BLEAK NIGHT, de Sung-Hyun Yoon

De la amistad en la violencia, y de la violencia en la amistad

Bleak Night, de Sung-Hyun Yoon

Si decidimos pensar en valores como el amor, la libertad, la justicia, y demás términos (hermosos si los hay), se nos viene rápidamente una versión ideal de éstos. Porque, a decir verdad, si en esos valores hubiera matices, estaríamos hablando de otra cosa, no existiría algo así como la libertad a medias, ni una justicia parcial. Esos términos son, por definición, ideales. Uno de los valores que también tenemos idealizados, y que el cine ha contribuido y se ha nutrido hermosamente de él, es el de la amistad. Pienso ahora en Appaloosa de Ed Harris, ese amigo protagonizado por Vigo Mortennseen, que es capaz de quebrar la ley, su destino y la amistad de su amigo (Ed Harris), tan sólo para intentar darle felicidad a su compañero junto a su amada. Claro que ejemplos como éste hay varios dentro del cine, y por tratar idealmente la amistad no podemos ver en ello algo que haga mermar la calidad de la película, a veces es todo lo contrario

Bueno, Bleak Night también es sin dudas un gran film sobre la amistad. Pero aquí la amistad no está en su versión idealizada. En la ópera prima de Sung-Hyun Yoon, el maltrato, los celos, el egoísmo, el aprovechamiento, coexisten con los gestos más humanos y hermosos. Los cuales provienen en su mayoría del personaje de Ki-Tae, quien es sin lugar a dudas, al mismo tiempo, el más violento. Todo este entrecruzamiento y convivencia de actitudes cohabitan en un mundo cerrado, que se les presenta a los personajes como hostil, violento y agresivo.

Es básicamente la historia de tres amigos en su último año de secundaria donde —y aquí entra la no-idealización de la amistad—la agresión no transcurre entre ellos y sus enemigos, sino entre ellos mismos. A primera vista genera rechazo comprender que ciertas actitudes puedan ser parte de la amistad, hasta inclusive hacerse en nombre de ella. Pero lo cierto es que en determinada etapa de la vida, y cuando el contexto aparece desfavorable, la amistad puede existir dentro de un marco de violencia, y hasta puede ser generadora de ella. No me es muy placentero escribir estas líneas, pero Bleak Night nos llama la atención en un punto que nos gusta esquivar.

Voy a empezar el recorrido del film por los tres personajes, para luego ir ampliando poco a poco el mundo de Bleak Night. Ki-Tae es el típico líder de una pandilla juvenil, que vive por y para su ego, que ejerce su liderazgo a través de su violencia, capaz de un cinismo y una vileza sin iguales en el film; pero a la vez los gestos más hermosos están a cargo de él, simbolizados en su pelota de béisbol que tanto ama (quizás sea el único gesto de amor de su padre hacia él) y que, aun así, está dispuesto a regalársela a sus amigos. Luego está Becky, aquel tipo de personaje que, como carece de un carácter y una personalidad fuertes, todos se sienten capaces de abusar de él. Pero lejos de generar lástima este personaje, a su modo, también es generador de violencia. La misma proviene de su indiferencia y su hermetismo para querer comunicarse y, cuando decide hablar, su falta de sensibilidad y afecto aflora. Y por último, quien sería el punto medio entre ambos, Dong Yoon, es capaz de indignarse por los maltratos de Ki-Tae hacia Becky, pero a la vez, incapaz de comprender el afecto que Ki-Tae tiene hacia él. Tal es así que aprovecha para herirlo (casi de muerte) diciéndole que nunca lo vio como su amigo y que nunca lo entendió.

Es un grupo de amigos que insinúa que, en algún momento, la relación fue más ideal —suposición a la que nosotros no accedemos y vemos directamente el presente de una relación desgastada—. Y en esa convivencia forzada sólo existe un lugar ideal, pero para la violencia. El director introduce, en uno de los tantos flashbacks, un viaje que organiza Ki-Tae para conseguirle pareja a Becky. Un viaje que, en principio, se muestra como idílico: tres chicos y tres chicas en un viaje hacia la costa. Acompañada de una música que sólo aparece en este momento y en el final del film, y que nos introduce y nos ambienta en este viaje que se presenta como hermoso. Es la única situación que transcurre como en un lugar otro, pero ya la situación es tal que ni siquiera en un contexto favorable la violencia deja de aparecer. Becky y Ki-Tae vuelven a pelearse, son dos amigos que hablan idiomas distintos; la incomunicación —o la falsa comunicación— es una constante en este trío de amigos. Los buenos tratos entre ellos son relegados a viejos recuerdos que aparecen en flashbacks lejanos; son situaciones que no tienen retorno.

