La carta que me encantaría leerte en persona

Como parte de sus videocorrespondencias con Jonas Mekas, el realizador español José Luis Guerin logró uno de los momentos cinematográficos más conmovedores del 2011 al homenajear a Nika Bohinc, la crítica de cine eslovena que falleció en 2009 junto a su pareja, el crítico filipino Alexis Tioseco, victimas de un hecho de delincuencia. Pero ese momento de inmortalización no fue el primero que motivó Nika: poco tiempo antes de su trágico asesinato, Alexis Tioseco le había dedicado una pieza crítica que, habiendo surgido como un encargo sobre el estado del cine filipino, devino en una de las más hermosas declaraciones de amor que se haya formulado jamás desde la crítica cinematográfica. A modo de homenaje a Nika y Alexis, publicamos una traducción de ese extraordinario texto.
Por Alexis Tioseco

Mi querida Nika,

Me han preguntado si quería escribir una columna para el número de Rogue[1] y el tópico que me ofrecieron fue hablar sobre mí mismo. Siempre me resultó incómodo escribir en espacios públicos sobre las motivaciones personales que se esconden tras el trabajo que elijo hacer. Decidí entonces usarte a modo de excusa: hay ciertas cosas que tú debes saber, que puedes percibir sin entenderlas a menos que yo te las cuente. Es por eso que aprovecho esta oportunidad para explayarlas en papel.

Además, ¿cómo podría negarme a esta oferta, cuando justamente el otro día recordaste cómo un ensayo, que fue escrito por el solicitante de esta columna –en una encarnación previa a esta revista– jugó un papel central en nuestra vida? Uno debe encargarse de pagar sus propias deudas…

Cuando nos conocimos en Rotterdam el pasado enero, había algo en ti que me arrebató inmediatamente. No era tu belleza, es decir, no era solamente tu belleza, sino principalmente tu manera de hablar: luego de 16 meses, sigue provocando una gran demanda de mi ser. Existe en tus gestos una intensidad preciosa, la forma en que tus ojos penetran, mientras que tus manos logran alcanzar la palabra justa, la cual ilustra el fuerte deseo que tienes por comunicar, especialmente cuando la conversación gira hacia las cosas que te interesan –la integridad de tu trabajo, la importancia de la naturaleza, la preocupación por tu hermano-. (Sé lo que estás pensando -¡cállate, no soy un hablante nativo!-, sin embargo esto no se refiere a una pregunta sobre la familiaridad con el lenguaje).

Ninguno de nosotros dos llegó al festival en las mejores condiciones: tú con problemas de salud y con la desilusión de no haber podido cerrar la última publicación de Ekran[2], antes de tu partida de Eslovenia (compuesta por la posibilidad de perder tu vuelo y multiplicada por un año de fatiga a causa de luchar por la independencia editorial); y yo, aprendiendo desde la soledad a vivir solo, y desde la soledad a no poder llegar todavía a un acuerdo con la muerte abrupta de mi padre, hace siete meses (como ya sabes, algo con lo que sigo lidiando).

No estaba pasando mi mejor momento antes que nos conociéramos. Estaba constantemente  apurado e interactuaba de manera imprudente con mis conocidos,  pero en Rotterdam no era difícil pelearse por buscar claridad y calma cuando la persona delante de ti, acosadas y fatigadas como  eran, seguía impidiendo que sus palabras fluyeran con cuidado…

Sé que a veces puedes pensar que me sentí atraído por ti a raíz de que trabajábamos en el mismo campo, pero debo confesarte que esa suposición no podría estar más alejada de la realidad. ¿Por qué? Porque una de las mayores alegrías que estimo uno puede sentir es cuando descubrimos con alguien algo muy bello, y que sin ese alguien a nuestro alrededor, no nos hubiésemos percatado, ni hubiese sido apreciado. Esta es la razón fundamental por la cual amo enseñar y por la cual me niego proyectar a mis alumnos el film Lord of the Rings (sin importar cuán firmemente insistan mis colegas). También es la evidencia de que el cine no nos vuelve más cercanos entre nosotros, porque en este sentido estaríamos en la misma posición, y yo debería en cambio encontrar otras cosas en mí para compartir contigo. Cualquiera que me conozca, sabría cuán dificultoso me resulta…

¿Puede un lugar significar más que una persona? ¿Puede mi trabajo en Filipinas significar más que la posibilidad de una vida contigo, cualquiera que sea?

