NO, de Pablo Larraín

NO + PIN8

No, de Pablo Larraín

“Quería mencionarles que lo que van a ver a continuación,
está enmarcado dentro del actual contexto social.
Nosotros vemos que el país,
está preparado para una comunicación de esta naturaleza.”
René Saavedra (Gael García Bernal)

Hay que reconocer (y en verdad es un gran placer), que actualmente se está viviendo una (excelente) oleada de cine chileno. De hecho, Dominga Sotomayor, directora de De jueves a domingo y una de las exponentes de renombre del cine chileno independiente contemporáneo – que además, se desempeñó como jurado para la selección argentina en competencia del BAFICI 2013–, en una entrevista realizada por latamcinema.com, aclara que en su opinión no se trata de una moda ni de una ola estética unidireccional, sino más bien de un afianzamiento del cine de Chile respecto de la industria y del circuito festivalero internacional. Asimismo, menciona que el gran reconocimiento a nivel mundial (claro está que no hablamos sólo de Occidente), no implica necesariamente una recepción y acogida proporcional entre sus coterráneos, porque “en Chile no hay cultura de ver cine, menos cine chileno”. [1] En fin, lo bueno es que nosotros sí lo estamos disfrutando; y esto, gracias a realizaciones que sin resquemores juegan a arriesgarse, a producciones que estallan géneros pura sangre, a documentales que construyen verdaderos puntos de vista… Sin ir más lejos, por BAFICI pasaron películas como Joven y alocada de Marialy Rivas, Tráiganme la cabeza de la mujer metralleta de Ernesto Díaz Espinoza y Qué historia es esta y cuál es su final de José Luis Torres Leiva, a propósito del documentalista Ignacio Agüero.

Concretamente, fue en este hermoso aluvión de cine chileno que tuve el agrado (espero que por uds. compartido) de toparme con NO, la película dirigida por Pablo Larraín y guionada por Pedro Peirano a partir del texto dramático El plebiscito, de Antonio Skármeta; obra teatral fuera de circulación, relegada en algún cajón, nunca antes materializada en escena. Y porque consideró que el mundo entero debía conocer cómo fue que Pinochet perdió el poder en el Chile de los ochentas, porque quiso gritarlo a los cuatro vientos, orgulloso de que su país haya derrocado a un dictador de tal envergadura por medio de un pacífico proceso democrático, fue que Larraín decidió cargarse este proyecto al hombro. [2] Aquí, de paso, creo que es coherente esbozar una pequeña reflexión a partir del paralelismo planteado en la película entre Argentina y Chile, respecto de una época militarizada por sangrientos gobiernos de facto: mientras que del lado del Atlántico los represivos dictadores se retiraron obligados y avergonzados, post violenta y brutal derrota que implicó la feroz Guerra de Malvinas, del lado del Pacífico lo echaron mediante una apertura de puerta, la comunicación de un NO + y la solicitud democrática de la retirada.

Resulta interesante, para ser conscientes de su impacto, refrescar el itinerario de la película en cuestión, porque no sólo recorrió Cannes, pasó por Oslo, Hamburgo, São Paulo y Thessaloniki, entre otros, sino que además, en febrero de este año desembarcó en la alfombra roja de los premios de la Academia, nominada al Oscar como Mejor Película de Habla no Inglesa; sección que perdió finalmente cuando Haneke resultó ganador de la estatuilla por Amour. En fin, numerosos festivales, muchos premios y demasiada buena acogida no se deben sólo a una cara bonita: sí, Gael García Bernal, una figura del star system latino. ¿Por qué él? Después de su debut –que fue un boom– con Amores perros de Iñárritu (2000), encarnó varios personajes que de algún u otro modo, en su mayoría, se caracterizaron por ser jóvenes e irreverentes, provocadores, rebeldes y audaces. De hecho, ya fue Che Guevara en Diarios de motocicleta (Walter Salles, 2004), y ahora René Saavedra; aunque cabe destacar que este último es un personaje meramente ficcional, pero que sin embargo es el personaje bisagra que irrumpe e impacta en la realidad dictatorial de 1988 de Chile, cuando el gobierno fascista de Augusto Pinochet convoca a la ciudadanía a votar a su favor (con un SÍ +) o en su contra (con un NO +). Lo cierto es que dicha estrategia, tenía como objetivo lograr una legitimación internacional de la que afortunadamente nunca pudo gozar: una estrategia de la derecha diseñada para el triunfo de la derecha, culminó con un efecto boomerang inesperado.

