BERBERIAN SOUND STUDIO de Peter Strickland

Sobre lo vintage como elemento de seducción y consumo

Berberian Sound Studio, de Peter Strickland

Berberian Sound Studio de Peter Strickland fue la ganadora de la Competencia Internacional de la pasada edición del BAFICI. El film, que cuenta la historia de un sonidista inglés que se traslada a Italia para hacer la postproducción de sonido de un giallo, tiene todas las referencias que la corrección demanda (el giallo, las películas con sonidistas de fines de los '70, Lynch, etc.), es un thriller psicológico kafkeano, está bien ambientado, tiene una fotografía muy lograda, lo mismo que el diseño de sonido... ¿cuál es el problema entonces con Berberian Sound Studio?

En el film, el mundo del sonido y el terror de los '70 está reconstruido con gran detalle en sus objetos y vestuario. Todo es perfecto en su ambientación, los materiales y texturas, el tratamiento del color y el valor que se da a los objetos dejan ver una gran nostalgia fetichista por la belleza de los objetos del pasado. La película, barroca por donde se la mire, basa casi todo su valor en los objetos. Pero no en los objetos como dispositivos, en su facultad de registrar (esa idea de lo perturbador del trabajo del sonidista, que está condenado a escuchar), sino en su valor estético. Todos los elementos de la película son usados por su interés visual o sonoro (o sea sólo por su forma), sin llegar a una reflexión sobre lo que este barroquismo visual significó en 1970 o lo que significa retomarlo y trasladarlo al presente. Es como si la película tratara de basar todo su valor en la corrección técnica y en la belleza de sus elementos (utilería, vestuario, actores, fotografía, diseño de sonido) que se acumulan con cierta idea de seducción del espectador a través de los sentidos, para tapar que detrás de esto no hay nada. O aún peor, que no hace falta que haya nada porque con la exposición de la belleza vintage es más que suficiente, y esto es una tendencia peligrosa.

Toda esta superposición de elementos, basados en la reconstrucción de un momento preciso de la Historia del Cine (el cine de terror italiano de los 70) arrastra una dudosa idea sobre la cinefilia como práctica de consumo. Al igual que el elemento vintage, la película utiliza sus referencias como elementos acumulables de seducción, que funcionan para captar cierto tipo de espectador medianamente cinéfilo que siente la satisfacción de haber podido captar el mensaje. Una idea masturbatoria de la cinefilia. La película funciona igual sin las referencias, pero hay una voluntad de que reconozcamos algunos elementos: a un Darío Argento hiper perverso en el director Santini (que se parece mucho a George Clooney, por cierto), al personaje de Gene Hackman de La conversación (Coppola, 1974) en el protagonista, al extraño ser que se aparece en la casa de la pareja en El grito (Skolimowski, 1978) en los actores que hacen los doblajes de los monstruos, o que reconozcamos cierta estructura que viene de Arrebato (Zulueta, 1980), y quien sabe qué más. No hay reflexión sobre la destrucción de la belleza construida, sobre lo siniestro del fuera de campo, ni del registro, ni sobre la obsesión, nada. Están puestos como elementos de consumo, porque quizás fueron vistas así, sin voluntad de comprender que más allá de lo que las películas proponen directamente, hay muchas posibilidades de lectura sobre el cine y sobre el mundo, cosa que esta película no tiene. Está todo puesto para que al escribir un texto sobre esto pongamos estas películas en cursiva y nos pongamos muy contentos, pero que también temamos habernos perdido alguna referencia.

Berberian Sound Studio

Otra de las cuestiones que tiene que ver con este barroquismo de Berberian es la idea del cine como herramienta de mostración de lo ocurrente, lo imaginativo y peculiar. Se plantea una distancia a través de un protagonista peculiar (esa horrible palabra), al que todo le es ajeno, incluso él mismo, y con el que más tarde tendremos que empatizarnos. Esto no funciona, porque el protagonista y todos los personajes son también elementos de consumo estereotipados: el perverso italiano machista, la bella actriz italiana desahuciada, el inglés introvertido. Estos personajes-estereotipo (bastante xenófobos en su construcción) quieren funcionar como si no lo fueran, con una fuerte voluntad de generar fascinación que no se logra porque cuando no aburren, molestan. El único procedimiento interesante, consistente en dejar al giallo que están resonorizando siempre fuera de campo, está usado como excusa para no mostrar la pantalla hasta el final. Todo esto se apoya en una idea de un cine que va aparejado con la utilización de secuencias oníricas, fotogramas que se queman, personajes que se encuentran a si mismos en la pantalla, puestas en abismo, tratamiento barroco de la composición de la imagen y una lista larga de clichés que en realidad están puestos de nuevo como elementos de consumo, sin generar sentido. Un cine anticinematográfico, que pretende ser muy autoconsciente y no lo es, porque no reflexiona sobre sí mismo –ni sobre nada.

El resultado es una película visual sobre el sonido, que no tiene en cuenta ninguna de las posibilidades narrativas del sonido y lo utiliza como un procedimiento puramente decorativo. No construye ningún discurso sobre la evocación, las diferencias entre campo y fuera de campo, sobre las infinitas posibilidades de construcción de motivos sonoros y musicales, sobre el material magnético, sobre la construcción del tiempo y el relato, sobre lo poco conscientes que somos del sonido. Lo único a lo que se hace referencia es a la diferencia entre escuchar (y registrar) y ser escuchado, que podría ser igual si la dupla fuera ver y ser mirado. El sonido, cuando no se trata como adorno, se trata como si fuera imagen. Pura apariencia, sin nada detrás.

Publicación: Mayo 2013

Título original: Berberian Sound Studio
Origen: Inglaterra
Año: 2012
Duración: 88 minutos
Dirección: Peter Strickland
Guión: Peter Strickland
Fotografía: Nic Knowland
Edición: Chris Dickens
Dirección de arte: Jennifer Kernke
Intérpretes: Toby Jones, Cosimo Fusco, Fatma Mohamed, Eugenia Caruso, Antonio Mancino

Peter Strickland | BAFICI