El chico de la bicicleta (Le Gamin au vélo), de Jean-Pierre & Luc Dardenne

Poema de un cuerpo que vibra

El chico de la bicicleta (Le Gamin au vélo), de Jean-Pierre & Luc Dardenne

Pocos son los directores contemporáneos que han marcado un canon en el cine internacional de los últimos años. Pocos son radicalmente fieles a su estilo, y a su vez, buscan reinventarse permanentemente en cada obra. Pocos son los que logran influenciar, en forma consciente o no, a miles de cineastas. Los consagrados hermanos belgas, Jean-Pierre y Luc Dardenne son, sin duda, dos de estos grandes cineastas.

Dueños de un realismo que desborda por su crudeza, de una cámara que por momentos tiembla y sigue de cerca los pasos de sus protagonistas hasta percibir el sonido de sus respiraciones, los films de los Dardenne son poéticamente inquietantes. Sus historias están plagadas de personajes marginales que al hallarse en situaciones límite, al borde del abismo, se aferran al cuerpo del otro en un gesto desesperado. Necesitan del otro (que a veces es un desconocido) como reflejo de sí mismos y como refugio para no caer, para seguir viviendo. Lejos de reconfortarnos, las historias de este dúo de cineastas perturban la mirada. Se presentan ante nosotros y nos devuelven el gesto como una cachetada para despertarnos de nuestra pasividad en la butaca del cine. Y lo que explica este acto de compromiso ético y moral que es el vínculo entre espectador y personajes del film es el movimiento, el ritmo y el retorno a una filosofía del cuerpo que los Dardenne han reconocido al reflexionar sobre su propia obra.[1]

En el plano de la ficción, ese compromiso ético y moral se extiende en el lazo que vertebran los personajes entre sí, donde el contacto con el otro es netamente corporal, ya no tanto verbal. En Le Gamin au vélo, el joven Cyril de trece años (Thomas Doret) se abraza con todas sus fuerzas al cuerpo de una desconocida, en este caso Samantha (Cécile De France) para evitar volver al orfanato. Cyril tiene —como todos los protagonistas de los Dardenne— objetivos claramente delimitados: quiere sencillamente recuperar su bicicleta y vivir con su padre, que le prometió retirarlo del orfanato al mejorar su pasar económico. Ese contacto físico al que Samantha cede casi pasivamente, provoca en ella el reconocimiento de un cuerpo desesperado. Para los Dardenne el otro es literalmente un refugio, un sostén.

¿En qué medida nos afecta el contacto corporal con los demás? ¿Hasta qué punto somos responsables de la vida del otro?  En un gesto para proteger a su marido por conveniencia, Lorna le hace el amor para salvarlo de la drogadicción en El silencio de Lorna. Más adelante, Lorna se aferra como Cyril a los brazos del médico al cual le confiesa que no quiere abortar a su hijo. En Rosetta la protagonista levanta y socorre desesperadamente a su madre inconsciente en el piso, sabiendo que su vida depende enteramente de ella. Los jóvenes padres de El niño juguetean, se golpean y corren con el bebé en brazos como si ambos fueran también dos niños. Son personajes que sujetan a otros, que se aferran a ellos y no los sueltan.

El cine moderno ha seguido de cerca las historias de niños marginados en busca de su infancia perdida: desde Alemania año cero a Ladrones de bicicletas en el neorrealismo hasta Los cuatrocientos golpes y Crónica de un niño solo. Antoine Doinel escapa del orfanato y corre hacia el mar, Polin corre hacia el río y Cyril pedalea en su bicicleta en un halo de libertad, buscando el cariño y el reconocimiento de su padre. La bicicleta es el motor de vida para Cyril, manteniéndolo en constante movimiento. La frialdad y ternura que se imprime en el rostro de nuestro personaje nos recuerda al niño que debe madurar de golpe por las circunstancias de la guerra en La infancia de Iván.  En un acto de buscar ser reconocido por un padre sustituto, Cyril conoce a Wes y comete un robo por él sin pedir nada a cambio. Lleva a su padre una ofrenda: el dinero robado, por lo cual el padre lo  rechaza  rotundamente. Cyril cae en la tentación del mal y la amoralidad pero, lejos de convertirse en el Jaivo de Los Olvidados, halla un momento de redención. En ese punto de inflexión donde los personajes de los hermanos Dardenne descubren una posibilidad de escapatoria y encuentro consigo mismos, la cámara los abandona, y los films culminan. Como los mismos Dardenne han reconocido, ante la cámara la presencia cambia cuando se posa ante ella un niño: “Un niño simplemente está ahí, hace”[2].  Esta presencia que excede el profesionalismo y la técnica, ese fragmento de realidad que se inscribe en el film, genera un diálogo directo entre el dúo de cineastas y el problema abierto a mediados de siglo XX por André Bazin. ¿Qué hace a lo auténtico en el cine? ¿Cómo se inscribe lo real? ¿Cómo plantear la realidad en el cine preservando su ambigüedad?

Hay un elemento que si bien aparece al final del anterior film, El Silencio de Lorna, en Le Gamin au vélo se ha hecho más pronunciado: la banda sonora como marca enunciativa, gesto directo de intervención de los directores en la historia. Un adagio un poco mosso de Beethoven interviene en varios momentos: cuando Cyril duerme luego de habérsele impedido encontrarse con su padre y luego de sus encuentros con éste, donde el niño es rechazado. Aquí, la música sobrevuela la película y los personajes. La música es todo aquello que le falta a Cyril, es el amor y cariño que no encuentra en ninguna parte salvo en el cuidado de Samantha[3]. Ante su desprotección y vulnerabilidad, los directores  extienden a través de la música un gesto de afecto hacia Cyril, a modo de prolongar la caricia tierna de Samantha. El adagio de Beethoven es, como las escenas de calma y felicidad donde Cyril y Samantha van juntos en bicicleta al río, el contrapunto necesario para aplacar la fría violencia del rechazo del padre hacia su hijo.

En un mundo donde las relaciones humanas se ven progresivamente alienadas y cosificadas, en la otra cara de una Europa en decadencia, la cruda poética de los hermanos Dardenne es un halo de esperanza que busca en los huecos de la cotidianeidad la poesía de lo real. En tiempos donde se quiebran los vínculos, donde se produce una pérdida del registro del otro, este dúo de cineastas belgas sigue aferrándose al realismo que emana del cuerpo: el refugio en un gesto, en un abrazo, en una mirada.  

 

Notas

[1] , Masterclass Jean Pierre & Luc Dardenne realizada el 30 de noviembre de 2011 en el Cine Gaumont (Espacio Incaa Km 0) de la ciudad de Buenos Aires.

[2] ibid

[3] “En busca de la vida”. Entrevista realizada a los directores por Ángel Quintana y Jara Yánez en Cahiers du Cinema España Nº49. Octubre 2011.

Publicación: Enero 2012

Título original: Le Gamin au vélo
Año: 2011
Origen: Bélgica, Francia, Italia
Duración: 87 minutos
Dirección y guión: Jean Pierre & Luc Dardenne
Fotografía: Alain Marcoen
Montaje: Marie-Heléne Dozo
Producción: Les Films du Fleuve
Intérpretes: Thomas Doret, Cécile De France, Jérémie Renier, Fabrizio Rongione