Las Acacias, de Pablo Giorgelli

Viajes a horizontes interiores


Por Luciana Caresani y María Gabriela Ragonese

Las múltiples premiaciones que ha recibido este año la ópera prima de Pablo Giorgelli (entre ellas el premio Caméra d´ Or del Festival de Cannes, mejor película latinoamericana en San Sebastián, mejor ópera prima en el BFI London Film Festival y demás distinciones en la 50° Semaine de la Critique en Cannes) abre ciertos interrogantes para reflexionar acerca del estado del cine contemporáneo: por un lado, la necesidad de redefinir el nuevo estatuto de la ópera prima en la prometedora carrera de nuevos cineastas. Por otro, la paradojal estructura de un sistema de distribución nacional: Las Acacias se estrenó en Argentina con trece copias, a diferencia de más de treinta en Francia e Inglaterra.

En el primer plano del film, un enorme árbol de entre cuyas ramas alumbra el sol yace de pie en el medio de un bosque de Acacias. El sonido sordo de una sierra irrumpe en el plano, irrumpe en la poética armonía de la naturaleza. Un árbol cae, y al morir se abre el camino de la materia prima que viaja desde Asunción del Paraguay hacia la ciudad de Buenos Aires. El árbol - símbolo de vida - ahora es cortado, segmentado, arrancado de su medio y mercantilizado. Se abre así el circuito económico que traslada a viajeros como Rubén (Germán de Silva) por las rutas y a jóvenes madres como Jacinta (Hebe Duarte) en busca de un futuro lejano a su lugar de origen. Los altares del Gauchito Gil, las estaciones de servicio, las parrillas a los costados de las rutas, los puestos de control de la policía y los puentes se inscriben en el relato marcando lugares de pertenencia y de referencia.

El sonido de la sierra que llega desde los créditos iniciales hasta actualizarse en la imagen se entrelaza con los créditos finales: Rubén termina su viaje al dejar a Jacinta con su familia y regresa al camión, motor en marcha. Son sonidos rutinarios que, por debajo de su circuito cíclico, atraviesan los cuerpos de manera profunda y los movilizan a su paso. El motivo del viaje se transforma lenta y subrepticiamente, la posibilidad de ver se abre, el otro sigue estando allí, como antes, pero sin embargo ya no es el mismo. A la manera de un viaje iniciático los personajes parten de una situación incómoda e infeliz y en el camino, conmovidos y heridos por la existencia en el mundo (del otro y de ellos mismos), se transforman. Se abre la posibilidad de ver o inventar otro mundo, desde un cotidiano real, sin giros heroicos.

El espejo retrovisor del camión, que constantemente nos enmarca imágenes del paisaje, de autos que comparten la ruta, de Rubén o de Jacinta, e incluso de los troncos de Acacia, refuerza una idea que versa sobre la visión y el tiempo. Esa vista retrospectiva es necesaria para avanzar, muestra lo que se aleja hacia atrás, devuelve algunas imágenes del interior y advierte cierto porvenir, mezcla de punto de vista, deseo e incertidumbre. El espacio reflexiona sobre sí y los cuerpos avanzan intencionados por motivos que yacen en su interior.

Las acacias es un film nómade. Su relato en permanente estado de tránsito acompaña de cerca, dentro del minúsculo espacio del interior de un camión Scania, el movimiento de las emociones de los personajes. Y en ese cubículo donde éstos conviven, el punto de vista se distorsiona. Son las miradas que escapan de ser vistas las que develan el progresivo enamoramiento de Rubén hacia Jacinta. Son los ojos expresivos de la pequeña protagonista, la beba Anahí (Nayra Calle Mamani), los que a diferencia de los adultos pueden mirar al otro fijamente.

En un cotidiano atestado de pesadumbre, de horas eternas, de bolsos en los que parece cargarse la vida, son los pequeños gestos de contacto entre dos manos que se desconocen los que pueden hacer que la madera, como materia prima, vuelva a ser Acacia. La evolución de los personajes está marcada por el ritmo implicado en un largo viaje. De un Rubén que acepta con claro desgano llevar a Jacinta y a su hija, que no la ayuda a subir al camión, que no le ofrece ni agua para beber y se irrita cuando la beba llora, pasamos a observarlo en una actitud cada vez más paternal y cariñosa. Los protagonistas - en principio mostrados como bloques aislados - se acomodan en el espacio reducido del camión generando una situación familiar capaz de suturar las infelicidades individuales que éstos llevan consigo. La tapa de un termo para distraer a un bebé, el observar al otro en silencio, el paisaje de los rostros que se van cargando de vida, un viaje que reconfigura el punto de vista en función de una posibilidad que vibra dentro, la pequeña muerte que tras un viaje conlleva la despedida. Todos estos elementos refieren a una situación germinal adversa que es subvertida por los personajes conforme atraviesan las rutas y su odisea interna.

La ópera prima de Pablo Giorgelli no busca personajes, diálogos ni relatos forzados. Las conversaciones entre Jacinta y Rubén son entrecortadas, por momentos distantes, llenas de vacíos. Pero es justamente en esos vacíos, en esos rostros que ocultan más que develar, en esos silencios donde - como en Chéjov - se abre un mundo. Las ausencias marcan un sentido, y el film se articula en un constante juego de oposiciones: una beba sin padre, un padre sin su hijo. Un hombre solitario habitante de las rutas, una mujer que busca asentarse y cuya familia la espera. La estrechez de los primeros planos en el interior de un vehículo, la grandiosidad de los planos generales de paisajes.

Aun así, el film lejos está de caer en un melodrama o una simple road movie. Son sutiles, casi imperceptibles, las formas de dominación que subyacen al relato. La deforestación masiva, el prejuicio y discriminación al inmigrante, las migraciones del campo a la ciudad, la sobreexplotación laboral son algunos de los elementos que ponen en evidencia el sistema socio-económico dentro del cual los personajes se mueven. En ese marco, el gran sostén del film de Pablo Giorgelli que se nutre de componentes autobiográficos es el refugio del núcleo familiar.

Publicación: Diciembre de 2011

ficha técnica

Título original: Las acacias
Dirección: Pablo Giorgelli
Guión: Pablo Giorgelli & Salvador Roselli
Producción: Verónica Cura, Ariel Rotter
Fotografía: Diego Poleri
Música: Fabio Zurita
Sonido: Martín Litmanovich
Dirección de arte: Yamila Fontán
Montaje: María Astrauskas
Intérpretes: Germán Da Silva, Hebe Duarte, Nayra Calle Mamani
Duración: 82 minutos
Color: Color
País: Argentina - España
Año: 2011
Estreno en Argentina: 24 de noviembre de 2011