No, de Pablo Larraín

Específicamente, NO focaliza en el behind the scenes de las campañas políticas de este plebiscito, y justamente, es René Saavedra quien encarna al creativo publicitario que lleva adelante el diseño de los contenidos de la franja contraria al régimen. Y si bien todos estudiamos el mecanismo y potencial peligro de la propaganda política operada por Göebbels y sus secuaces en tiempos hitlerianos, uno de los puntos interesantes de reflexión que acerca el film es la base constitutiva de la publicidad y la televisión, ya que a nivel estructural es paradójica y contradictoria. De hecho, René explica que su metodología es la utilización de los procedimientos de la publicidad pero con un concepto político complejo de fondo; ya que está convencido de que la sociedad está preparada para analizar y decodificar en profundidad el nivel simbólico de las imágenes y el mensaje en vías de transmisión: “Chile, la alegría ya viene” (aunque claro, sólo si votabas NO +). De esta manera, la secuencia final ilustra lo antedicho: el dispositivo de la TV y el procedimiento publicitario fueron puestos al servicio de la derrota de Pinochet, pero esto sólo fue una puesta en escena exclusiva, la excepción a la regla; puesto que Pinochet es derrocado y al día siguiente, un seriado televisivo émulo de las series de TV más prestigiosas de Estados Unidos, pasa a ocupar el protagonismo en el canal nacional (y es necesario detallarlo: René será el diseñador de los spots y campaña publicitaria de Bellas y audaces).

Por último, dos cuestiones imprescindibles en las que detenernos: en primer lugar el tratamiento estético de la imagen, bien de cinta magnética, de formato VHS o U-Matic, lo cual ancla directamente en la época y su generación, una época de familia en living mirando una película alquilada o simplemente la programación de TV. Cabe destacar que dicha elección estética es todo un mérito del realizador y su equipo, quien considera al cine como máquina del tiempo- una idea afín con la factura formal descripta-. En segundo lugar, es lícito rescatar la cercanía de NO al cine político; y esto debido a la apropiación de algunos procedimientos de dicho campo: el didactismo de la secuencia inicial- casi como si estuviésemos frente a una clase cuyo objetivo es evitar la pérdida de detalles históricos, para que el espectador pueda estar situado correctamente en tiempo y espacio-, la impronta de contenido social a nivel temático, el modus operandi de la filmación- desde el manejo de cámara a modo documentalista hasta los inserts con registros y archivos televisivos y fotográficos que conforman el patrimonio y la memoria audiovisual de nuestro país vecino-. Así, tal como venimos, podríamos seguir enumerando recursos, reflexionando y analizando cuestiones que servirían de excusa perfecta para el debate; pero ya es tiempo de ir concluyendo, y en este sentido, resulta pertinente y valiosa la concepción de “espectador emancipado” del lúcido filósofo francés Jacques Ranciére, quien sostiene que la emancipación consiste en la adquisición y aplicación de las competencias de ver, pensar y saber qué hacer con aquello que se vio; poniendo en interacción el mirar, el decir y el hacer; proponiendo una toma de posición cuya ejecución implique una secuela evidente, impactante, movilizante, y hasta quizás, socavadora y revolucionaria.

[1] http://www.latamcinema.com/entrevista.php?id=213

[2] http://www.youtube.com/watch?v=uQL7OoD3b0E

Publicación: Mayo 2013

Título original: No
Origen: Chile/EE.UU.
Dirección: Pablo Larraín
Guión: Pedro Peirano
Fotografía: Sergio Armstrong
Dirección de arte: Estefanía Larraín
Producción: Juan de Dios Larraín, Daniel Dreifuss
Elenco: Gael García Bernal, Alfredo Castro, Antonia Zegerz