Climax, de Gaspar Noé

Un dios salvaje

Climax de Gaspar Noé, por Karina Korn

La última película de Gaspar Noé combina música, danza y LSD. El resultado es una sinfonía del horror de la cual no se pueden apartar los ojos.

Quien conoce la filmografía de Gaspar Noé sabe que sus películas son polémicas. Desde la escena de violaciòn en Irreversible, pasando por el viaje lisérgico de Enter the Void y la eyaculación en 3D en Love, lo característico de Noé es siempre llevar al público al borde de la fascinación y la repulsión. Climax, su última producción, no es la excepción. Al igual que en sus predecesoras abundan las escenas de sexo y violencia, sin embargo esta es la más extrema y visceral de todas. Con una cámara movediza y una banda sonora compuesta por grandes de la industria como Daft Punk y The Rolling Stones, el director franco-argentino crea una película que interpela a los sentidos.

Desde el minuto cero se nos advierte que estamos por ver un film que no es apto para espectadores impresionables. La primera escena comienza con un plano cenital en el cual vemos a una mujer que camina —o mejor dicho se tambalea— hasta caer en la tierra nevada. Sus brazos y piernas forman en el suelo un ángel de nieve teñido de sangre. Este personaje, al igual que el retratado por Andrzej Żuławski en Possession, se contorsiona y ríe como si no tuviese control sobre su cuerpo.

Corte. Ahora estamos ante un televisor por el cual se ve y oye el casting realizado a diversos bailarines. A los costados, estantes con los VHS de Suspiria de Dario Argento, Saló de Pasolini y Zombie de Lucio Fulci entre otros objetos relacionados con el séptimo arte. Las películas de culto no sólo enmarcan la pantalla sino que a la vez funcionan como referencia de lo que se avecina. El grupo de participantes es variado, hay hombres y mujeres con distintos tonos de piel y orientaciones sexuales. Las preguntas que los entrevistadores hacen son un tanto perturbadoras: “¿Cuáles son tus miedos?”, “¿Crees en el paraíso?”, “¿Qué estarías dispuesto a hacer para pertenecer al elenco?”. “Cualquier cosa” alguien responde.

El relato en Clímax no se construye a partir de un guion excesivamente elaborado, más bien plantea una situación y disfruta viendo a los personajes lidiar con las circunstancias dadas. Este grupo dispar de bailarines se encuentra ensayando un internado, afuera está la intemperie impenetrable. Cuando concluyen las horas de trabajo comienza la celebración y se festeja con las libaciones correspondientes. Todo es goce hasta que algunos minutos después se dan cuenta que la bebida fue alterada. La droga lleva a todos a un estado de locura colectiva en el que las reglas de convivencia social básicas quedan anuladas. A medida que transcurre el relato los personajes se transforman en seres sanguinarios que realizan los actos más aberrantes que se puedan imaginar.

La película de Noé es una experiencia inmersiva que utiliza la música y los movimientos de cámara para hacernos identificar con lo que sucede en pantalla. Para empezar, el sentimiento de claustrofobia que los personajes padecen es contagioso. Filmado casi en su totalidad en interiores, gran parte del film está compuesto por travellings que persiguen a los protagonistas mientras estos corren por el edificio buscando una salida, pero tanto ellos como nosotros sabemos que no hay posibilidad de escapar. La cámara, extremadamente inquieta, se desliza entre y sobre ellos. Los movimientos son tan vertiginosos que nos dejan tan mareados como si también nosotros hubiésemos bebido del ponche de sangría.

A la desesperación generada visualmente se le suma la del plano sonoro. Mientras la música electrónica suena a todo volumen se escuchan los gritos de los personajes que, superpuestos unos sobre otros, crean una especie de canon desgarrador. Los aullidos de dolor y la música envolvente son tan potentes que provocan que nos sumerjamos en esta atmósfera y suframos junto a ellos. Nos pasamos gran parte del film deseando que el ruido cese y, cuando este parece superar el nivel de lo soportable, abruptamente se interrumpe. Sin embargo, el silencio lejos de traer alivio nos pone los pelos de punta ya que sabemos que fuera de campo ha acontecido una tragedia.

Pese a que a primera vista pareciese que el director se deleita del dolor ajeno, vale aclarar que la muerte, por más dolorosa que sea, nunca es pensada como algo terrible en la filmografía de Noé. Morir y nacer son dos fases de un mismo círculo y el sexo es un intermedio entre ambas cosas. Esta forma de entender el ciclo de la vida ya está presente en Enter the Void, película que comienza con un asesinato y finaliza con la fecundación de un óvulo. Climax a su modo también trabaja sobre esta visión dionisíaca, para que haya creación algo debe destruirse antes. Mientras este ritual sucede la cámara los retrata desde arriba, como si un dios salvaje vigilase desde las alturas.

Durante la hora y media que dura la película la sensación es la de tener el corazón en la mano y las tripas revueltas. La cámara y el sonido nos sumergen por completo en este (mal) viaje lisérgico. Vemos a la locura llegar al punto más cínico posible, nos provoca repulsión pero al mismo tiempo es imposible alejar los ojos ni levantarse del asiento. Sí, Clímax es una película sádica. Como reza uno de los intertítulos, “La muerte es una experiencia extraordinaria”, sobre todo si se la ve desde la comodidad de la butaca y musicalizada por Daft Punk.

Publicación: Febrero 2019

Título original: Climax
Año: 2018
País: Francia
Duración: 95 min.
Dirección: Gaspar Noé
Guion: Gaspar Noé
Fotografía: Benoît Debie
Música: Gary Numan, Chris Carter, Cerrone, Patrick Hernandez, M/A/R/R/S, Dopplereffekt, Kiddy Smile, Thomas Bangalter, Neon, Suburban Knights, Aphex Twin, Wild Planet, Soft Cell, Giorgio Moroder, The Rolling Stones, Cosey Fanni Tutti, Coh
Reparto: Sofia Boutella, Romain Guillermic, Souheila Yacoub, Kiddy Smile, Claude Gajan Maull, Giselle Palmer, Taylor Kastle, Thea Carla Schott, Sharleen Temple, Lea Vlamos, Alaia Alsafir, Kendall Mugler, Lakdhar Dridi, Adrien Sissoko, Mamadou Bathily.
Productora: Arte France Cinéma / Rectangle Productions / Wild Bunch
Estreno mundial: Quinzaine des réalisateurs 2018