Sobre la necesidad de un manifiesto para una revista de cine

Es habitual escuchar que en este comienzo del siglo XXI el cine se encuentra en un momento de transición, marcado por la incorporación de nuevos abordajes de los audiovisual que obligan a replantear las concepciones sobre las que lo audiovisual se ha asentado. También se escucha que el cine se encuentra en un momento de crisis. Incluso se sigue murmurando que el cine, en realidad, ya ha muerto.

En este contexto, fundar una revista que aborde el fenómeno cinematográfico plantea de antemano la dificultad de lidiar con un terreno difuso y en constante redefinición. Pero esas circunstancias no son nuevas ni particulares de este tiempo: el cine en todo momento histórico de su breve vida (¿qué son poco más de 100 años comparando con las milenarias edades de otras artes?) estuvo en transición, crisis y incluso diagnostado de muerte inminente. Es paradójico que aquellos apocalípticos pronósticos tengan su primer antecedente en la misma primera función del cinematógrafo, en diciembre de 1895, cuando los Lumière se negaron a venderle su aparato a Georges Méliès, alegando que el mismo “no tenía futuro”.

Pero el futuro llegó y el siglo XXI plantea nuevos desafíos para el pensamiento del cine. La idea de confeccionar un manifiesto fundacional surge de la necesidad de plantear un recorrido potencial, de rumbo desconocido. También surge como necesidad de actos románticos, poco habituales para estos tiempos. Y surge de una movilización interna contra las ideas anquilosadas, desapasionadas y banales, propias de casi todas las publicaciones de cine presentes en nuestro país. No son tiempos para tibiezas ni medias tintas.

Marienbad surge asimismo en un territorio de filiaciones múltiples y nuestro posicionamiento suele estar en el límite. Venimos de la formación académica, somos parte del campo intelectual universitario, pero nos manifestamos críticos de los lugares comunes del mundo universitario argentino, marcado por un anquilosamiento que posterga las ideas radicales a un lugar marginal. También somos férreos retractores de la pseudocrítica contemporánea, marcada por el apego a lo intrascendente y materializada en la “crítica de estrenos”. Pero comprendemos que no podemos simplemente aislarnos en un microcosmos, en el que la academia parece estar tan tranquila. Nuestra juventud nos obliga a interpelar a las imágenes actuales, porque son las que más nos pertenecen.

Somos desafortunados y afortunados a la vez: estamos marcados por la idea romántica de la cinefilia de la edad de oro, la de los sesentas, momento en que el cine ocupaba un lugar central en el pensamiento del mundo. Pero nuestra juventudad nos jugó en contra y llegamos a la fiesta tarde, cuando solo quedaban los despojos.

Pero no hay que ceder a la tentación de la nostalgia por lo no vivido. Marienbad se plantea como una tribuna abierta, donde puedan estar presentes distantas voces. Cada persona tendrá respuestas distintas a los ítems que configuran nuestro manifiesto, es esperable y deseable que distintos puntos de vista vean la luz y convivan, tal vez en armonía, tal vez en pugna.

Marienbad surge con ánimos de polémica, de recorrer un camino de destino incierto. Pero en esa zona de indefinición y duda, nos queda una premisa inicial irreductible e impostergable: la seguridad que el cine merece seguir siendo pensado y repensado.

Publicación: Noviembre 2011
Manifiesto