MAPA, de Elías Siminiani

Play The Game

Mapa, de Elías Siminiani, por Lucía Salas

It's so easy
when you know the rules

it's so easy
all you have to do is fall in love
play the game
everybody play the game of love

Fragmento de la letra Play the game de Queen

Toda la obra de Elías Siminiani está interconectada. Todas las filmografías lo están, pero la de Siminiani es el corpus fílmico más interconectado y autoreferencial que haya visto en los últimos años. Siminiani es un fanático de los juegos y —por lo tanto— de sus reglas.

En 1998 comenzó una serie de microdocumentales llamados Conceptos clave del mundo moderno (que hasta la fecha son cuatro), ensayos fílmicos que analizan  la relación entre estos conceptos con la falsa ilusión del sueño americano. Son La oficina, El permiso, Digital y El tránsito. Sus reglas son planteadas y explicadas en una pieza llamada Intro a El tránsito. Esta serie tiene reglas muy claras, o estricto encuadre formal:

1)       Todos los episodios comenzarán con una definición de diccionario.

2)       Todos los episodios tendrán un mismo final.

3)       Todos los episodios serán ensayos fílmicos: texto en off contra imágenes.

4)       El texto será en inglés y leído por una misma persona: Charity Bustamante.

5)       Todos los episodios se rodarán en la ciudad de Nueva York.

6)       Siminiani escribirá, filmará y montará cada episodio en soledad.

7)       Sólo hará un episodio cuando sienta que ha llegado el momento de hacerlo.

La idea de este ejercicio es desarrollar una relación lo más íntima y directa posible con el cine y ver cómo el paso del tiempo afecta a los siete puntos o como responde él en su paso del tiempo a mantener el manifiesto de los siete puntos.

Estas parecen ser —menos estrictas— las reglas para hacer, y entender, el cine de Elias Siminiani. Es un juego un poco agotador para la mente, complejo, lleno de reglas, estructuras y simetrías, pero que va perdiendo disciplina con el tiempo y se va dejando caer en ese arrebato de Queen de Play the game del que habla en esa pieza teaser de Mapa, Los orígenes del Marketing.

En Límites/1º Persona (2009), Siminiani toma un corto que hizo con imágenes del desierto provenientes de un viaje con su ex novia (Zoom, 2005), y lo analiza en sus formas, en su discurso y sobre todo en relación con su vida personal. Siminiani hace un corto sobre cómo, después de un tiempo, comprende su ruptura a través de un corto —Zoom— y asume su responsabilidad en la ruptura de la pareja. Luego este segundo corto —Límites— abre su primer largometraje, Mapa (la razón que nos convoca) como herramienta para que aquellos que no conocíamos la obra de Siminiani hasta ahora comprendiéramos cómo es su cine. Un cine que toma como materia prima su propia vida, y que no por eso es narcisista sino muy severo, consigo mismo y con la forma de estructurar(se) frente a la cámara.

En el texto de Siminiani sobre su obra en el libro Territorios y Fronteras[1], pone una oportuna cita de Chris Marker:

“Utilizo todo lo que tengo. Frente a lo que la gente dice a menudo, el uso de la primera persona tiende a ser un signo de humildad: todo lo que tengo para ofrecer es yo mismo”.

Mapa es el resultado de todo esto. El resultado de varios estudios sobre el control que se puede tener sobre las estructuras narrativas, pero también sobre cómo alguien que fue educado en función del sistema clásico de representación puede separarse, desligarse de todo esto. Y una vez que se descubre que no, un estudio sobre por qué alguien podría querer desligarse de estas estructuras, que tienen la misma capacidad de juego que las estructuras menos canónicas y clásicas.

Siminiani construye un relato con un protagonista —él mismo— que se presenta al principio de la narración, con un conflicto que es precisamente lograr terminar esta película. En el medio tiene obstáculos, se pierde, se angustia, y sobre todo tiene desencantos amorosos que nos hacen pensar que quizás esta película no encuentre nunca su final, que se perderá en el vacío, nos angustia, nos marea y luego hay un clímax y nos emocionamos, y todo se resuelve. O algo así. Porque si bien esta es una película sobre la duda, los juegos y avanzar a prueba y error, nunca pierde de vista su propia estructura. Mapa es una película muy lúdica, pero es también muy controlada.

Este protagonista, que se presenta como dubitativo y tembloroso, es una construcción. Es parte de lo que Siminiani pensó sobre su película en la sala de montaje. Y esto nunca es ocultado sino más bien remarcado. Tiene una especie de enemigo u oponente, que se llama “El otro” y que es su propia voz, sólo que con otra entonación y con otro carácter, más cínico y grave. El conflicto interno está materializado, parodiado y es parte del juego, y la figura del realizador-protagonista está estructurada como un rol, o sea un personaje como elemento codificado, un elemento más del juego.

