Adiós al crítico estadounidense

In Memoriam: Andrew Sarris

In Memoriam: Andrew Sarris

La noticia del fallecimiento de Andrew Sarris llegó en momentos en que nos encontrábamos cerrando el nuevo número de Marienbad. Quien estas líneas subscribe se encontraba terminando una nota neditorial, que buscaba poner en cuestión la falta de debate que azota al medio cinematográfico local. En paralelo se desarrollaban unas jornadas de protesta y reflexión en la Universidad de Buenos Aires, motivadas por la irracional intención de las autoridades de jubilar forzadamente a los docentes mayores de 65, bajo la excusa de la necesidad de “renovación generacional”. El recuerdo del pensamiento de Sarris dejó en evidencia dos grandes males que azotan al presente: por un lado, esa falacia llamada consenso, que busca evadir los debates amparándose en cuestiones prácticas mayormente banales (como las esgrimidas por las autoridades del BAFICI al negarse a debatir públicamente en torno a lo surgido a partir de la exclusión de Tierra de los Padres); por el otro, esa idea tan automatizada que da un valor irremplazable a la juventud, de manera casi ontológica.

Seguramente el mayor legado que nos ha dejado Andrew Sarris no ha sido traer a la lengua anglosajona los debates en torno a la teoría de los autores, como tanto se ha insistido. Es cierto que su aporte fue fundamental para la difusión de las ideas de los críticos cahieristas, ya que la tarea emprendida por Sarris no fue una simple traducción idiomática, sino una verdadera reapropiación personal y subjetiva (en un trayecto en el que podríamos trazar paralelismos con el emprendido por Lee Strasberg al traer a EE.UU. las ideas teatrales de Stanislavski). Pero el aporte verdaderamente significativo de Sarris (también de Pauline Kael, más una complementaria crítica que una “enemiga”, con quien desarrolló algunas de las discusiones críticas más apasionantes del siglo XX) fue el de haber puesto la polémica, el debate, en el centro del pensamiento del cine a partir de la formulación misma de su escritura. Sus famosos cánones y categorías son ejemplos de su promovida necesidad de debate y cuestionamiento – lo que lo llevó incluso a cuestionarse a sí mismo, como sucedió en su libro You Ain't Heard Nothing Yet: The American Talking Film, History and Memory 1927-1949 (1998), donde corrigió y se disculpó por el error de juventud acometido en el libro The American Cinema: Directors and Directions 1929-1968 (1968) al catalogar a Billy Wilder como director de “segunda línea”.

Andrew Sarris tempranamente comprendió la necesidad de abordajes críticos que permitan organizar miradas alrededor del inabordable mundo audiovisual. Su idea de un cánon estético fue  atacada duramente por sus retractores, muchas veces desde los esperables lugares comunes. Pero el cánon de Sarris no tendría que ser pensado como un lugar rígido y estánco, sino como una invitación al (re)descubrimiento de autores (tanto precedentes como por venir) cuyas propuestas corren el riesgo de verse invisibilizadas ante la masividad y globalización del show business.

El siglo XXI, era del exceso y desborde de las imágenes, extrañará la provocadora mirada organizadora de Sarris.

Publicación: Julio 2012
Andrew Sarris | In Memoriam