¡Pero Rogue quiere oír hablar sobre cine! O al menos, sobre mi trabajo y qué es lo que he estado haciendo con él.  Sobre porqué el cine significa tanto para mí y porqué he hecho las cosas que hice. ¡Por ese motivo, debo escribir sobre cine específicamente! Algo de lo que esbocé recién puede resultarte familiar, mi querida Nika, pero no te preocupes, porque si mi trabajo termina siendo satisfactorio, todo se acomodará en el final, y verás porqué él está vinculado contigo, con nosotros y con nuestro futuro.

Permíteme comenzar con una historia, la cual probablemente la sientas cercana.

En 1997, mi padre decidió que mi hermano Chris y yo, junto con nuestra madre, volviéramos a las Filipinas (como sabes, mi padre ha vivido simultáneas veces entre Manila y Vancouver, mientras que en Canadá nunca pudo crecer sintiéndose cómodo). Recuérdame hacerte una copia del ensayo Where’s the Patis?[3]

En 1983 nos mudamos a Canadá, dejando Filipinas precisamente unos meses después de la muerte de Ninoy Aquino[4] y de mi segundo cumpleaños.

Como la mayoría de los adolescentes, yo seguía creciendo confortablemente en mi propia piel, o al menos eso intentaba. El planteo de mudarnos a otro país para mis últimos dos años de secundaria, me petrificó. Yo me resistía a aceptar: por un lado, les protestaba a mis padres que no quería vivir en un país que tuviese tanta conciencia de clase y fuese corrupta (aunque no me molestaba ir allí durante las vacaciones…); y por el otro lado, internamente, no me interesaba siquiera intentar infiltrarme en los desgraciados círculos sociales de secundaria en un país nuevo. Incluso estaba absolutamente devastado por tener que dejar a la primera muchacha con la que bailé lentamente durante mi vida escolar –Melodie Pangan–. Estoy seguro que ella siempre me consideró solamente como un amigo, sin embargo la sigo llamando dramáticamente desde el aeropuerto, entre lágrimas, para confesarle que la he amado desde la primera vez. Pero estoy divagando…

Mi padre nos había seducido a mi hermano y a mi con la promesa de contar con aire acondicionado en todo momento y con un chofer que nos llevara a cualquier lugar que quisiésemos, lo cual desde luego hizo que la decisión de mudarnos se hiciera más ligera (mucho más para mi con mi actitud adolescente y desafiante sobre la conciencia de clase). La promesa terminó siendo un fraude: eran cosas que, si bien él podía proveer, difícilmente las cumpliría.  

Como sabes, en mi familia somos cinco hijos, pero solamente volvimos Chris y yo, junto con nuestra madre. La principal excusa sobre ello fue que Chris y yo éramos los dos más jóvenes, y como Chris estaba recién preparándose para entrar a la universidad, y yo estaba terminando mis dos últimos años de secundaria, debíamos ajustarnos a la situación con menos dificultad. Pero había otra razón: ambos éramos hombres y, como hombres en Filipinas, él hubiera deseado que nos hiciéramos cargo del negocio familiar, para seguir manteniendo lo que él ya había establecido, o bien construir encima de lo anterior. Creo que la razón fundamental para él fue desear que mi madre regresara para que Chris y yo también lo hiciéramos. Ambos hemos crecido muy cercanos a mi Mamá en los años que pasamos en Vancouver, mientras que mi Papá se encontraba lejos con frecuencia. Él sabía que la conformidad de ella de regresar significaba la clave para que nosotros aceptáramos volver. En cuanto a mi Mamá, ella estaba instalada en Vancouver, no se sentía cómoda teniendo sirvientes que vivieran en su casa, por lo que se respaldó en esa postura para cocinar, limpiar y cuidar tanto de sí misma como de nosotros. Ella regresó por él, porque él se lo había pedido.

Pasaron dos años y mi madre regresó a Vancouver. Ella había estado luchando contra la depresión causada por sus peleas [maritales], por su falta de control de la familia. Entonces, se había decidido que ella fuera por un tiempo a Vancouver a realizar terapia. Lo que yo no sabía en ese momento es que fuera permanente, porque se suponía que iba a quedarse por dos meses. Ella volvió por primera vez en 2006, para el funeral de mi padre.

