15:17 TREN A PARÍS de Clint Eastwood

Un tren descarrilado entre la ficción y la realidad

15:17 Tren a París de Clint Eastwood, por Karina Korn

Fue rápidamente al grano: quería adaptar una historia real. Era lo único que funcionaba, bastaba ver los carteles, la cantidad de ellos que especificaban en letra tan grandes como el título de la película que está “basada en hechos reales”, bastaba leer las revistas, ver la televisión, y sus hordas de testigos y de cobayas de toda laya, escuchar la radio para comprender lo que quería la gente.”

Delphine de Vigan, Basada en hechos reales

Si bien el mito de que el cine puede reflejar la realidad de forma fidedigna ya fue demolido hace tiempo, basta echar un vistazo a la cartelera porteña de las últimas semanas para comprobar que al público le gustan las historias basadas en hechos reales. Clint Eastwood entendió esta fórmula desde hace rato y dentro del gran abanico de historias verídicas creó una especie de subgénero: el de hombres ordinarios que se consagran como héroes al enfrentarse a circunstancias extraordinarias. 15:17 Tren a París no se desvía de esta línea y reconstruye el ataque terrorista acontecido en el Thalis que viajaba desde Amsterdam a la capital francesa en agosto del 2015. Si bien la temática es coherente con el resto de las producciones del director de 87 años, el elenco y el tratamiento con el que se narra la historia es algo infrecuente en su filmografía. El resultado es el de una película que apuesta al riesgo formal pero que desafortunadamente no funciona.

Para encarnar a los héroes no se optó por actores de la talla de Tom Hanks o Bradley Cooper, sino por las mismas personas que protagonizaron el suceso en la vida real. Las actuaciones de los actores no profesionales (Spencer Stone, Anthony Sadler y Alek Skarlatospor) por momentos se sienten rígidas, mecánicas, aunque al mismo tiempo esto le aporta cierto aire de realismo a la película. Como señala el crítico Peter Bradshaw, cuán desconcertante sería si las mismas personas que incapacitaron a un terrorista armado hasta los dientes actuasen como un trío de Benedict Cumberbatches. Sin embargo, el efecto de realidad que genera contar una historia interpretada por los verdaderos protagonistas queda truncado por un guión demasiado redundante y patriótico.

La película comienza por el punto de inflexión: un hombre porta un arma en un tren y los pasajeros huyen de él aterrorizados. Esta secuencia es sólo un adelanto, apenas unos segundos de lo que promete ser el conflicto principal. Sin embargo, la mayor parte del film no está centrada en la forma en que el atentado fue frustrado —evento al que se le dedican apenas unos minutos del metraje— sino al background de los tres protagonistas.

A lo largo del film vemos cómo nace y se desarrolla la amistad entre estos jóvenes que tienen en común cierto desdén por la autoridad escolar. Desde la niñez vemos como estos tres muchachos —aunque la película se centra mayormente en uno de ellos— se sienten atraídos por la milicia, las historias de guerra y las armas de juguete. Incluso el cuarto infantil del personaje principal está decorado con afiches de películas bélicas como Full Metal Jacket de Stanley Kubrick y Cartas desde Iwo Jima, dirigida por el propio Eastwood. Cada diálogo, cada acción y cada detalle refuerza hasta el cansancio la pasión que les provoca el ejército y la vocación de servicio. En otras palabras, se nos subraya y resalta que la semilla del heroísmo siempre estuvo presente en ellos.

La película transcurre entre pequeños flashes del atentado y el pasado de estos jóvenes. El film avanza mientras esperamos que las imágenes del tren converjan con el viaje interminable que los protagonistas realizan por Europa. Aquí la película adolece de escenas insulsas que no aportan nada interesante al relato. Sin embargo, podría decirse que el film se corresponde a la vida misma, en la que a veces no pasa nada relevante hasta que acontece algo que lo cambia todo. El problema reside en que, al poner tanto énfasis en los paisajes dignos de selfies y las comidas regionales, el paseo por el viejo continente se asemeja más a propaganda turística que a una película dirigida por Eastwood.

Varias veces se discute si la capital francesa es o no un destino que valga la pena ser visitado, sin embargo, por algún motivo no muy claro (otra vez el concepto de predestinación se hace presente), los jóvenes abordan el Thalis a París de las 15:17 y se desarrolla el conflicto que estuvimos esperando toda la película. La música tensa que acompaña el ingreso del terrorista al vagón nos deja bien en claro quién es el malo de la historia. No hay lugar para explicar el contexto ni las motivaciones del marroquí armado. Más allá de esta visión de mundo un tanto maniquea —que podría justificarse argumentando que la película está narrada desde el punto de vista de los estadounidenses— la escena del tren está filmada con maestría, ya que con economía de planos consigue generar tensión. Las escenas de acción no tienen adornos ni piruetas de más, de ahí viene la potencia que sólo el maestro del western sabe lograr.

Contrario a lo que es habitual en las películas producidas en Hollywood, la densidad del relato no está en el clímax sino en lo que viene antes y después. Uno de los momentos más interesantes es el montaje que intercala la ficción con el registro de la entrega de la Legión de Honor por parte del entonces presidente François Hollande. En este punto la película cambia de tono y se transforma en una mixtura de imágenes que fueron televisadas y algunos planos filmados especialmente para la película.

Si bien Eastwood busca acercarse a lo real utilizando a los verdaderos protagonistas y un ritmo que se asemeja más a la vida que a una película hollywoodense, el film no deja de sentirse artificial. 15:17 Tren a París no retrata simplemente hechos reales sino que los utiliza como excusa para reflejar valores ideológicos, y lo que hace ruido no es necesariamente la visión de mundo que plasma sino la insistencia y la redundancia con la que lo hace. Lo peor de todo es que el film intenta despertarnos sentimientos relacionados con el heroísmo pero lo único que consigue es que una vez que la proyección concluye los espectadores —o por lo menos quien escribe— salgamos de la sala con ganas de viajar a Europa para comer una pizza en Venecia.

Publicación: Febrero 2018

Título original: The 15:17 to Paris
Año: 2018 
País: Estados Unidos 
Dirección: Clint Eastwood
Guión: Dorothy Blyskal (Libro: Anthony Sadler, Alek Skarlatos, Spencer Stone, Jeffrey E. Stern)
Música: Christian Jacob
Fotografía: Tom Stern
Reparto: Spencer Stone, Anthony Sadler, Alek Skarlatos, Judy Greer, Jenna Fischer, Ray Corasani, Tony Hale, Thomas Lennon, Sinqua Walls, Paul-Mikel Williams, Max Ivutin, Bryce Gheisar, Cole Eichenberger, William Jennings, Jaleel White, P.J. Byrne, Robert Pralgo, Steve Coulter, Gary Weeks, Timothy Carr, Cecil M. Henry, Lillian Solange Beaudoin, BreeAnna Marie, Ethan Rains, Mariam Vardani, Jeanne Goursaud, Irene White, Seth Meriwether, Matthew Barnes
Productora: Malpaso Productions / Village Roadshow Pictures / Warner Bros.
Distribución en Argentina: UIP
Fecha de estreno en Argentina: 8 de febrero de 2018
Duración: 94 minutos

Clint Eastwood