Misterios de Lisboa (2010) de Raúl Ruiz

La rerere(…)presentación


Por Iván Morales

En el último trabajo de Raúl Ruiz (¿película, serie, folletín, telenovela?) la historia –y la Historia- se construye compulsivamente a través de múltiples representaciones. Misterios de Lisboa es un juego de piezas móviles donde la trama argumental se consume a sí misma, es una excusa para dar lugar a un entramado de puras funciones del relato, puros actantes de un mundo ficcional.

La trama inicial es simple: Pedro da Silva, un niño que nada conoce de su pasado, vive en un orfanato bajo el cargo del Padre Dinis. En apariencia –porque todo en Misterios de Lisboa es apariencia- la fórmula consiste en un protagonista que está en la búsqueda por reconstruir su identidad con un ayudante que lo irá guiando en el camino; sin embargo este principio que parece sostener la historia se derrumba ante la evidencia de un relato que se sobrepone a ella, donde la trama deja de significar una sucesión lógico-causal de acontecimientos (la historia) que girarían en torno a un conflicto (encontrar la identidad del protagonista) para convertirse en un entramado del relato. Aunque el protagonista intente forzar el relato hacia la historia, hacia su historia –descubrir quién es-, este se le escapa porque la base sobre la que debería sostenerse se repliega sobre sí misma, cada nuevo personaje que aparece irrumpe con una nueva versión sobre los hechos, una nueva representación.

Al inicio, cuando Pedro está enfermo, su madre le regala un teatro de cartón con figuritas que hacen de actores, ésta es la misma lógica con la que los personajes se deslizan a través de los escenarios de Lisboa donde la puesta en escena explicita el principio que rige a la película: ya no importa la psicología de los personajes sino su carácter de figuras maleables –de cartón, como en el teatro de juguete. No hay escena en que la cámara se detenga, por el contrario, siempre está en movimiento rodeando las conversaciones entre los personajes, subrayando el vaivén de estos actantes que no pueden pararse sobre ninguna certeza, porque todos mienten. El paroxismo de este proceso es, quizás, la escena del baile donde ya no solo es la cámara la que realiza un movimiento de travelling sino también los personajes mismos que avanzan en línea recta como si estuviesen parados sobre un riel, como figuras del teatro de atracciones.

Este carácter artificial de lo que suele ser naturalizado por la narrativa clásica abarca todos los rincones de la película, porque es representación también el sueño inicial de Pedro (aunque sin caer en la pregunta ¿fue todo en sueño?, ya que eso no es lo que le interesa a Ruiz en tanto que todo está cargado de tantísimas elaboraciones, realidad y realidad onírica son términos intercambiables). Es representación la propia identidad de cada uno de los personajes (no solo la del protagonista), evidenciada a medida que avanza el relato, como mamushkas, como disfraces infinitos que no permiten alcanzar a un sujeto único y verdadero. El Padre Dinis se nos aparece como un hombre religioso, pero fue también soldado y bandido. Y es también detective, casi como participante absoluto debido a todas las formas que representa –carácter falso, pretensión de materializarse en narrador omnisciente que luego el film se encarga de develar como imposible. Pero un detective inútil, porque su función no es aclarar la diégesis, sino enredar el relato.

Es representación la propia disposición del espacio dentro del cuadro, como las pinturas burguesas autoreferenciales del siglo XVII, el plano es estructurado con múltiples cuadros internos creando un lugar propicio para que el espectador espíe, para que sea un observador más en ese juego de especulaciones; quizás identificándose con el único elemento dentro de Misterios de Lisboa donde es posible atreverse a pararse con firmeza: los criados. La clase aristocrática en decadencia es acechada por los sirvientes, todos sus secretos, traiciones, actos de adulterio, son observados de manera estática, como un cuadro, como una puesta en escena teatral, como espías que miran detrás de una cortina. Quizás sean los únicos entiendan el carácter ficcional de esa gran representación.

Misterios de Lisboa vuelve sobre el folletín del siglo XIX del mismo modo que lo hacen las series televisivas del siglo XXI, como en Lost, ya no importa qué nuevas calamidades pueden sucederse en la historia, sino hasta dónde puede torcerse el relato.

Publicación: Octubre de 2011

ficha técnica

Título: Misterios de Lisboa
Título Original: Mistérios de Lisboa
País: Portugal/Francia         
Año: 2010
Duración: 266 min


Director: Raúl Ruiz
Guión: Carlos Saboga, en base a la novela Camilo Castelo Branco
Fotografía: André Szankowski
Montaje: Valéria Sarmiento, Carlos Madaleno
Producción: Paulo Branco
Intérpretes: Adriano Luz, Maria João Bastos, Ricardo Pereira, Clotilde Hesme, Afonso Pimentel