Mi hermano Chris jamás logró instalarse en Filipinas. Una de las teorías que teníamos era que nunca llegó a empaparse intensamente en la cultura más que en los trucos en Makati[5] y, como la mayoría de sus mejores amigos eran extranjeros y no había tomado clases de tagalo[6], no había alcanzado a dominar la lengua suficientemente. Otra teoría consistía en que él no estaba acostumbrado a vivir bajo la supervisión de mi padre. Él se graduó de la universidad en junio de 2001. En agosto ya había regresado a Vancouver.

El primer impulso para cualquier crítico de cine bueno, y creo que en esto estarías de acuerdo, debe ser de amor.   

¿Qué es lo que aún faltaba cumplirse del sueño de mi Papá –mantener a la familia unida en Filipinas y que uno de sus hijos tomara un profundo interés en los negocios-? Yo. Y sólo yo. Con menos gente viviendo en casa, la misma había adquirido más espacio, y yo ya no seguía compartiendo mi cuarto con nadie. Empecé a sentirme cada vez más y más sofocado. A raíz de mi graduación, con mis estudios orientados a la administración empresarial, comencé a trabajar con mi padre. Estuve allí entre junio y noviembre de 2004, antes de admitir que yo no podía continuar haciendo ese trabajo. Te diría que renuncié. Mi padre entonces dispersó en reuniones familiares que me había despedido. Cualquier historia lo va a hacer ahora; en realidad, no es importante.

Remitente: Papá
Fecha: 24/04/2006
Hora: 05:19:51 pm

Novio a padre rico de novia: Quiero casarme con su hija.

Padre: ¿Trabajas?

Novio: Soy estudiante de teología.

Padre: ¿Puedes costearte una boda?

Novio: Dios proveerá.

Padre: ¿Qué hay sobre mantener una casa, una familia y educación a tus hijos?

Novio: Dios proveerá.


Más tarde…
Madre: ¿Cómo te ha ido, papá?

Padre: El tipo es pobre, ¡y cree que soy Dios!

Remitente: Papá
Fecha: 24/04/2006
Hora: 05:22:32 pm

Novio a padre rico de novia: Quiero casarme con su hija.

Padre: ¿Trabajas?

Novio: Soy profesor universitario y crítico de cine.

Padre: ¿Puedes costearte una boda?

Novio: Dios proveerá.

Padre: ¿Qué hay sobre mantener una casa, una familia y educación a tus hijos?

Novio: Dios proveerá.

Más tarde…
Madre: ¿Cómo te ha ido, papá?

Padre: El tipo es pobre, ¡y cree que soy Dios!

Yo nunca quise ser crítico de cine. Hasta el día de hoy, aborrezco utilizar ese término para mí mismo, pero comencé a emplearlo seguido por el simple hecho que hace que la vida sea más fácil.

Muchos directores de cine, sobre todo los directores en Filipinas, tienen un serio problema con la palabra “crítica”. Nosotros prácticamente carecemos en nuestro país de una cultura de polémicas saludables, ya que si se intentara considerar algún error, sería tomado como un ataque personal. Raros son aquellos que estén dispuestos a tratarlo apropiadamente. Un director en particular objetó la idea de una publicación que yo estaba por editar, utilizando el título Criticine (CineCrítica): tenía un problema con que la palabra “crítica” fuese incluida. Un término sucio, así supuse qué él lo entendía.

El primer impulso para cualquier crítico de cine bueno, y creo que en esto estarías de acuerdo, debe ser de amor. Estar lo suficientemente conmovido como para querer compartir su afecto por un trabajo en particular, o bien para querer comunicar su experiencia, logrando así  despertar curiosidad en otros. Por esta razón, la enseñanza, la curaduría o la programación, en un sentido ideal, deben ir todas de la mano. 

La primera crítica verdadera sobre una película filipina que escribí fue Batang West Side (2001), del director Lav Diaz. Yo sabía que me gustaban los films, hasta había alojado pensamientos de hacerlo en algún momento, y ciertamente me sentí orgulloso en ser visto por mis colegas como alguien, cuya opinión valía la pena conocer. A pesar de esto, y a pesar de la sorprendente satisfacción en haber visto  por primera ver mi nombre impreso, jamás he tenido interés alguno en escribir crítica de cine formalmente.

