In Memoriam: Domènec Font (1950-2011)

In Memoriam: Domènec Font (1950-2011)

La noticia de la muerte del catalán Domènec Font llegó el 17 de mayo, en momentos en que las antenas de la comunidad cinematográfica parecían estar casi completamente  sintonizadas en el debate acerca de la última película de Terrence Malick, presentada ese día en el Festival de Cannes. Y lo sospechado se cumplió: el fallecimiento de Font no motivó grandes titulares y pasó inadvertido para los medios de comunicación, incluso los especializados. Sin embargo, su desaparición significó una pérdida mayúscula para la reflexión del cine, que se quedó sin uno de sus máximos pensadores.

Font nació en Ponts, Lleida en 1950. En la Argentina lo conocimos gracias a sus reveladores libros, como La noche del cazador (1998), Paisajes de la modernidad (2002), La última mirada. Testamentos fílmicos (2000), Derivas del cine europeo contemporáneo (2007), Elegías íntimas, Instantáneas de cineastas (2008) y artículos en libros monográficos sobre Philippe Garrel, Alain Resnais, Rainer Werner Fassbinder y Luis García Berlanga, entre tantos. En España también fue reconocido por su tarea como guionista y director televisivo, sobre todo gracias a la serie que realizó entre 1984 y 1990, La memoria fértil, antología de docudramas sobre personalidades de la cultura española contemporánea, en las que se retrató a Luis Buñuel, Rafael Alberti, Margarita Xirgú y Joan Miró, entre otros.

Doctor en Comunicación audiovisual por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, dirigió el CINEMA (Colectivo de Investigación Estética de los Medios Audiovisuales) de la UPF y el Observatorio del Cine Europeo Contemporáneo, centro de estudios desde el cual se tomó el pulso de las tendencias estéticas del cine del presente. Además fue director de la Mostra Internacional de Cine Europeu Contemporani (MICEC) que se celebra anualmente en Barcelona.

Domènec Font logró reconciliar en su escritura dos mundos generalmente opuestos y distantes, el del pensamiento académico del cine y el de la escritura de divulgación. En sus textos siempre se encontró pasión y erudición, y su prosa laberíntica, casi borgeana, destilaba sutileza y fina ironía en cada una de sus subjetividades. La sagacidad de su pensamiento siempre estuvo sostenida en una sólida formación teórica que, sin embargo, evadió la habitual frialdad académica.

Quienes lo conocieron personalmente coinciden en que era un apasionado, polemista profesional, siempre proclive a juicios severos propios de una personalidad arrolladora. También coinciden en que era un agitador de las imágenes y del pensamiento, alguien que buscaba movilizar desde la reflexión crítica.

También se dice que era un testarudo, que nunca se dejaba vencer. Cuando le diagnosticaron cáncer, decidió dedicar sus días a escribir apasionadamente un libro sobre el cuerpo en el cine, el cual quedó inconcluso con más de 450 páginas escritas. Tal esfuerzo y entrega no será en vano, sus amigos y discípulos se encargarán que dicho libro vea la luz algún día, a modo de testamento de su pensamiento.

Se fue un revelateur, alguien que concebía al cine como un medio de revelación espiritual profunda. Pero queda su pensamiento, capturado en textos que llaman a múltiples relecturas, a la conmoción y el apabullamiento. Y queda su concepción del cine, ahora al resguardo y responsabilidad de quienes, directa o indirectamente, nos consideramos discípulos de su mirada del arte.

Publicación: Noviembre 2011