Mommy de Xavier Dolan

Sobre la violencia positiva

'Mommy' de Xavier Dolan, por Eddy Baez

Exasperante y cacofónica. Así podría resumirse la experiencia que promueve Mommy (2014), quinto largometraje del canadiense Xavier Dolan, quien como de costumbre nos presenta un film poblado de diálogos bulliciosos y empalagosa música pop, que aparejada entre gritos y risas, acompaña preciosos y precisos primeros planos. Pero en este film el director redobla su apuesta y presenta esto en un interesante formato 1:1 que todo lo encapsula. Convirtiendo al espectador en una especie de observador indiscreto que, como los personajes, observa una realidad que le es ajena y que oportunamente podrá traspasar.

Este juego, que a primera vista buscaría trasmitir las altas y bajas emocionales de sus personajes ha desatado una intensa polémica tras su premiación en el Festival de Cannes, donde obtuvo el Premio del Jurado 2014 (compartido nada menos que con Jean-Luc Godard). La propuesta, considerada “radical” por muchos, es calificada como “obvia” por otros, en tanto simplemente busca reflejar la interioridad de sus personajes. De una u otra forma, el film es también un ejercicio que robustece la amplia filmografía del director, quien a lo largo de su carrera se ha jugado por probar, y experimentar con distintos géneros y formatos. Su búsqueda, que hasta el momento se ha realizado enteramente en el campo de lo formal, propone una temática que en conjunto traza un mapeo afectivo contemporáneo, donde las relaciones amorosas contemplan la consolidación de la identidad sexual, los amores virtuales y los vínculos familiares. Amores reales o imaginados, pero siempre imposibles y desencontrados, a los que curiosamente las críticas más feroces acusan de “falta de compromiso”, pues pareciera que el universo dolaniano no reproduce la complejidad de las relaciones sociales y que sus “vacíos” personajes construyen un mundo altamente fetichizado.

Ante esta supuesta insuficiencia para captar la realidad, cabría entonces preguntarse por la cantidad de jóvenes directores que tratan de hablar de sus vínculos amorosos y especialmente por aquellos que toman a sus madres como puntos de partida para construir desde ellas un objeto de discurso con una mirada fresca. La respuesta no arrojaría muchas novedades. Las propuestas de Dolan, en cambio, reflejan en alguna medida la complejidad de la maternidad en pleno siglo XXI. Y es que, aquella figura materna que nació con Yo maté a mi madre (2009) y que atraviesa toda su filmografía hasta llegar ahora a Mommy, no es simplemente un objeto más del listados de fetiches y obsesiones del mediatizado enfant terrible que Cannes construyó, sino más bien el inquieto palpitar de un signo de época, que nos habla de una realidad: madres solitarias que con poco éxito construyen hogares y enfrentan la inagotable búsqueda del yo, en un proceso que se da en simultaneidad con la necesidad de entender al otro, en este caso sus hijos.

Seguramente esta idea resulta más estridente que la propia película, en tanto que no es el tema central de las obras del canadiense, pero nada más real que la presencia de estas madres modelo siglo XXI, para señalar al presente. Tanto Chantale (Yo maté a mi madre) como Diane (Mommy), son mujeres prácticas, malhumoradas, obsesivas, pero sobre todo luchadoras, que buscan entender a sus hijos aunque al principio no lo parezca y casi nunca lo logren. Ciertamente por la construcción melodramática en la que cada emoción y cada gesto se expresa al extremo y esa reiterada correspondencia entre lo visual y lo auditivo que gobierna los films de este director, una lectura existencialista es compleja y por lo tanto poco probable.

Es esa literalidad emotiva que alcanza niveles excesivos al estar reflejada también en el formato que las contiene y que por sus propias características las duplica la que da pie para descalificar los logros de Mommy. Sin embargo, nos guste o no, esta obviedad no imposibilita la experiencia sensorial que nos promueve la expansión de la imagen hasta ocupar el total de la pantalla en ciertos momentos del film. Este jugueteo con las posibilidades materiales del formato, nos pone de cara a la experiencia audiovisual. Aquí, o bien somos víctima de la sorpresa y nos invade una sensación de encantamiento, o bien nos encontramos presos de la irritación ante el empalagamiento que muy probablemente produce escuchar completa la canción Wonderwall de Oasis. La espectacularidad produce afectación, y esto no tiene que ser necesariamente algo placentero.

Es en esta violencia donde reside la positividad de esta saga materna. Y aunque parezca poco o ingenuo, esa elección de tomar riesgos es un gesto que nos dice más de lo que parece a simple vista: a estas alturas queda claro que este director sabe cómo jugar a lo seguro, lo confirman así sus dos primeros trabajos y muy especialmente Laurence Anyways. Por sobre todo Mommy nos dice que ni el film ni su director buscan ser perfectos, sino aprovechar cada nuevo proyecto como una instancia de ensayo donde, más que el agotamiento de un tema, se esboza la consolidación de un director aventurero.

 

Publicación: Abril 2015

Canadá. 2014. Drama. 139 minutos

Dirección: Xavier Dolan
Guion: Xavier Dolan
Producción: Sylvain Corbeil, Xavier Dolan, Nancy Grant, Lyse Lafontaine
Dirección de arte: Colombe Raby
Diseño de producción: Carole Mondello
Música: Eduardo Noya
Maquillaje: Erik Gosselin, Annie Jalbert, Maïna Militza
Fotografía: André Turpin
Montaje: Xavier Dolan
Vestuario: Xavier Dolan
Protagonistas: Anne Dorval, Antoine-Olivier Pilon, Suzanne Clément, Alexandre Goyette, Patrick Huard

Xavier Dolan