Abrir puertas y ventanas/ Back to stay, de Milagros Mumenthaler

Todo volverá a su lugar


Por Fernanda Descamps

"And girlie, don't cry for me. 
You know I'm back today, I'm back to stay in your arms."
[John Martyn]

Aunque sabemos, porque escuchamos y vimos, que por muchos fue aplaudida (y de pie); también sabemos, porque escuchamos y leímos, que por muchos otros fue criticada negativamente. Lo cierto es que la ópera prima de Milagros Mumenthaler, Abrir puertas y ventanas, dejó bien marcada su huella en más de un festival internacional de renombre: Locarno (Suiza), Toronto y Vancouver (Canadá), San Sebastián (España), Thessaloniki (Grecia), Valdivia (Chile), Vienna (Austria), London (Inglaterra) y Mar del Plata (Argentina); y como si esto fuera poco, en el primero y en el último de la lista de su itinerario festivalero, arrasó llevándose cinco premios —entre ellos mejor película y mejor actriz para María Canale—, dos más —mejor película y mejor dirección—, respectivamente, y diversas menciones. De este modo, podemos (y debemos) afirmar que cuando hablamos de esta co-producción suizo argentina, hablamos de una de las grandes y cuidadas realizaciones cinematográficas del 2011.

La película se inaugura con un plano largo (larguísimo), fijo, concienzudamente musicalizado, y cuyo “en campo” sólo deja ver una suerte de cerco alambrado —verja, reja, muro—; específicamente, se trata de la puerta de ingreso a una casa: la casa en la cual transcurre todo el film. Es cierto, este comienzo desconcierta (más que nada por su duración); sin embargo, es imposible no linkearlo con el perteneciente al paradigmático Citizen Kane (Orson Wells, 1941): parece que la cámara tiene vedado el ingreso, parece que nosotros también y nos quedamos afuera, parece que la cámara, de todos modos, nos define en tanto voyeurs… y sí, porque parece que hay que transgredir y entrar de todos modos. Definitivamente esto es lo que ocurre: la cámara se inmiscuye y entra en la casa; y dicho ingreso significa no sólo un registro, una expedición, una cacería de sensaciones, percepciones, sentimientos, estados, personalidades, actitudes, atmósferas, ánimos… mix de cuestiones que implican al espectador en este viaje intimista, sutil, tranquilo, y movilizador a la vez; sino también la instalación de una dinámica anclada en el díptico interior- exterior.

Los personajes son tres hermanas que se encuentran (y se hallan) solas en una casona hermosa y antigua de techos altos, múltiples ventanas, gigantes y pesadas puertas, numerosos rincones y habitáculos, polvorientos objetos y recuerdos del pasado. Ellas son bien distintas entre sí, y esto es un mérito de la misma Milagros Mumenthaler que hay que reconocer, ya que ella es también la guionista del film. Marina (María Canale) —la hermana mayor— es tímida, insegura, reservada y transparente; Sofía (Martina Juncadella) —la del medio— se muestra egoísta, superficial, mentirosa e hiriente; y Violeta (Ailín Salas) —la menor— es hermosa, callada y hermética. Lo cierto es que, aunque portadoras de diferentes personalidades, las tres son altamente sensibles; y es su sensibilidad, justamente, aquello que está resultando afectado por una ausencia —la de la abuela recientemente fallecida—; ausencia habilitadora de otras ausencias: ausencia concientizadora de otras carencias y faltas. Entonces, y acerca de esto ya nos hablaron los taoístas, es así como a partir del vacío comienza el dinamismo que reestablecerá un orden superador de la instancia anterior en la que al no haber hueco, estaba todo estáticamente estanco y putrefacto. Es así como se torna imprescindible el necesario— aunque duro— transcurso por la atmósfera resultante de la apertura de puertas y ventanas; acción que tiene como fin la renovación de lo viciado, fétido, perturbador, pútrido.

Es evidente que el relato se afianza en el terreno de la simpleza —con una estructura narrativa claramente lineal— y de la sutileza —con voces “asusurradas”, llantos silenciosos, evidencias reveladas indirectamente y sin previo aviso—, aunque esconde una gran complejidad que va manifestándose lenta y progresivamente. Una atmósfera fémina prevalece durante los cien minutos de duración, un clima que permite un tímido acercamiento a filmografías de directores como Éric Rohmer, Sofía Coppola y Lucrecia Martel; sin significar esto una pérdida de autenticidad para la obra en cuestión, sino, por el contrario, significando reminiscencias subjetivas que son válidas de reconocer y dar a conocer. De todos modos, la mayor de las sutilezas pertenece al manejo de cámara: expeditiva, curiosa y descriptiva, va a la caza de las revelaciones de los estados intimistas de Marina, Sofía y Violeta; entonces, rastrea rincones, recorre la casona buscando detalles en los marcos de las ventanas, en las cerraduras de las puertas, en los empapelados, en los adornos, en los espejos, en los cuerpos de las protagonistas, en sus ropas.

Si bien toda la película está impregnada por una delicada belleza, hay una escena que se destaca por ser la más hermosa: aquella en la que se encuentran las tres hermanas sentadas en un sofá marrón viejo, escuchando Back to stay de John Martyn —tema musical que dota al film de su título internacional—: Marina canta algún fragmento, Sofía la acompaña por frases, y Violeta llora. La cámara, en posición frontal a las protagonistas y manteniendo un plano fijo, comienza un lento proceso de acercamiento: respetuoso movimiento que sintoniza con la melodía de la escena. Por otro lado, es necesario destacar la labor de las tres actrices: María Canale —con un único antecedente en un cortometraje, logra lucirse en esta ópera prima—, Martina Juncadella —cuya construcción de personaje se aleja de cualquier otro trabajo previo, sobre todo si pensamos en Ana de Encarnación (Anahí Berneri, 2007)—, y por último, Ailín Salas —cuya frescura y espontaneidad pseudo-naíf sustentan el brillante y sensual desempeño que tiene frente a cámara.

Vale aclarar que Abrir puertas y ventanas, en definitiva, se trata lisa y llanamente de las implicancias de abrir puertas y ventanas. Y sí, sé que suena redundante, tedioso y literal; pero, afortunadamente, sólo suena al escucharlo o al leerlo; sin embargo, y también afortunadamente, estos prejuicios de redundancia, tedio y literalidad, quedan sepultados al verla. Por suerte, el film pronto se estrenará en los cines; entonces, anhelo, lo antedicho no será una mera apreciación personal.

Publicación: Enero de 2012

ficha técnica

Título original: Abrir y cerrar ventanas
Título internacional: Back to Stay
Año: 2011    Origen: Argentina / Suiza / Holanda
Duración: 98 minutos

Dirección: Milagros Mumenthaler
Guión: Milagros Mumenthaler
Fotografía: Martín Frías
Edición: Gion Reto Killias
Dirección de arte: Sebastián Orgambide
Sonido: Henri Maïkoff
Producción: Violeta Bava, David Epiney, Rosa Martínez Rivero, Eugenia Mumenthaler
Compañía productora: Ruda Cine, Alina Film
Intérpretes: María Canale, Martina Juncadella, Ailín Salas, Julián Tello