He mencionado un contexto desfavorable que rodea a este trío, pero no he dicho nada sobre ello. Empezaré por el contexto humano. En Bleak Night no hay adultos, los adolescentes parecieran llevar sus vidas en una completa desolación. La excepción la marca el personaje del padre de Ki-Tae, que en un principio pareciera ser aquel que va investigar y rastrear las causas de la muerte de su hijo. Es un padre que ha estado tan ausente, que sólo se dedica a investigar, y con dificultad, cuáles eran los amigos de su hijo, y por qué los dos aparentemente mejores amigos no asistieron a su funeral. Ki-Tae lo resume inmejorablemente en una frase, “no hay nadie”. Daría la sensación que, al no haber una única causa explicita de la muerte del joven, presentándose en cambio una multiplicidad de culpas y responsabilidades, el duelo resulta inalcanzable. No sólo por la ausencia de los mejores amigos durante su funeral, sino también por el gesto que tiene el padre al no poder realizar el duelo en el negocio, arrancando el cartel de aviso de luto. El personaje de Ki-Tae aparece y desaparece constantemente; incluso aparece a través de ilusiones de uno de sus amigos, en escenas en las que ya se asume su muerte. Es decir que esta muerte que no ha podido ser llorada (en términos de Judith Butler), atraviesa todas las secuencias del film, inclusive en las que el chico está vivo —esto ocurre también gracias a la utilización del flashback—. Siempre lo vemos como “el chico que murió”, pero nada nos indicará que pasó realmente.

Resta ahora ver cuál es el contexto no humano, por decir de algún modo, que rodea a estos adolescentes. Los lugares siguen hablándonos de esa desolación que sufren los jóvenes. Hay varios planos de edificios altos, que aparecen esfumados por cierta niebla o humo, que esconden cualquier rasgo humano. La mayoría de las tomas panorámicas de Bleak Night pareciera apuntar hacia lo mismo: un desierto urbano que nos habla de un abandono prácticamente total. Y en ese contexto, las decisiones y voluntades tomadas se vuelven anárquicas. El lugar de encuentro por antonomasia de los jóvenes es la estación y las vías del tren, por supuesto, abandonada. Con una particularidad: cambia considerablemente de día y de noche. En un ambiente diurno, es el lugar de encuentro de ellos tres, de forma pacífica y lúdica. Cuando la oscuridad aparece, es el lugar de todo el resto de los compañeros, donde la relación con el otro se da únicamente por la violencia física y verbal. Otra vez el film nos está hablando que el marco es siempre el principal generador de violencia, y que hacer únicamente énfasis en quién lo mató y cómo murió podría llevarnos a caminos erróneos. Nosotros podemos dar fe con nuestra “blumberización” de la ley penal (bajando la imputabilidad de los menores, entre otras cosas) y, como si esto no fuera poco, hay retrógrados que quieren profundizar más la situación. Es la criminalización de la adolescencia, sin ninguna culpa y responsabilidad externa del joven individuo.

Ahora resta ver qué aspectos formales utiliza el director para mostrar este universo de Bleak Night. Ya algo he mencionado del gran y complejo uso del flashback que hace el film. El mismo no “retrocede” para llenar agujeros de información e ir aclarando el crimen/suicidio, de modo que no hay una concatenación de causas hasta llegar a un final, sino que cada fragmento de por sí es causa y consecuencia de un universo violento. Gran parte del film está filmado con un hábil uso de cámara en mano que, sin grandes desplazamientos, logra impedir una distancia del narrador. Debo admitir que me llamó particularmente la atención los diálogos, ya que no son para nada elaborados, la mayoría son insultos y agresiones que hacen notar el tipo de relación entre los jóvenes. Es decir, no hay conversaciones, en el sentido más común de la palabra, excepto en las dos escenas en que Dong Yoon se imagina hablando con Ki tae. Escenas ambas que remiten a una secuencia de Gerry de Gus Van Sant, otro gran film de amistad. La escena es aquella en que el personaje de Casey Affleck imagina a su otro amigo —protagonizado por Matt Damon— hablándole y salvándole la vida (lo inverso de lo que ocurrirá después).

En resumidas cuentas, Bleak Night nos muestra la muerte de un chico que, como contracara de su desolación, no soporta ser rechazado. Donde no se sabe, y ya a este punto no importa, si es un suicidio o un homicidio, la película no se detiene en ningún indicio o pista. La escena final es una de las dos proyecciones que Dong Yoon se imagina dialogando con el amigo (es también una de las dos secuencias musicalizadas, junto con la del viaje), donde Ki-Tae le pide a su amigo que le diga que “él es el mejor”, petición a la que accede, para terminar el film con una oración de una sola palabra que aglutina todo el complejo entramado del film: amigo. Estableciendo un contrapunto con la escena inicial, y dando a entender que la amistad no es tan ideal, sino compleja, a veces contradictoria, pero siempre hermosa. En Bleak Night la violencia desborda, pero con un rasgo particular: no hay enemigos.

Publicación: Febrero 2013

Título original: Pasookkoon
Título en inglés: Bleak Night
Título en castellano: Noche Funesta
Origen: Corea del Sur
Año: 2011
Duración: 117 minutos
Dirección: Sung-Hyun Yoon
Guión: Sung-Hyun Yoon
Edición: Sung-Hyun Yoon
Producción: Hongee Yeon-jung
Sonido: Kim Soo-hyun
Intérpretes: Je-hoon Lee, Jung-Min Park, Jun-Young Seo, Seong-ha Cho