LOS ILUSOS, de Jonás Trueba

Ayer, hoy y mañana

Los Ilusos,  de Jonás Trueba
«De algún modo sobreviví la noche
y entré en el día.
Al salvado le basta su salvación
aunque no sepa el cómo»
Emily Dickinson, Somehow myself survived the Night

La naturaleza misma del presente es el esbozo. Retratar al más fugitivo de los tiempos significa intentar capturar lo efímero e inaprensible, como quien desea guardar en la palma de la mano un copo de nieve que se desvanece. Así, no deben ser muchas las obras que –realmente– tienen al presente más inmediato como centro de su discurso. Porque realizar una obra sobre el hoy no significa simplemente ligarla argumentalmente a la agenda del día, sino esbozar ideas que en su propia materialidad tengan presentes los trazos subjetivos e ineludiblemente personales de las miradas inquietas. Ser fiel a una poética del presente significa ser cuestionador de las formas preestablecidas, de los discursos instaurados, de las condiciones de producción aceptadas.

Los Ilusos, segundo largometraje del realizador madrileño Jonas Trueba, es una gran obra sobre el presente, esbozada desde la más desbordante sinceridad y transparencia. Realizada completamente al margen del sistema industrial, sin financiamiento, subvención o apoyo económico de ninguna índole, rodada durante varios meses en los ratos libres que disponían actores y equipo técnico, Los Ilusos es la quintaesencia del cine realizado desde la entrañas. Y a la vez es testimonio de un momento irrepetible. Dicen que las grandes obras son aquellas que encuentran su grandeza en haber sido realizadas en el momento justo, cuando más se las necesitaba. Los ilusos es un caso testigo: rodada en fílmico –en Super 16mm, con una vieja cámara propiedad del documentalista Javier Trueba y con material fílmico sobrante del rodaje de El muerto y ser feliz de Javier Rebollo–, su propia materialidad nos plantea una interpelación al presente a partir de herramientas que la industria ha decidido dejar de lado, decisión que instaura una mirada sobre los materiales difícil de reproducir sobre otro soporte. Por demás dificultoso es imaginar una obra como Los Ilusos en el matemático terreno de la imagen digital, porque en su naturaleza analógica encontramos impresa la espera, el esbozo, el azar, el “error”, tan propios del registro fotoquímico.

Genios o enamorados


En una de sus habituales frases iluminadoras, Jacques Rivette dijo alguna vez que toda película es un documental sobre su rodaje. Entonces, si todas las películas son un documental sobre su propia gestación, lo que diferencia a una de otras es el pacto que establecen con el espectador ante la inevitable existencia del artificio. Es allí donde Los Ilusos es una película completamente sincera: por su desocultamiento del dispositivo, por su develamiento del artificio, por su carácter tentativo.

El film se articula en dos partes. En la primera hay preponderancia de los esbozos metalinguísticos, captura de instantes dispersos (pero siempre orgánicos), cine-dentro-del-cine, voces en sombras. En la segunda parte, insospechadamente, emerge un esbozo de historia. Y todo se hace radiante. En sus pasadas en festivales se ha escuchado de todo respecto a estas dos partes. Hay quienes prefieren más la primera que la segunda y inversa. Sin embargo, estas dos partes son indisociables. La historia toma dimensión a partir del esbozo, emerge sin culpas para contarnos la aventura más universal del mundo: chico conoce a chica. “Puede que me equivoque, pero existe un momento en la vida, solo uno, en el que somos conscientes de que somos genios o enamorados”, dice el protagonista. La radical sinceridad de Los Ilusos reside en evadir el callejón sin salida que plantea el esbozo subjetivo, para animarse a nadar contra la corriente y dejar fluir la felicidad. Porque Los Ilusos es sobre todas las cosas una película feliz.

Los Ilusos

Los tiempos de crisis habitualmente dejan a exposición las miserias humanas, pero también los fuertes lazos humanos. La amistad y el afecto son esenciales en tiempos de crisis, donde todo es incertidumbre. Los Ilusos muestra una Madrid gris, en penumbras, lejos de la postal for export. Sin embargo, cada situación del film es luminosa, las propias personas-personajes las iluminan. La amistad y el cariño mutuo son fuente de luminosidad interna de cada personaje de Los Ilusos. Toda situación adversa puede ser revertida al tener cerca un oído amigo, una canción compartida socialmente, o un niño que desajuste las tonteras.

Esa intempestiva felicidad que irradia Los Ilusos resulta un antídoto contra la nostalgia. El presente, por más errático y quebradizo que sea –no es cuestión de pecar de inocente y creer que las cosas andan bien por el mundo–, merece ser vivido intensamente.

Todas las películas hablan de mí

Los Ilusos puede ser pensada como una película cinéfila, lo cual no deja de ser una definición evasiva. Porque si bien desborda de cine, de películas, de cineastas en los rincones (Jonas Mekas en una esquina, un joven Charles Chaplin en otra), su concepción ética la distancia de la cinefilia más ortodoxa. Esto queda sutilmente remarcado en un definitorio momento del film en que León (Francesco Carril, estupendo) le propone a su amiga suiza que en vez de ir al cine opten por ir a cenar. Todo un sacrilegio para la cinefilia más ortodoxa, pero una declaración de principios hacia una apropiación cinéfila sin dogmatismos. El cine atravesará la vida, pudiendo motivar momentos de revelación (León maravillado ante un film de Tsai Ming Liang en la tele), de indagación intelectual (un texto de Jacques Rivette como argumentación en una discusión sobre el suicidio) y poesía visual (León y Sonia en las penumbras de una sala de cine en la que se ve un film de Yasujir? Ozu). Pero finalmente será la vida la que marque al ser humano.

Los Ilusos descree de la concepción cinéfila que ve al cine bigger than life. Y sin embargo es una apasionada declaración de amor al séptimo arte, de las que surgen solo cuando se lo siente interiormente.

Publicación: Mayo 2013

Título original: Los Ilusos
Título en inglésThe Wishful Thinkers
Año: 2013
Origen: España
Dirección: Jonás Trueba
Guión: Jonás Trueba
Producción: Javier Lafuente, Jonás Trueba
Fotografía: Santiago Racaj
Edición: Marta Velasco
Dirección de arte: Miguel Ángel Rebollo
Música: Abel Hernández “El Hijo”
Sonido: Víctor Puertas, Eduardo G. Castro
Intérpretes: Francesco Carril, Aura Garrido, Vito Sanz, Mikele Urroz, Isabelle Stoffel, Luis Miguel Madrid, Javier Rebollo

Jonas Trueba | Los Ilusos