El cielo del centauro, de Hugo Santiago

Refundación mítica de Buenos Aires

'El cielo del centauro' de Hugo Santiago

Al presentar El cielo del centauro en su estreno mundial en el BAFICI, Hugo Santiago se refirió a su film como una obra distinta a todo el cine que se realiza en la actualidad. Dicha expresión podría sonar a poco disimulada falta de modestia, pero sin embargo no encierra falsedad o hipérbole alguna. Tan atípica como única, el regreso a Argentina de Santiago —la última obra que realizó antes de emigrar a Francia fue su legendaria colaboración con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, Invasión (1969)— es una oda Buenos Aires, pero no a la ciudad empírica y concreta del día a día, sino a esa ciudad mítica concebida por la literatura fantástica. La particularidad de El cielo del centauro pasa por su adscripción a una tradición (el fantástico local, muy poco explorado en el cine), pero no como corset genérico y temático, sino como gesto que comprende lo esencial del estilo como eje definitorio de una obra.

Como todas las películas de Hugo Santiago, El cielo del centauro nos presenta como personajes a románticos empedernidos, siempre embarcados en misiones tan ridículas como ineludibles, a las que se entregan en cuerpo y alma. Aquí un ingeniero francés —Malik Zidi, quien participó en otra obra que comparte el irreductible pulso lúdico: la fundamental Misterios de Lisboa (2010) de Raúl Ruiz— llega en un barco al puerto de Buenos Aires y decide dedicar sus obras libres en la ciudad para entregar un paquete preparado por su padre para un enigmático personaje llamado Victor Zagrós. El encargo prontamente suma complicaciones y el ingeniero se ve enredado en una frenética búsqueda un objeto indescriptible, el Fénix, que nadie puede describir con precisión alguna, pero que pone en riesgo la vida del ingeniero. Los múltiples vericuetos de la historia prontamente dejan en evidencia que el Fénix es tan solo un MacGuffin, una excusa argumental (con resonancias a El Halcón Maltese) para disparar el verdadero centro del film: su pasión por el relato lúdico.

Buenos Aires será el tablero de un juego cuyas reglas se van develando de a poco, con personajes que carecen de tratamiento psicologista y funcionan como piezas de un ajedrez vivo. El trayecto de búsqueda e indagación del francés (que como paradigmático personaje romántico en todo momento parece estar más preocupado por descubrir el enigma que por el riesgo de su propia vida) se desplegará en una ciudad fantasmagórica, casi despoblada, construída evitando cualquier tipo de mímesis realista convencional —que como Santiago sabe, seguramente bajo enseñanzas su maestro Robert Bresson, el enrarecimiento no es una antítesis del realismo, sino su reformulación crítica—.

Con una fotografía que evoca un mundo de ensueño (es decir no un recuerdo, sino una interiorización reactualizada de una experiencia pasada), un diseño de arte y producción que logró milagros con un presupuesto acotado, una banda de sonido tanguera que se despliega por la ciudad sin sonar a cliché (otro milagro) y actuaciones que se acoplan con justeza al modelo particular del film, la refundación mítica de Buenos Aires orquestada por Hugo Santiago es una obra colectiva, gestada en conjunto con jóvenes talentos convocados por la productora La Unión de los Ríos. Sin dudas el rol de Mariano Llinás (la voz más visible de su generación) como co-guionista fue esencial, ya que el film desde su propio despliegue, y a pesar de su organicidad, deja intuir una escritura colectiva. No es azaroso que la principal referencia en el planteo lúdico del film sean Borges y Bioy Casares, o mejor dicho el “Biorges” de Honorio Bustos Domecq, quintaesencia del más intrigante Buenos Aires mítico.

Impregnada de intriga y humor sutil e incisivo (llamémosle porteño), El cielo del centauro es una obra tan atípica respecto al presente que posiblemente sea recibida con cierta distancia y frialdad, algo que no es nuevo para Santiago. Tal vez la historia se repita y dentro de unos años volvamos a confirmar que Hugo Santiago es un cineasta del presente, destinado a hablarnos desde el futuro.

Publicación: Abril 2015

Título original: El cielo del centauro
Título en francés: Le ciel du centaure
Título inglés: The Sky of the Centaur 
Año: 2015. Origen: Argentina/Francia. Duración: 93 minutos

Dirección: Hugo Santiago
Guión: Hugo Santiago, Mariano Llinás
Fotografía: Gustavo Biazzi
Edición: Alejo Moguillansky
Dirección artística: Juan José Cambre
Sonido: Francis Wargnier
Música: Edgardo Cantón
Producción y Producción Ejecutiva: Agustina Llambi Campbell, Edgard Tenembaum
Compañía productora: La Unión de los Ríos, Tu Vas Voir
Intérpretes: Malik Zidi, Romina Paula, Carlos Perciavalle, Roly Serrano, Wanda Brenner, Hugo Santiago, Germán de Silva, Mariano Llinás, Gustavo Pardi, Roberto Plate
Estreno mundial: 15 de abril de 2015 (BAFICI 2015)