su “inclusión social” en el mundo del blanco, del occidental. Entre las escenas de esta historia principal, oficial, comienza a narrarse una historia obstruida, nacida entre los márgenes. Alguien paró de contar en el juego de las escondidas: como dicen los niños “el que no se escondió se embroma”. Y al abrir los ojos, nuestros sentidos se agudizan cuidadosamente; nuestros ojos devoran cada sombra o cada posible movimiento; nuestros oídos comienzan a escuchar sonidos antes irreconocibles; nuestro tacto empieza a disfrutar estoicamente.

Las escenas de la historia principal, provenientes de las fronteras que organizan a Yolanda-otro, son registradas desde la cotidianeidad: un plano detalle de la puerta del hogar criollo muestra un pequeño cartel, con la siguiente leyenda “Este hogar es católico. No aceptamos doctrinas diferentes. Gracias por respetarnos.” En esos términos, “gracias por respetarnos” equivale a “gracias por obedecernos”. Yolanda, acompañada de su inquebrantable paciencia, habla castellano, se ocupa de tender la ropa, limpia los pescados y prende el fuego para asarlos, soporta que Antonella le exprima limón en su cabello, sirve la mesa; mientras que Sara prepara el listado de las cosas pendientes para la fiesta de su hija. Yolanda soporta desde el mutismo, hasta que su cuerpo no resiste más la subordinación. Con el propósito de lucir bonita para la fiesta de cumpleaños, Sara la lleva a la peluquería para cortarle el cabello. Y con algo tan sencillo como parece ser un corte de pelo, el cuerpo de Yolanda se rebela: vómitos, fiebre, malestar pero, sobre todo, silencio. Un silencio que agobia. El centro de mesa está lleno de frutas. Una de ellas —naranja— comienza a pudrirse. La naranja va descomponiéndose sin que Sara lo percate. Mientras Yolanda sigue sin poder recuperarse, Jovita, la vecina, ayuda a Sara a preparar unos sándwiches para el cumpleaños. Jovita le advierte “botá esa naranja podrida, va a pudrir a las demás”. Sara la coloca fuera del plato de frutas: un plano fijo, en detalle, la observa, apercibe su malestar.

Mientras esta historia transcurre —y luego concluye—, la historia nacida entre los márgenes cobra lozanía. Seggiaro nos introduce en una nueva dialéctica formal, en la cual la figura que se construye del otro es cuestionada. Una propuesta que ya no enfrenta a Sara como personaje ficticio, sino a Sara como persona real, Sara como espectadora. ¿Quién es el otro entonces? Yolanda en esta historia es protagonista, en tanto persona que se establece a partir de su mismidad, de su marca subjetiva. Por primera vez, Yolanda habla Wichí Lhämtes, su lengua natal. Sólo escuchamos su voz, intensa y serena, interpretando sus palabras a través de los subtítulos. Una nostalgia que se expresa en las imágenes, apenas nítidas, cuando la voz enuncia. Una nostalgia que se conserva en los recuerdos de Yolanda cuando niña: la memorable escena en la que ella, pequeñita, en medio de El Impenetrable —sufriendo la deforestación y, en consecuencia, reduciendo los escasos territorios que habitan los indígenas—, despierta a su abuelo de una siesta. Ella se acuesta a su lado, el abuelo le pregunta qué está haciendo y ella le responde “capaz que acostada podemos ser del mismo tamaño3”. Uno de los atributos de la belleza según la cultura wichí es, además de la sonrisa, el cabello. La belleza de Yolanda es susurrada por su abuela, indicándole que nunca deberá cortarse el pelo.

¿Quién es el otro entonces?

Dos historias: una contada en tiempo presente, la otra en tiempo pretérito.

Dos historias: una historia principal, otra historia a ser respetada.

Una historia nacida entre los márgenes: conserva, al principio y al final de la película, la potencia de la voz wichí, la apropiación indígena del registro fílmico, de la urgencia de hablar y ser escuchado, en su propia lengua, con sus propias creencias.

Cuando el juego de las escondidas acabe, uno de los niños gritará “pica para mí y para todos mis compas”.

 

NOTAS

1 Cito sólo algunos nombres de ciudadanos indígenas que fueron asesinados brutalmente en estas últimas semanas: Celestina Jara y su nieta Natalia Lila Coyipé (11 meses), miembros de Potae Napocna Navogoh, muertas el 10/12/12 atropelladas intencionalmente por un gendarme. Imer Flórez (12 años), miembro de la Comunidad Qompi Naqona’a, asesinado el 05/01/13 a golpes en manos de una patota. Daniel Asijak (16 años), miembro de la Comunidad La Primavera, muerto el 09/01/13 en circunstancias dudosas. Información extraída de la Carta Abierta del 18/01/13: http://comunicacionpopular.com.ar/carta-abierta-de-intelectuales-y-periodistas-a-la-presidenta-por-la-inaccion-del-estado-frente-a-la-represion-y-asesinatos-de-miembros-del-pueblo-qom/

2 El estreno mundial de Nosilatiaj. La Belleza se llevó a cabo durante el 62° Festival Internacional de Cine de Berlin (2012).

3 Al no poseer dominio sobre la lengua Wichí Lhämtes, incluí la traducción para el occidental.

 

Publicación: Febrero 2013

Título original: Nosilatiaj. La Belleza
Origen: Argentina
Año: 2012
Duración: 83´ Color: Color Formato: 35mm
Dirección: Daniela Seggiaro
Guión: Daniela Seggiaro
Fotografía: Willi Behnisch
Dirección de Arte: Julia Gargiulli
Edición: Ana Poliak, Martín Mainoli, Daniela Seggiaro
Cámara: Willi Behnisch
Sonido: Catriel Vildosola
Música: Fernando Subelza
Producción: Álvaro Urtizberea (VISTA SUR SRL)
Intérpretes: Rosmeri Segundo, Ximena Banús, Víctor Hugo Carrizo, Camila Romagnolo, Sasa Sharet Isabel Mendoza, Tiluk Sebastián Mendoza, Isabel Mendoza, Titzil Aniceto Mendoza

Daniela Seggiaro