Green Book: una amistad sin fronteras de Peter Farrelly

Dos en el camino

Green Book de Peter Farrelly, por Sebastián Santillán

Visión complaciente e ingenua sobre los conflictos raciales de ayer y hoy, Green Book es una película de fórmula, tan amena como carente de riesgos.

Es justo reconocer que en su propio título la película Green Book plantea una declaración de intenciones. La ganadora del premio a la Mejor película en la reciente edición de los Oscars toma su título de una guía publicada durante los años cincuenta y sesenta, que tenía como propósito informar sobre caminos seguros para que los afroamericanos pudieran recorrer Estados Unidos sin sobresaltos. Ese mismos periplo basado en la evasión del riesgo es el que adopta la película, una obra bienintencionada, ingenua y finalmente insulsa.

Green Book no se preocupa demasiado en esconder los hilos de la fórmula: dos personas muy diferentes deben viajar juntas, afrontando las adversidades que se presentan, con el resultado esperable de un crecimiento espiritual mutuo. Uno es de clase alta y el otro es chofer, por lo que la comparación con Conduciendo a Miss Daisy (1989) ha aflorado por todas partes, aunque la clave de la película es que ahora el origen racial está invertido. En realidad la película se basa en el arquetipo más genérico de la buddy movie, y a la vez es también una road-movie, no separándose nunca de lo esperable. Cuestionar la utilización de una fórmula es entrar en un camino sin salida, casi todo el cine industrial las utiliza (incluso cuando ya estén gastadas). El problema de Green Book es otro: la rigidez con la que abraza la fórmula, que le impide proponer soluciones más sutiles.

Si a pesar de todo Green Book es una película amable es debido a las grandes actuaciones que la sostienen. Mahershala Ali —ganador del Oscar por Moonlight y protagonista de la tercera temporada de True Detective— como el elegante y prodigioso pianista Don Shirley y Viggo Mortensen1 como su tosco chofer Tony «Lip» Vallelonga logran una química en pantalla de las que elevan cualquier película. Pero es una pena que las mismas tengan como soporte una propuesta condescendiente, tanto estética como políticamente. Uno no puede dejar de ver a Tony como una versión gentil de Donald Trump, un individuo tosco y pragmático, que vive convencido de su supuesta capacidad para resolver problemas gracias a una rutina que combina puños, discurso embaucador y una dieta alta en calorías. A su vez uno no puede dejar de ver a Don Shirley como una versión también gentil de Barak Obama, un refinado intelectual que creen en la posibilidad de los cambios sociales (para hacerlo más explícito, que cuando las papas queman Don Shirley recurre a sus contactos en las altas esferas del Partido Demócrata). En esos gentiles retratos surge la visión binaria, sin matices ni contradicciones.

Justamente el mayor problema que tiene la película es que en su bienintencionado intento de reconciliación recurre a la construcción de una nación virtual, tan falsa como inverosímil. Green Book plantea la existencia del racismo y la homofobia, pero aporta un visión naif sobre cómo abordarlo: las grandes diferencias, incluso las más irracionales, se podrían saldar con pequeños esfuerzos. Un racista como Tony, que al comienzo de la película tira a la basura unos vasos porque fueron tocados por un negro, puede reconvertirse cívicamente en solo un par de días. El optimismo no se le niega a nadie, pero su abuso solo lleva al autoengaño, el mismo que aplicó la Academia de Hollywood al premiarla como película del año.

1) Un dato anecdótico es que Viggo Mortensen, que como es de público conocimiento vivió en Argentina y se hizo fervoroso seguidor de San Lorenzo, incorporó al film iconografía de su equipo de fútbol. Es una hermosa locura encontrar que en la pared de un hotel se puede leer “CASLA” (Club Atlético San Lorenzo de Almagro) o que el personaje de Tony en distintos momentos utiliza un sweater con los colores del “ciclón”. El director Peter Farrelly ha declarado desconocer la presencia de esas referencias, por lo que podemos intuir que fueron subterráneamente “pirateadas” en la puesta en escena por Viggo, aportándole a la película los escasos momentos en que la fórmula muestra alguna libertad.

Publicación: Febrero 2019

Green Book: una amistad sin fronteras
Año:
2018
Origen: Estados Unidos
Título originalGreen Book
Duración: 130 minutos.
Dirección: Peter Farrelly. 
Guion: Peter Farrelly, Nick Vallelonga y Brian Hayes Currie. Fotografía: Sean Porter. Montaje: Patrick J. Don Vito. Producción: Peter Farrelly, Nick Vallelonga, Brian Hayes Currie, Charles B. Wessler y Jim Burke. 
Elenco: Viggo Mortensen, Mahershala Ali, Linda Cardellini, Sebastian Maniscalco, Dimiter D. Marinov, Mike Hatton, P.J. Byrne, Joe Cortese, Maggie Nixon, Von Lewis. 
Estreno en Argentina: 14 de febrero de 2019. Distribuidora: Diamond Films.