LA PAZ, de Santiago Loza

“Si queres te llevo a dar una vuelta”i

La Paz, de Santiago Loza
“Su mirada brilla bajo los párpados muy caídos. Hay que habituarse al enrarecimiento del aire alrededor de esos pequeños planetas azules a los que la mirada pesa, se aferra, en peligro de naufragio.”ii
El arrebato de Lol V. Stein – Marguerite Duras

Así como la madre de Liso lo calca de niño a través de una diapositiva proyectada en la pared, imagino que Santiago Loza da cuerpo a los personajes que acuna en su fantasía: con el mismo grado de detalle, con el mismo respeto y cariño. Quizás por este motivo, el primer plano que se aloja en los rostros de sus personajes es lo que principalmente puebla La Paz.

El maestro John Cassavetes decía: “Cuando empiezo a escribir, la sensación es de un descubrimiento. En cierto modo, no es un trabajo, es encontrar un poco de romanticismo en la vida de la gente. Son vidas que fascinan. Si te atrapan, después quieres hacer algo con ese material: una película o cualquier otra cosa.”iii Y así también lo imagino al escritor y director cordobés, tomado por indicios de historias ajenas que no soltará hasta haberlas investigado lo suficiente para convertirlas en hondas piezas maleables tanto para cine como teatro. Sin embargo, mientras que sus últimos textos dramáticos se centran en personajes que despliegan un habla incontinente –monólogos de adorables mujeres que nos cuentan sus vidas desde la más próxima intimidad–, en el cine, por el contrario, sus personajes tienden a replegarse, acercándose a figuras que abogan por el silencio y por una distancia prudente con el mundo. Así es Axel, el protagonista de su primer largometraje Extraño; como lo es Liso, el joven de este nuevo film, del que tampoco se develan muchos detalles. Pero a pesar de ello, nuevamente una red femenina será la encargada de atajarlo, luego de su salida de un hospital psiquiátrico. Esta red es bien amplia y cuenta con las edades y procedencias más lejanas entre sí. Desde ex novias, prostitutas y amigas, hasta su abuela, su madre y Sonia, la señora que trabaja en su casa y que lleva en su sangre La Paz boliviana. Y en el otro rincón su padre, el único representante masculino que en vez de extender su mano para darle un abrazo le provee plata, unas prácticas de tiro al blanco y varios reproches por no encajar en las expectativas de una familia de clase media acomodada.

El film camina lento y está dividido en capítulos numerados y titulados con una tiza blanca sobre un fondo negro; con un trazo que, como el de la madre de Liso –y a mayor escala el de Loza–, nombra por medio de una textura quebradiza, dejando entrever que en el tránsito de cada letra algo se perdió así como una marca se ganó. De este mismo modo, el joven Liso condensa en sí mismo fisuras insondables y una mirada pesada que las sugiere pero las resguarda. El actor Lisandro Rodríguez le cede al personaje un cuerpo contenido pero disponible para el encuentro con esta red, que intenta evitar su naufragio acompañándolo a su manera: también con sus imposibilidades, con pequeños paseos y algunos obsequios. Y quizás, los dos gestos más vitales sean, por un lado el de su madre: una moto, que le permitirá desplazarse en el espacio para poner en movimiento sus vínculos; y por el otro el de Sonia: un lugar deseado, un punto de llegada que sin querer ira guiando sus pasos.

La Paz vuelve a ubicar la mirada del director entre las más queridas del BAFICI, otorgándole nuevamente en esta última edición el premio a mejor película en competencia nacional. Su gentil cámara retrata y enmarca a sus criaturas fantásticas con la distancia suficiente para mostrar sus miserias, pero sobre todo sus recorridos para intentar conocerlas y aprender de ellas.

El film logra contar con pocas palabras: la banda sonora le concede toda su potencia a los pequeños diálogos, pero fundamentalmente a los silencios que de a ratos son matizados por simples melodías. Lo que prima son los rostros, así se abre y se cierra esta historia: con el primer plano del protagonista al que lisa y llanamente terminamos por comprender.

Loza vuelve a invitarnos a recorrer un camino pausado para no tropezarnos ni asustarnos de los rasgos más humanos, que finalmente siempre encuentran alguna instancia de calma.

i De este modo Liso invita a Sonia a subirse a su nueva moto.

ii DURAS, Marguerite, El arrebato de Lol V. Stein, Barcelona, Tusquets, 1997. Pag. 92.

iii CARNEY, Ray (ed.), Cassavetes por Cassavetes, Barcelona, Editorial Anagrama, 2001. Pag. 365.

Publicación: Mayo 2013

Dirección: Santiago Loza
Guión: Santiago Loza
Fotografía: Iván Fund
Producción: Iván Eibuszyc, Santiago Loza
Producción ejecutiva: Iván Eibuszyc
Compañías productoras: Frutacine, Morocha Films, Tres Sonido, Alta Definición Argentina
Edición: Valeria Otheguy, Lorena Moriconi
Dirección de arte: Adrián Suárez
Sonido: Leandro de Loredo
Intérpretes: Lisandro Rodríguez, Andrea Strenitz, Fidelia Batallanos Michel, Ricardo Félix, Beatriz Bernabé