Diálogo con Ignacio Agüero, el productor Bruno Bettati y el programador Raúl Camargo

El nuevo caso chileno es un humanismo

Diálogo con Ignacio Agüero, el productor Bruno Bettati y el programador Raúl Camargo

El sábado 13 de abril, en el marco del 8º Talent Campus Buenos Aires se dio una charla que giró al rededor del presente y futuro del cine chileno a cargo del cineasta Ignacio Agüero, el productor Bruno Bettati y el programador Raúl Camargo. Su punto fundamental fue la idea de que este estado del cine sólo puede ser alcanzado a través de la recuperación de la memoria de un pueblo por parte de sus cineastas.

Los entrevistados hicieron hincapié en la importancia de la educación cinematográfica para mejorar el futuro del cine, una educación que tome como eje la historia del cine, que es la carencia de los jóvenes estudiantes. Destacaron la escuela de cine como espacio de debate y formación, y las figuras de jóvenes directores académicos que forman parte de esta nueva forma en el mapa, como Sebastián Lelio o Dominga Sotomayor.

Pero el eje central de la mesa fue un recorrido por los procesos fundamentales que hicieron del cine chileno contemporáneo lo que es hoy, centrado en las derrotas del pueblo. Agüero planteó que el cine chileno hoy debe lidiar con un éxito que se basa en la condición de una sociedad derrotada, que nunca terminó de ganar la pelea contra el olvido. Bettati se refirió a tres momentos fundamentales de la historia chilena en los cuales se perdió la batalla por el público, batalla que continúa aún hoy. Ambos luchan por un Cine chileno que pueda ser una creación colectiva y no la suma de obras particulares, fomentadas por dispositivos de neutralización estatal como la concursabilidad de los fondos públicos y privados.

Los entrevistados coincidieron en que lo que necesita el cine chileno -y todo el cine latinoamericano hoy- no es ceder ante las búsquedas del gran público, sino reeducar a las audiencias para que pueda acompañar este recorrido estético/político del presente, que está orientado a la toma de consciencia y la inclusión, a través de la recuperación de la memoria histórica de su pueblo. Un movimiento que está estrechamente ligado a la revolución, que Agüero identifica con el movimiento estudiantil chileno y una idea de cambio profundo, de un re-acercamiento a la vida humana. Lo que hay que hacer – dice Agüero – es cambiar la mentalidad de las novias.

Raul Camargo: Para iniciar la conversación quiero decir que la idea es que ustedes hagan preguntas acerca de nuestra cinematografía. A modo de introducción y emparentando el cine chileno con lo que ustedes están viviendo y el lugar donde estamos teniendo esta conversación, habría que señalar el largo camino que ha llevado al cine chileno a ser reconocido en el contexto internacional. No es un proceso que haya tenido que ver con una política de la última época sino que empieza en los años '50, en la universidad. De ahí el enlace con la Universidad del Cine que renovó el cine argentino. Ahora tenemos el nuevo cine chileno, resultado de un proceso que llevó a que alumnos, profesores y amantes del cine empezaron a hacer películas que fueran reconocidas. Ignacio Agüero es partícipe del germen de lo que es el germen del cine chileno internacional. Ignacio perteneces a una de las primeras generaciones que estudia cine en Chile. El cine a nivel universitario surge en el año 1955 en la Universidad de Chile y en la Universidad Católica en el 57. Instalan una mirada más bien documental y esa mirada empieza a inundar la ficción. Y ese tipo de búsqueda de identidad nacional, más que el período costumbrista de los '50 y '60, se basa en una reflexión cinematográfica universitaria. EN este sentido Ignacio participa como alumno y vive el proceso de corte, al momento que ingresa a estudiar cine un año después de un avance histórico del cine. Y vive el proceso de corte que aparece con el golpe militar. Chile pertenece a la historia del cine por dos hechos fundamentales. Uno, según Casetti, fue que Chile fue el último de los grandes nuevos cines del mundo, en las rupturas de los '60. Y según Paranaguá Chile es el país que tiene la mayor producción de cine fuera de sus propias fronteras porque justamente luego del golpe hay un gran apoyo hacia los cineastas del exilio y a sus películas. Ignacio no es de las personas que sale sino de las que se quedan y comienza a estudiar cine en un país fragmentado, en una escuela que cierra luego de que él ingresa y en un país donde no existía ningún lugar para presentar proyectos de cine. Le pido a Ignacio que cuente su experiencia de ser un alumno de cine en una escuela que lucha por no desaparecer, en u país que lucha contra el olvido.

