El hijo del otro (Moy syn) de Yevgeni Chervyakov

La madre

El hijo del otro (Moy syn) de Yevgeni Chervyakov

Las funciones de cine realizadas los viernes y sábado en la acogedora sala del ENERC constituyen uno de los eventos más reconfortantes y reveladores del circuito alternativo de Buenos Aires. Programadas y presentadas por Fernando Martín Peña, las proyecciones combinan cualidades que pocas veces se conjugan tan apropiadamente: rigurosidad y erudición, pero también una enorme capacidad lúdica y una bienvenida falta de prejuicios, que permite la programación tanto de películas de Alain Resnais como de Jean-Claude Van Damme. Si a esto lo sumamos que las proyecciones son gratuitas, se llevan a cabo en un ámbito público como es la escuela del Instituto de Cine, y que absolutamente todas se realizan en fílmico (gracias a la testarudez de Peña, el más inflexible de los militantes del fílmico, y por lo tanto el más necesario), podemos decir, sin que suene a exageración, que se trata de una verdadera política de Estado.

Dentro de una programación siempre destacable, el 31 de enero tuvo lugar, en el marco del ciclo Misterios (mudos) de la Filmoteca, un verdadero acontecimiento cinéfilo: la primera exhibición en bastante tiempo de la versión en fílmico de El hijo del otro (1928), obra maestra soviética considerada completamente perdida durante casi setenta años. Protagonizada por la bella Anna Sten (la llamada “Greta Garbo ucraniana”) y dirigida por Yevgeni Chervyakov, uno de los pocos realizadores elogiados por los más reputados teóricos de su tiempo, todas las copias del film se consideraban destruídas por lo menos desde el Sitio de Leningrado (1941-1944). Sin embargo en 2008 una copia argentina de 16mm se encontró en el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken de Buenos Aires, dentro de la llamada colección “Peña Rodríguez” (la misma colección que entre otras joyas invaluables contenía la legendaria versión “completa” de Metropolis de Fritz Lang). Con su posterior exhibición en el Festival de Pordenone el descubrimiento obtuvo notoriedad internacional, siendo señalado por especialistas en cine soviético como “el mayor descubrimiento de los últimos cincuenta años”. El visionado del film permite apreciar que dichas apreciaciones son plenamente pertinentes.

Alejado completamente de las propuestas cinematográficas soviéticas que solemos asociar con el período, el film de Yevgeni Chervyakov es un inusual caso de cine poético, íntimamente ligado al humanismo. A partir de un argumento ínfimo, que solo actúa como disparador (una pareja que se desquebraja cuando la mujer confiesa que el hijo que acaba de dar a luz es de otro hombre), la película propone una experiencia sensorial propia del cine de vanguardia, la cual se acrecenta a medida que avanza el film. Los primeros planos, el valor de expresión con que están dotados los rostros y la intensidad espiritual que brota de cada una de las imágenes, permiten con facilidad asociar la propuesta poética de Chervyakov al cine de Carl Dreyer. Los inverosímiles intertítulos argentinos (agregados con impunidad por el distribuidor local, quien también se tomó la libertad de retitular la obra como “El hijo del otro”, cuando “Moy syn” significa “Mi hijo” en el ruso más llano), intentan direccionar con firuletes tangueros la interpretación del film, pero terminan ahogados en su propio peso ante una propuesta marcadamente formal. El epifánico final, de dimensiones tanto épicas como reveladoras, es una cumbre del cine silente.

Ignorado por la mayor parte de la bibliografía especializada, por la comprensible razón de la imposibilidad material de acceso a copias, el redescubrimiento del film de Chervyakov constituye un llamado a repensar la historia del cine soviético ante la aparición de una pieza ineludible. Pero también constituye un nuevo llamado a la necesidad de la concreción de una institución pública nacional, la tan añorada Cinemateca Nacional, que se encargue de resguardar y restaurar el patrimonio cultural argentino, como es el caso del film de Chervyakov, porque si bien se trata de una obra de origen soviético, la única copia disponible se trata de una reversión intervenida por la idiosincrasia local, que por más desopilante que sea no deja de ser plenamente argentina.

Publicación: Febrero 2015