Todo esto es materializado sonoramente porque salvo por Ainhoa —la ex novia ahora mejor amiga de Siminiani— ningún personaje aparece de cuerpo presente en el plano. Elías y el otro son una voz, dividida en dos, que se comunica con nosotros o con él mismo, dependiendo del momento. Hay momentos en que parecen olvidarnos, y momentos en los cuales actuamos casi de interventores. El personaje de Luna —la mujer rompecorazones que deja a Siminiani por un yogui ya formado— no es ni siquiera una voz, es una evocación. Siempre oímos cosas sobre Luna, durante toda la película, y sabemos de los viajes que emprenden con Luna, sus conversaciones telefónicas, el amor, el desamor, pero ella jamás aparece. Todo el tiempo que Siminiani realmente pasó junto a Luna en su vida real, la duración del romance, está comprendido dentro de una elipsis que hay en la película, una elipsis de dos años. Sólo aparece en sus videos de vacaciones, de niña, en un muy noventoso viaje a Disney. Luna ni siquiera se llama Luna. Luna es el misterio.

Entonces tenemos una estructura actancial clara: un protagonista, que está desdoblado en una voz y dos entonaciones, una película que se quiere terminar y no se termina. Una amada inalcanzable que es una evocación sin imagen ni sonido y una ex novia ahora mejor amiga que es nuestro nexo con la obra anterior de Siminiani, que es el único personaje que aparece retratado por Siminiani, y que será el personaje que dará el cierre a la película, tomando la cámara y filmando al director mientras éste se aleja, a viajar nuevamente. Como esta es una película sobre el control, pero también sobre aprender a soltarlo, cuando la película avanza pero el conflicto no se resuelve parece que todo se detiene. Para que su película se resuelva, Siminiani tiene que aprender a ceder el control, a ceder la cámara y comprender que si su materia prima es su propia vida, tarde o temprano tendrá que pasar la cámara y dejarse dirigir. Aprender a jugar con otros, no sobre otros. Para llegar a esto Siminiani tiene que luchar contra dos personajes —El otro y Luna— y recorrer toda esta comedia romántica con personajes inmateriales/no materializados, para comprender que la solución estaba en sus cortos anteriores, en el personaje de Ainhoa —su ayudante— y a partir de eso probablemente tomar todo su material y estructurarlo para que logre avanzar hacia este punto.

Pero cuando la propia vida es la materia prima esto es muy complejo. Es impresionante el proceso de generación de una estructura de ficción controlada y coherente sobre un material que documenta situaciones incontrolables como el amor, los viajes, los accidentes de tránsito. Sobre todo la integración de la incertidumbre y los problemas del manejo temporal del material documental incorporados a la estructura que plantea desde un principio la película.

Además, Siminiani encuentra la forma de integrar constantemente al espectador en su estructura, generando momentos de interacción en los cuales los espectadores —que ya no podemos tomar distancia porque la estructura es muy compleja, los procesos de identificación están muy bien planteados y ya olvidamos que todo esto es una puesta en escena o una puesta en estructura mejor dicho— creemos participar activamente de la película. Siminiani juega con la situación ritual de concurrir a la sala de cine y su posición de guía/enunciador del contrato audiovisual y nos lleva a realizar un auténtico rito dentro del rito, un rito del olvido, con etapas y particularizado en cada espectador, con el supuesto objetivo de que todos, Siminiani y nosotros, todos juntos olvidemos a alguien que no podemos olvidar, para que él olvide a Luna. Y de paso olvidemos que estamos en el cine viendo una película de Siminiani, quien a su vez no deja de jugar con nosotros.

Para cuando terminó Mapa realmente no sabíamos qué nos había golpeado. Algunos se quejaban porque el rito del olvido, más que a olvidar, los había llevado a recordar algún personaje indeseable/deseado del pasado, otros quedaron bajo los efectos de la comedia románticas, la nostalgia de la identificación, y otros quedamos maravillados con las reglas nuevas de este juego que Siminiani nos invita a jugar, que no era tan complicado como parecía porque algunas ya las conocíamos: las de la narración clásica, y las de Queen.

Y así Siminiani, ya sea por empatía generacional, por su relato atrapante/espectacular o por su manejo lúdico del lenguaje logra estructurar una película que funciona para todo tipo de espectador, o para que todos conformemos todos los tipos de espectadores posibles.

Publicación: Febrero 2013

Título: Mapa
Origen: España
Año: 2012
Duración: 85 minutos Color: Color Formato: HD
Dirección: Elias Leon Siminiani.
Guión: Elias Leon Siminiani.
Fotografía: Juanma Nogales (tratamiento de imagen).
Edición: Elías Leon Siminiani.
Producción: Marión Guevel, Santiago García Leániz y Simón de Santiago.
Productora: Avalon PC y Pantalla Partida.