Ignacio Agüero: Bueno. Voy entendiendo más o menos de qué se trata la mesa.

(risas)

IA: Muy de a poco. Soy actualmente coordinador del Magister en cine documental en la Universidad de Chile y recién abrimos el año académico con José Luis Guerín que fue tres días a dar una conferencia y dijo algo acerca de su experiencia: él no estudió cine en una escuela. SI aprendió mucho cine viendo cine. Fue a la filmoteca todos los días y se educó viendo películas y esa es su experiencia de aprendizaje. Decía también algo con lo que concuerdo que es que hoy existen muchas escuelas de cine, la gente estudia cine, pero no ve cine. Hay una gran incultura en general entre los estudiantes de cine respecto de la historia del cine como fuente de riqueza y aprendizaje. Bueno, en mi caso yo entré a estudiar cine el año en que el cine se fue de Chile, 1974. El primer año completo de la dictadura. Fue un período realmente muy triste y difícil de transmitir. Fue muy absurdo también, entramos 5 personas a una escuela en la que lo primero que se nos dice es que la escuela empieza a cerrarse a medida que avancemos, y cuando termináramos la escuela se cerraría. Nos dijeron que terminemos rápido para poder cerrar la escuela porque nada de eso tenía sentido. Terminamos nosotros y se cerró. Fue muy triste porque hay una escuela que terminó siendo una escuela de técnicos porque los cineastas se fueron. Fue muy triste pero al mismo tiempo todos hicimos películas y pudimos trabajar de algún modo con lo que estábamos viviendo. Nosotros pensábamos que el cine era la ficción, pero hacer nuestros guiones era imposible. Entonces me atrapó el documental. Me apareció como un impulso, y mi primera película que está aquí en el festival se llamó No olvidar y es una película sobre un crimen. Quince campesinos muertos por la policía. Los cuerpos aparecieron 6 años después escondido en el fondo de una mina de cal que estaba cerca de las casas de los campesinos y sus familiares que los buscaron por todos lados sin saber que estaban cerca de sus casas.

RC: es un período muy complejo en el cual hubo una especie de escisión. No hay un lugar donde llevar la película por un fondo pero por otra parte a finales de los '70 e inicios de los '80 comienza el boom económico y del consumo, y eso requería de imágenes para incentivar a la población. Esto hizo que los cineastas en formación se desarrollaran como publicistas, incentivando el consumo. Y comienzan a surgir las productoras de cine con cineastas a la cabeza para generar dinero para las obras personales. Se genera una fractura interna que hace que hayan equipos pero que se filme de lunes a viernes y en el caso de Ignacio que le sacaba la cámara a escondidas a su jefe y se va a filmar No olvidar, y cómo él señala en una entrevista es una familia obrera que emprende una marcha que iba en sentido contrario al país, porque el país iba olvidando en favor del consumo. Es una película que ni siquiera puede filmar con su nombre sino que la filma como Pedro Meneces. Filmar políticamente en Chile implicaba persecución. En ese sentido empieza con la censura, una vez que se reformula después del golpe. Una censura que integra a las FFAA como parte del comité de censura. El funcionó como vocero de los cineastas. Para los que vieron No, la película de apertura del BAFICI que retrata ese período histórico, la campaña independiente que retrata todo un proceso previo. Los cineastas y los artistas que son los rostros del No pasan a la democracia para establecer los fondos, como una forma del gobierno de la democracia de ayudar a hacer cine. Si puedes contar un poco que fue de No olvidar hasta el paso dictadura/democracia. Porque también hay una necesidad de hacer películas en un país que se abre hacia un camino democrático.

Ignacio Ag        <div class=Publicación: Junio 2013