FUERA DE SATÁN (HORS SATAN), de Bruno Dumont

De diablos y hombres. Sobre lo humano en Hors Satan

Fuera de Satán (Hors Satan), de Bruno Dumont

En el marco del BAFICI 2012 pude asistir a “la última de Bruno Dumont”: Hors Satan (2011). Quien otrora ha ganado dos Grand Prix de Cannes, a manos de L’humanité (1999) y Flandres (2006), vuelve a reivindicar su estilo con su último film, un estilo que se perfila como autosuficiente y que ya no pareciera rendir cuentas ante quienes intentaron llamarlo un “neo-Bresson”, aunque, obviamente, eso no quita las influencias que tiene en su filmografía, como todo cineasta. Quiero decir que es “una de Dumont”, porque en Hors Satan el director logra pulir mejor su estilo; y con “pulir” no me refiero a perfeccionarlo, sino que consiste en ir sacando capas, aquellas que estarían demás para el director, para ir más a fondo en lo que pretende. Es que el “estilo Dumont” es un estilo austero, una especie de anti-barroco, donde los sujetos quedan desnudos, literal y metafóricamente, en medio de una naturaleza también desolada.  Podríamos decir que Hors Satan es la más “dumontiana” de sus películas, no porque haya sido la última, ya que creo entender que Hadewijch (2009), su anterior film, es casi un paréntesis a lo que el director había logrado con Flandres. Dumont hace el trabajo de un escultor, porque no toma un objeto base (como podría ser un lienzo para un pintor) y le adosa lo que cree necesario hasta crear un objeto artístico, mediante el cual pueda expresar lo que quiere mostrar. Sino que Dumont pareciera que, mediante el uso de un cincel, quita lo innecesario a fin de llegar adonde él cree que se encuentra la esencia, tanto del individuo como de la naturaleza misma. No intento decir que el director se dirige a un “no-estilo”, sino que se manifesta una intención en lo formal, lo temático y también en la construcción de personajes, de mostrar las cosas en un estado casi primitivo, de un regreso a lo arcaico, en donde tanto el individuo como la naturaleza quedan desnudos, desprovistos de aquellas cosas que, justamente, individualizan. Dumont, desde todos los aspectos, trabaja en una dirección que en Hors Satan ha llegado a un estadío de expresión que en los otros films no había logrado con tanta claridad, esto es independiente del juicio valorativo que uno pueda atribuir a cada film.

            En lo que respecta al diálogo, en Hors satan, escasea. El director ha decidido prescindir del mismo, para sólo hacer uso de algunos monólogos aislados, ya que los personajes rarísima vez conversan. Sus expresiones están realmente limitadas, o mejor dicho, depuradas. En el film no se constituye un perfil psicológico del personaje: es pura superficialidad. Resulta difícil distinguir entre los personajes, ya que son sujetos carentes de individuación, en este regreso a lo arcaico lo que queda del sujeto es su cuerpo, no su persona. Por eso, a diferencia de lo que opina Alan Pauls, no hay en Dumont una hiperpulsionalidad bressoniana. Freud en Las pulsiones y sus destinos (1915) admite que, en las personas, a diferencia de los animales, no habría cabida para los instintos, que al haber necesariamente una mediación estaríamos hablando de pulsiones. Ahora bien, los personajes de Dumont, al trabajar en un plano tan superficial, parecieran no tener una estructura de trasfondo, no son sujetos que tendrían una parte escindida, una parte que hablase por ellos muy a pesar suyo; es decir, freudianamente, carecerían de inconsciente. Lo que quiero decir es que los personajes no están estructurados por un mecanismo de deseo, no buscan una satisfacción de sus pulsiones. Esta deshumanización que sufren los personajes se hace notoria en la reacción de los mismos, no hay preparación para las cosas que hacen, simplemente suceden de golpe, y a esa reacción “instintiva” nos vemos imposibilitados de encontrarle un porqué. Sería erróneo encontrar una respuesta de sentimientos homosexuales a la reacción del protagonista en L´humanité al besar al asesino confeso, o el querer entender porqué esa pareja que no logra comunicarse y sin embargo permanece junta en Twentynine palms (2003) y ni que decir del final mismo, o buscar una explicación a base de deseos eróticos a la protagonista de Flandres cada vez que tiene relaciones. De igual manera, resulta superfluo buscar la causa de los accionares de los personajes de Hors Satan, de encontrar la razón de porqué un vagabundo-diablo resucita y cura gente, a la par que asesina. Todo transcurre en un nivel primario, en tanto carente de superficie, que las indagaciones psicológicas a las que estamos (mal)acostumbrados hay que dejarlas de lado. Es que lo psicológico en Dumont pierde la pulseada a manos del cuerpo; lo corpóreo es lo que guía a los personajes. El poder del cine consiste en hacer que el hombre vuelva al cuerpo (Pauls, 2007: 27) afirma el director, en una intención clara de sostener su voluntad de un regreso a un estadío primitivo.    

