Leviathan, de Andrei Zvyagintsev

La inexorable (y desconocida) voluntad de las cosas

'Leviathan' de Andrei Zvyagintsev, por Eduardo Marún

Una melodía inconfundible con el sello propio de Philip Glass, planos panorámicos de paisajes monumentales de una belleza tan sublime como gris, todo al mismo tiempo, en un tiempo único que se desprende de esa conjunción única. Aquella formula que dio vida a la trilogía Qatsi de Godfrey Reggio parece ser la escogida por Andrey Zvyagintsev para inaugurar su última realización: Leviathan. Ya en Elena, el anterior filme del cineasta ruso, el mítico compositor dotó a las imágenes urbanas —generales, pero sin llegar a ser panorámicas— de un estado propio, con un tiempo que poco tenía que ver con el relato. En el cine de Zvyagintsev parece haber una fuerza motora que excede y supera a los personajes, como una marea arrolladora que impone a voluntad la marcha de las cosas. Esta situación que en Elena aparece sugerida, en Leviathan cobra todo su vigor; y así como Reggio impuso desde sus monumentales panorámicas —casi siempre escuchando a Glass— el ritmo irrefrenable y frenético de la modernidad, comenzando desde la naturaleza en la primera parte de Koyaanisqatsi (1982) para luego pasar a la esquizofrenia urbana, Leviathan viene a retomar la iniciativa de Reggio, pero a una escala más chica, en un pueblo alejado.

Aun así, con esa diferencia de proporciones —Reggio tiene la intención utópica de querer develar la intención global del mundo—, el concepto de lo sublime kantiano parece estar impregnado en ambas filmografías. Si los paisajes para Kant, en contraposición a las obras de arte, tenían la condición de ser inaprensibles por el sujeto en su totalidad —solo en forma de recorte quizás, pero ya dejaría de ser lo que estamos viendo—, los planos de Leviathan y Qatsi también nos afrontan con una inmensidad tal que no podemos manejar. Pero lo sublime de estos planos no tiene que ver con una condición meramente estética que no podemos apreciar en su totalidad, sino más bien con una fuerza oculta que se mueve detrás de esos paisajes. Lejos de todo psicologismo, los personajes de Zvyagintsev tienen acciones cotidianas sumamente predecibles —así, Elena cae en clichés redundantemente: como el del borracho holgazán que cada vez que entra en plano pide una cerveza, aquí reemplazada por el vodka—; hasta que la fuerza inexplicable e inexorable aparece y se los lleva puestos. No pueden hacer nada. Y en ese momento, cuando son llevados a hacer algo, solo en ese instante, ejecutarán algo distinto (Elena asesinando a su esposo; la muerte, la prisión y el orfanato o los nuevos tutores para los protagonistas de Leviathan).

La casa de una familia media está en la mira del alcalde del pueblo. El estereotipo del político gordo inescrupuloso que hará lo que sea por conseguir ese terreno, no faltará. Es que los personajes parecen importar poco, sino mas bien la sensación de poder presenciar aquello que los arrastra. Pero cuidado, aquí no hay nada que entender. El cineasta ruso no intentará dar herramientas de por qué el mundo, o este pequeño pueblo, funcionan como funcionan. Aun las imágenes de los políticos rusos que aparecerán en cuadros, no nos servirán de anclaje. Todo parece pasar y reacomodarse en una nueva situación, donde el porqué de la situación pasada quedará ausente. Esas embarcaciones hundidas, derruidas y fragmentadas por el paso del tiempo, el monumental esqueleto de ballena que yace en la costa, insinúan el inexorable paso del tiempo y de una voluntad siempre mayor a uno, en donde el pasado de uno es reabsorbido naturalmente en un nuevo status quo. Lo que le sucedió a esa familia de Leviathan, o la familia de Elena, quedará subsumido y olvidado. Los finales de Zvyagintsev no son finales, sino nuevos comienzos, hasta que la ola pase de nuevo e imponga un nuevo orden.

A esa belleza universal de un paisaje que Kant entiende como sublime, el cineasta le otorgará una impronta de pesimismo. Y esto no implica que recaiga en algo así como un sublime negativo, sino que parecería sugerir que esas imágenes bellas están obligadamente insertas en un contexto oscuro que las engloba, que esta es la única manera verdadera de contemplación: la belleza como tal no puede aislarse. Y a su vez, en este contexto gris, está el inexorable transcurrir de los sujetos, quienes solo podemos observar hasta que la marea nos alcance.

Publicación: Abril 2015

Titulo original: Leviafa
Género: Drama
Origen: Rusia (2014)
Duración: 139 min.
Intérpretes: Vladimir Vdovichenkov, Elena Lyadova, Aleksey Serebryakov, Anna Ukolova, Roman Madyanov, Lesya Kudryashova
Director: Andrei Zvyagintsev
Guionista: Oleg Negin, Andrey Zvyagintsev
Director de fotografía: Mikhail Krichman
Música: Philip Glass
Montaje: Anna Mass
Calificación: Apta para mayores de 13 años
Web: http://www.sonyclassics.com/leviathan
Estreno en Argentina: Jueves 02 de Abril de 2015