Escribir la crítica de Batang West Side (de la cual estaba bastante orgulloso en ese tiempo, pero actualmente la miro con un poco de vergüenza a causa de su simpleza) no fue lo que cambió las cosas para mí, sino lo que tomó lugar antes y después de escribirla: la completa falta de escritura interesante e inteligente sobre el film comprometió mucho más que la extensión (Conrado de Quiros[7] lo intentó y quizás su defensa era más importante que el texto en sí). Batang West Side, como sabes, tiene una duración de cinco horas y si leíste la mayoría de los artículos que te he mencionado (no me atrevo a decir discutidos), esto sería probablemente todo lo que sabes. Incluso Jessica Zafra[8], luego de organizar una proyección del film a través de su atractivo-si-es-de-corta-duración revista FLIP[9] (y habiendo sido encargado un artículo a Lav Diaz), procedió a realizar bromas pesadas en la sección de cartas, sobre el éxito del film.   

Yo estaba en la universidad cuando el film se estrenó, y durante los cinco años que he vivido en Filipinas, lo más cerca que estuve de conectarme con la cultura a través del cine fueron algunas bromas de April, May, June[10], un film sobre tres hermanas, protagonizado por la entonces popular Alma Concepcion; y también quizá SPO1 Don Juan: Da Dancing Policeman, protagonizado por el genial Leo Martinez. Sobra decir que Batang West Side fue un punto de partida, no sólo en su duración, sino también en su estética: su ritmo, la distancia entre la cámara y su sujeto, la duración que mantenían las tomas, la construcción del discurso (equitativo entre el tiempo presente y el pasado); y muy especialmente, en su actitud para con el público –su persistente rechazo a responder a la inherente necesidad por un final ordenado, forzando al público en cambio a obtener sus propias conclusiones–.  

No estaba preparado para Batang West Side. No había oído hablar sobre Lav Diaz y simplemente asistí a la función porque fue dentro del marco de Cinemanila[11], y no todos los días alguien hace un film con semejante duración. Sentía curiosidad. El film me atrapó. Tan vehementemente, porque fue el primer film que me hizo erflexionar en concreto sobre el significado de ser filipino, sobre los peligros de la migración. Riesgos, lo pienso por primera vez a medida que lo tipeo, que mi Papá probablemente entendió mejor que nadie. Es una lástima que nunca llegase a ver el film.

Hace ya un año del estreno de Batang West Side, varios meses después de haber escrito el artículo y todavía hay muy pocos textos sobre el film. Contacté a Lav y le pregunté si podía hacerle una entrevista, a lo que él respondió graciosamente. La entrevista duró casi una hora, y le hice todas las preguntas que hubiese esperado de los demás.

Feliz con el resultado, que ocupó 12 páginas y fue publicado en la página Indiefilipino.com (que en paz descanse. ¡Cómo la he amado!), usé todo el crédito de mi celular prepago para enviarle mensajes a todos los medianamente interesados en el cine. Por supuesto, casi nadie respondió, pero hubo notas de aprecio en el foro de la página web que hicieron que sintiera cariño y confusión.

Resultó ser que había gente que estaba interesada en leer escritos serios sobre cine serio, sólo debía estar escrito y lo sacaría publicado en algún sitio accesible.
El primer impulso, siempre es de amor.

Cuantas más películas veía, en especial producciones locales independientes, más quería seguir viendo. Me dejaban absorto. Al adentrarme cada vez más, sentía una mayor responsabilidad, una fuerza y una necesidad por hacer algo y por compartir aquello que yo encontraba bello.

Al escribir en inglés, nunca sentí la necesidad de escribir sobre películas extranjeras (no-filipinas), aunque siempre me han invitado a hacerlo, principalmente sobre éxitos de Hollywood. Amo el cine en general, es una pasión que crece exponencialmente con el paso del tiempo, por eso no siento necesidad de ponerme al servicio de lo que no necesita ayuda. El sentimiento ha sido siempre el mismo: ¿Por qué escribir sobre Juno, cuando no he leído nada realmente incisivo sobre la gran animación de Roxlee? ¿Para qué escribir sobre Sin lugar para los débiles, cuando hay una cantidad de films brillantes de Antoinette Jadaone esperando a ser descubiertos por los lectores? Lo mismo ocurrió cuando semanalmente comentaba films para The Breakfast Show en Studio 23[12]. Los términos informales del acuerdo eran que podía comentar todo lo que quisiera, local o internacional, viejo o nuevo, corto o largo, mientras hubiese imágenes para mostrar. De ninguna manera marcó tendencias -era un segmento solo en un show para espectadores con trastorno de déficit atencional- pero creo que fue importante para algunas personas: Kris Villarino, el cineasta de Cebu que hizo el corto Binaliw; el grupo de jóvenes emergentes de Davao que comenzaban una serie de talleres de cine que creció con el tiempo; o el caótico arreglo para un capítulo entero sobre cine independiente (antes de que el término se usara) en la Navidad de 2005, que invitó a Raya Martin, Khavn De La Cruz, Mes De Guzman, Roxlee, Lav Diaz, Pam Miras, y a un tímido John Torres hablando por primera vez sobre sus cortos en público.