            Siguiendo con la metáfora del director-escultor, se puede ver que la decisión de trabajar con actores no profesionales desobedece a una razón estética bressoniana, como varios periodistas intentaron probar. En primer lugar, porque Dumont elige a los actores de acuerdo a su personalidad, a diferencia de Bresson, que los elegía por una razón física, creándolos a su gusto (como un papel en blanco que hay que escribir, Bresson sería aquí el “pintor”). Y en segundo lugar, Dumont “trabaja” a los actores, les quita su espontaneidad varios de ellos trabajaron en más de una película suya (otra diferencia con Robert Bresson) y aquí entraría su faceta de escultor: va moldeando los intérpretes a su gusto, les va quitando rasgos, expresiones, intenciones, es decir, los va esculpiendo, y en algunos es un proceso que dura más de un film. Como David Dewaele, protagonista de Hors Satan, quien había comenzado su labor en la que fuera su anterior film Hadewijch, lo mismo sucede con el protagonista de Flandres, quien había hecho su primer contacto con Dumont en La vie de Jésus (1997). Lejos de parecer inútiles o ineptos (pensemos en el personaje del guardaparques), como a primera vista sucede, los actores de Dumont están tan esculpidos por su mano que parecieran transitar el film en un estado de automatismo, siendo más evidente en su último film.  

            Otro de los rasgos que prevalecen y que tienen un protagonismo marcado en Hors Satan son los paisajes. Ellos son mostrados a través de planos muy generales, decididamente abiertos y vacíos; son una suerte de llanuras que se muestran como gigantescas e inabarcables. Son paisajes que, al igual que los personajes, están desprovistos de su condición de individuación; en este caso la ausencia de la naturaleza en los paisajes hace de ellos escenarios abiertos, donde el sujeto debe vérselas a solas con su salvajismo. La violencia explícita (otro característica que lo alejaría del jansenismo bressoniano) producto del estado salvaje de los personajes en esta desolada naturaleza (tanto cuando el protagonista asesina al guardaparques como cuando lo hace con el animal), no es producto de una falta de moral, donde tampoco las mismas pueden hacernos recaer a nosotros, ni a los personajes, en dilemas morales. Porque lo que está en juego en la filmografía de Bruno Dumont, y más aun en Hors Satan, es la condición de lo humano, en un estadío del proceso anterior a lo que es y a lo que fue, se detiene en un momento anterior del devenir del sujeto en individuo. La moral es propia del individuo en estado de civilización. Este pareciera ser el quid de la estética del director quien, convencido de su cine, argumenta:

“El discurso cinematográfico que me interesa es de esencia mítica. Es un discurso que explora las profundidades y los comienzos de la condición humana. (…) no se puede pensar en la civilización y en la cultura más que a partir del estado de naturaleza. (...) el salvajismo del hombre no me interesa en sí pero es necesario interrogarlo” (Aguilar, 2007:27)

            En estos planos abiertos y de larga duración, donde se genera un estado de contemplación en donde se sabe que no va a pasar algo que altere dicha situación, se provoca una sensación de tiempo muy particular, donde el tiempo no es preparación ni espera a que algo pase. En Hors Satan como espectadores no sabemos lo que estamos esperando, pero sí sabemos que no hay que esperar nada, que no hay algo así como una causalidad lógica. Como bien afirma Alan Pauls, en Dumont no hay suspense ni sorpresa, eso sería trabajar con el tiempo  el director deja el tiempo en un estado de quietud, que lo vivenciamos en esos planos largos, con sujetos que no accionan. Y que, cuando lo hacen, como hemos dicho, lo hacen de manera disruptiva y violenta, sin ningún porqué, para luego, una vez pasada la reacción instintiva, volver a ese estado de quietud. Lo mismo sucede con la falta de gradación de planos, recurso muy usado por Dumont, donde pasamos de un plano general a un plano detalle. Dumont no va preparando la imagen con planos intermedios para llegar a un punto: las cosas simplemente suceden, se pasa de un estado a otro rápidamente.

            Creo, al igual que Gonzalo Aguilar, que Dumont depura su puesta en escena, y que es en su última película donde más claramente aparece esto. Donde lo estético está al servicio de lo desprovisto, tanto en los paisajes como en los personajes. Como sosteníamos al principio sin una intención de renegar de una carga estética lo que  se evidencia es una clara intención de depurar, en otras palabras, de esculpir, de modo que esté presente la voluntad a este regreso mítico, donde estaríamos viendo el origen de lo humano, su esencia en todo su salvajismo. Hors Satan se nos presenta como algo que no podemos preguntar, sino solamente vivenciar, porque se nos muestra en un estado puro no en un sentido positivo,ya que no hay divisiones, no hay sujetos complejos, no hay bien ni mal (a pesar que Satán sea el protagonista), no hay ninguna posición dicotómica, en la cual, como sujetos, podamos pararnos y emitir juicio. La experiencia que propone Dumont, tal cual él lo afirma, reside en extraer del conocimiento que genera la vivencia sin la mediación de cualquier rasgo civilizatorio.

Sin duda con Hors Satan el director logra, independientemente del juicio valorativo que se le quiera dar, que nos sintamos habilitados a decir para esta película y para las que vendrán: “esta es una de Dumont”.

 

 BIBLIOGRAFÍA

-Aguilar, Gonzalo (2007) “Mitos y violencia en tiempos de escasez simbólica. Sobre Flandres de Bruno Dumont” en revista Punto de vista, Nº 89
-Freud, Sigmund (1986) Los textos fundamentales del psicoanálisis, Barcelona: Altaya
-Pauls, Alan (2007) “La bella y la bestia”, en Página 12, suplemento Radar, domingo 29 de julio de 2007

Publicación: Julio 2012

Título original: Hors satan
Origen: Francia
Año: 2011
Duración: 110 minutos
Dirección: Bruno Dumont
Guión: Bruno Dumont
Edición: Bruno Dumont, Basile Belkhiri
Fotografía: Yves Cape
Producción: Jean Brehat, Rachid Bouchareb, Muriel Merlin
Intérpretes: David Dewaele, Alexandra Lemâtre, Christophe Bon
Estreno en Buenos Aires: 30 de agosto de 2012

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