Una cosa fue llevando progresivamente a la otra. Y lo que empezó como una simple curiosidad alcanzada con sinceridad, ha derivado en un compromiso.

El cine filipino me ha dado mucho y uno debe pagar sus deudas.

Nunca pensé que podía tener la oportunidad de viajar a partir del cine, especialmente no a expensas de los demás pero, lentamente, las oportunidades se han presentado solas. Para mí, viajar es un privilegio, y no uno que me tome ligeramente. En junio de 2004, como graduado universitario, fui a una conferencia en Singapur. Unos meses después, gracias a mis escritos, fui seleccionado para participar en un encuentro de jóvenes críticos de Europa y Asia. Más tarde, me encontré en Berlín como parte de la prensa de la Berlinale (aunque fue sólo parcialmente subsidiado, y gracias a un préstamo de último minuto que me hizo mi hermano en Canadá, pude ir). Se han presentado una serie de viajes hacia todas partes, desde  Singapur hasta Hawai, desde Nueva Dehli hasta París, Rotterdam, Oberhausen y, por supuesto, la hermosa Eslovenia, trabajando de jurado y dando charlas. Siempre mantuve la misma posición: creo que es importante para la gente escribir sobre sus propios cines y no permitir que otros impongan lo que debe ser importante.

Pero estos pasajes, estos viajes, son caros. Los hoteles son caros. El tiempo es caro. La contaminación causada por los aviones en el cielo, nos pasará la cuenta. Cuando pones todas estas cosas juntas, se iguala a una inversión: una seria inversión hecha sobre un individuo. ¿Sueno como si me lo estuviera tomando muy en serio? Permíteme decirlo de otra manera: sin la inversión cultural hecha sobre mí, por el trabajo que debo o puedo hacer sobre el cine filipino, nunca te hubiese conocido. Hay mucho que devolver.

No me gusta escribir sobre el Metro Manila Film Festival. No me gustó la primera vez que lo hice en 2003, ni la segunda ni la tercera. Tampoco me gustó cuando, con la ayuda de Erwin Romulo, hicimos una carta exigiendo reformas en el festival con el apoyo de cineastas establecidos (las firmas incluían, entre otros, a Eddie Garcia, Peque Gallaga, Jose Javie Reyes, Erik Matti). No es divertido haber sido definido como un periodista en busca de una "cita" por un cineasta llamado Laurice. No me gustó, pero lo hice porque, sinceramente, una parte de mí creía que se podían hacer cosas. Una creencia que, por algunos momentos, fue infecciosa, incluso para los que sabiendo que en el fondo nada saldría de todo esto, igual decidieron formar parte. Un amigo en cuyo sofá dormí durante gran parte de esa semana, me envió un mensaje de texto tiempo después; un mensaje que ahora, tres años más tarde, sigo guardado en mi celular:

Hay una línea en AGUILA[13], en la que a un secesionista moro le informan que su causa está perdida. Él responde que ganar no importa, sino que hacer lo que uno cree que es correcto. Esa es sabiduría para ti.

Mi querida Nika, si ha habido una mínima causa de tensión que haya opacado nuestra relación, fue debido a: la idea de mi compromiso con Filipinas, el fuerte deseo que tengo de vivir y trabajar aquí, y que quizás tú veas esto como un asunto de prioridades oportunistas. ¿Significa entonces que un lugar vale más que una persona? ¿Acaso es que mi trabajo en Filipinas significa más que la posibilidad de una vida juntos, en algún lugar, cualquiera que sea? ¿Deberías tú moverte, hacer el sacrificio de mudarte? Y qué dice eso de nosotros, ¿que la escala de nuestro amor pesa más que tu cáliz?

Yo sé que has aceptado la idea de mudarte aquí, ojalá que el próximo año. Discutimos, pero aún siento la necesidad de hablar un poco más sobre mis razones de por qué quiero que te quedes, al menos por ahora. No pretendo comparar mi afecto por Manila con el tuyo por Eslovenia, sólo quiero explicarte lo que pienso, las cosas que siento que debo hacer, cosas que, quizás, podamos hacer juntos.

Tuyo, 
Alexis

APÉNDICE:

- Deseo que la Junta de Desarrollo Cinematográfico de Filipinas entendiera el valor del dinero que administran y considerara gastar sólo cinco de sus 25 millones para ir a París e invertir el resto en festivales jóvenes, y no sólo en irse de vacaciones.

- Espero que se apoye a los directores con trabajos terminados para que vayan a festivales, porque eso produce orgullo en el país. Y también deseo que se le brinde apoyo para que sus películas puedan ser vistas en Filipinas por audiencias más grandes.

- Lloro por la pérdida de las películas sobre Juan Tamad, dirigidas por Manuel Conde.

- Lloro por una nación que no puede convencer al filipino-americano que posee la única copia de Genghis Kahn, de Conde, en su idioma original, de devolverla o venderla a su país de origen.

- Lloro por las generaciones de filipinos, yo incluido, que no podrá ver Daigdig ng Mga Api, de Gerry De Leon, y por eso tiene que mirar panorámicas de avisos de películas por Internet.

- Lamento que los herederos de las copias de Tatlong Taong Walang Diyos, de Mario O’Hara y Oro, Plata, Mata de Peque Gallaga, hayan sido tan indiferentes que permitieran que se pongan sepias.

- Lloro porque [el edificio bancario] Union y la Universidad de Filipinas conspiraron en su apatía al dejar que negativos de tesoros producidos por el [quebrado banco filipino] Bancom se pudran en cuartos con aire acondicionado la mitad del día, en latas que no fueron tocadas por años y años.

 - Rezo para que un senador o congresista dé el valiente paso de establecer un decreto para fundar un Archivo de Películas y Sonido Nacional.

- Rezo para que el gobierno de la ciudad, o incluso conglomerados y dueños de teatros, resten 50 centavos o un peso de los tickets en beneficio de la preservación de nuestra herencia audiovisual. Antes, ya ha habido altos impuestos sobre los tickets de cine. ¡Llorando fuerte, esto debe ser fácil!

- Espero que Cinemalaya que gracias al apoyo de los medios y el gobierno tiene tanto entusiasmo, ponga sus esfuerzos al servicio del cine filipino y no siga intentando empezar una micro-industria.

- Deseo que los realizadores de cine dejen de escuchar a Robbie Tan.

- Deseo que Cinema One, que siempre produce mejores películas que Cinemalaya, le otorgue a los realizadores derechos por sus trabajos, en vez de estafarlos.

- Deseo que Lav Diaz tenga más presupuesto para elaborar y filmar sus películas.

- Deseo que Raymond Rev haga Makapili y vuelva a hacer cortos fantásticos de forma experimental.

-Deseo que Mike De León haga otra película… por favor… la necesitamos.

- Deseo que Roxlee pueda conseguir el dinero y el tiempo suficiente para realizar otro film animado.

 - Deseo que todos puedan comprar una copia de “The Cinema of Manuel Conde” (El cine de Manuel Conde) de Nicanor Tiongson y Cesar Hernando

 -Deseo que hayan más libros sobre cine filipino.

- Deseo que se publique una serie de guiones clásicos.

- Desearía que Cinefilipino hubiera distribuido los filmes de Brocka con mayor cuidado y afecto, entregando escrituras sobre el filme o algunos extras, y no los lanzara simplemente para obtener ganancias.

- Desearía que Cinefilipino hubiera estrenado Maalaala Mo Kaya con los carretes en el orden apropiado.

- Deseo que Nestor Torre abra los ojos.

- Deseo que vuelvan a imprimirse los libros de Manunuri sobre cine Filipino de las décadas ´70 y `80

- Deseo que actualmente Manunuri se preocupe por el cine Filipino del presente

- Deseo que los críticos de Mannunuri comenten películas y que no solo se dediquen a entregar premios.

- Desearía que el círculo de críticos jóvenes fuera realmente joven.

- Desearía que los críticos jóvenes fueran realmente críticos.

- Deseo que Francis "Oggs" Cruz, Richard Bolisay, y Dodo Dayao consigan un espacio en los periódicos, porque ellos son mucho más interesantes que cualquiera de los que hoy están escribiendo con regularidad allí.

- Deseo que Noel Vera regrese.

- Me gustaría que Hammy Sotto estuviera vivo.

- Me gustaría que los manuscritos de Hammy Sotto fueran publicados.

- Me gustaría que Jo Atienza estuviera aún en Manila.

- Me gustaría que tuviéramos un Museo del Cine totalmente subvencionado.

- Me gustaría que tuviéramos una Cinemateca.

- Me gustaría que UP Film Center tuviera mejores asientos y pasara buenas películas.

- Me gustaría que más no-directores de Filipinas pudieran ir a festivales.

- Me gustaría que se enseñe cine en la escuela secundaria.

- Me gustaría que Teddy Co obtuviera el reconocimiento que se merece por su trabajo desinteresado.

- Me gustaría que Teddy Co pudiese escribir más. Sus ideas merecen ser recopiladas.

- Deseo que las cooperativas, cooperen.

- Me gustaría que Khavn De La Cruz pueda hacer su musical EDSA XXX.

- Me gustaría que la producción de Max Santiago pueda realizarse y que sus cortos puedan finalmente llegar a mis manos en DVD (¡Hola, Marla!)

- Deseo que Tad Ermitaño nunca deje de escribir y de tocar desde su cueva.

- Deseo que Lourd De Veyra siga escribiendo sobre actores y cine.

- Le deseo éxito a la productora UFO de Raymond Lee.

- Me gustaría que hubiese más películas de regiones y más apoyo para sus directores.

- Deseo que todos tengan la posibilidad de ver When Timawa Meets Delgado.

- Me gustaría que alguien pudiese bajar los precios que la Movie and Television Review and Classification Board impone para la proyecciones, especialmente para festivales.

- Me gustaría que alguien, cualquier persona, pudiera hacer una buena, inteligente y provocadora película sobre la burguesía de Filipinas.

- Me gustaría que a Ketchup Eusebio le dieran más roles principales.

- Me gustaría que Elijah Castillo pueda hacer más películas, pronto.

- Deseo que Cesar Hernando logré hacer el traspaso de Botika, Bituka.

- Lamento que los cineastas no tengan integridad cuando VIVA les ofrece hacer otra película de explotación.

- Deseo que más personas puedan ver Bontoc Eulogy.

- Quisiera que el consejero presidencial para el Entretenimiento no considerara las películas que ellos producen, y si los filmes protagonizados por el primogénito de Mikey Arroyo.

- Desearía que el cine espectacular pudiera detenerse… solo detenerse.

- Deseo que exista una biblioteca fílmica donde la gente pudiese ir y leer libros de cine.

- Deseo que MMFF [Metro Manila Film Festival] no sea manejada por la misma gente que instala baños públicos (por muy útiles que sean).

- Deseo que la MMDA no clasificara esos círculos y cajas como arte.

- Deseo que MMDA Art no sea tan buena como toda MMFF film.

- Le deseo al cine filipino todo el éxito del mundo.

 

Publicado originalmente en inglés en la revista filipina Rogue, julio de 2008.

 

NOTAS

[1] Revista filipina de cultura general.

[2] Revista de cine eslovena, cuya jefa de redacción fue Nika Bohinc.

[3] Ensayo escrito por la escritora e historiadora filipina Carmen Guerrero Nakpil.

[4] Benigno Simeón "Ninoy" Aquino Jr. fue un periodista y escritor filipino.

[5] Makati es una de las 16 ciudades que  conforma Metropolitan Manila en Filipinas, una de las áreas cosmopolitas más importante del mundo.

[6] Lengua de origen neomalayo o malayo-polinesio de Las Filipinas.

[7] Periodista y cuentista filipino.

[8] Escritora de ficción filipina, columnista, editora y conductora de programas de televisión y radio.

[9] Editada por Jessica Zafra en abril de 2003.

[10] Dirigido por el filipino Manny Castañeda, en el año 1998.

[11] Cinemanila es el Festival Internacional de Cine (Cinemanila International Film Festival –CIFF–), creado en el año 1999.  Ver en: http://www.cinemanila.org.ph/

[12] Studio 23 es una cadena de televisión filipina, perteneciente a la Corporación ABS-CBN.

[13] Film dirigido por el filipino Eddie Romero en el año 1980.

 

Traducción: Geraldine Salles Kobilanski y Belén de Martino
Notas: Geraldine Salles Kobilanski
Foto: Chris Yambing

Publicación: Enero de 2012